(La acción transcurre en una antigua
casa señorial blasonada en las afueras del bello pueblo de Brihuega, en la
provincia de Guadalajara. En el salón noble, repleto de muebles castellanos de
época y de cuyas paredes cuelgan gran cantidad de escudos nobiliarios y
metopas, tiene lugar una fuerte discusión entre Oleto y Jon, en presencia de la
esposa del primero, Desdómena. Todas las puertas están cerradas, excepto la del
corredor que termina en la cocina, que esta entreabierta).
Se levanta el telón:
Oleto- ¡Hijo de puta, como puedes
tratar así a tu propia madre!
Jon- ¡Mira quien fue a hablar, el
Sumo Benefactor, el Ser Beatífico por excelencia! ¡Llamarme así en su
presencia!
Oleto- No disimules, tu sabes bien
que es una expresión que nada tiene que ver con ella.
Jon- Pues en ocasiones no la tratas
mucho mejor, aunque ahora seas a mi a quien echas la culpa.
Oleto- Calla villano, y arrodíllate
ante ella, sin la cual ni siquiera hubieras visto la luz del sol, y pídele
perdón.
(en esos momentos interviene con voz
dulce Desdómena, que trata de apaciguar los ánimos de ambos)
Desdómena- Creo que deberíais
tranquilizaros, en todo caso debo ser yo la que debiera decir algo, ya que soy
el objeto de la discusión.
Jon- Calla mamá, no ves que busca
pelea con cualquier pretexto, no me aguanta porque sabe que la cocinera me mira
con buenos ojos, y eso le solivianta.
Oleto- ¿Como te atreves a decir delante de ella tamaña
impostura, y qué me iría mi, después de todo en ello?
Jon- Mejor me callo. Sería demasiado fuerte…
Desdómena- Por favor tranquilizaos,
sé que los dos me quereis mucho, hasta más de lo conveniente diría yo.
Oleto- Tú, mujer no intervengas, esto
es un asunto entre hombres, si es que lo que tengo delante puede llamarse tal
cosa (señalando a Jon).
Jon- No me hagas reír, abuelo, eso es
lo que tu quisieras, que fuera todavía un niño para hacer de mi lo que
quisieras. Pero ya he dicho basta.
Oleto- No cantes victoria. Todavía no
tienes la casa solariega ni las fincas ni todo lo que crees que te pertenece
cuando tu progenitor te pierda de vista definitivamente.
Jon- Sé valiente y habla claro,
cuando te mueras quieres decir. Y que conste que en mi opinión desde hace un
tiempo tienes un color que no me gusta nada. (Gira sobre si mismo y pasea por
la habitación acercándose a su madre). Así que ahora me amenazas...
Desdómena (dirigiéndose a su hijo)-
Tranquilo hijo, no hagas caso a tu padre, ya sabes que cuando algo le preocupa,
desvaría.
Oleto- Más vale que te calles, mujer,
pues si algo me preocupa tú sabes bien qué es…
Jon- Me dices que me calle, y la tratas a ella como a una
esclava.
Oleto- Cuando hablan los propios
padres los hijos deben callar, después de todo no tienen nada que ver en sus
asuntos personales.
(En esos momentos, Jon, que se ha
acercado a su madre la abraza con cariño, tratando de consolarla).
Oleto- ¡Deja en paz a tu madre,
depravado, ya se acabó el tiempo de los Edipos!
Desdémona- ¡Por Dios santo, Oleto,
qué cosas dices! ¿Es que un hijo no podrá querer profundamente a su madre?
Oleto- ¡Ya no es un crío para esos
arrumacos, pregúntaselo si quieres a María!
(sale María, la sirvienta que estaba
comiendo en la cocina, con un cuchillo en la mano).
María- ¿Alguien me llama?
Oleto- ¡Vuelve a tu sitio, criada,
este es el lugar de los señores!
Jon- ¡No cambiarás, desgraciado, como
las tratas, me arrepiento de haber tenido un padre como tú!
Oleto- Vuelve a disimular mal hijo, y
luego vete a consolarla a su habitación, que bien te sabes el camino…
Jon- no mejor que tú, que me
enseñaste el camino…
Desdómena- Por favor callaos y que
reine la paz en esta casa, donde todo parece pura fantasía.
María- Perdóneme, señora, ellos me
forzaron hace tiempo amenazándome con echarme si no les atendía…aunque luego
les haya cogido cariño.
Desdómena- ¡Puta, desgraciada…hacerme
esto en mi propia casa!
María- Por favor, señora…
Jon- Madre, ella no tiene la culpa,
sino el sátiro de tu marido, que acabó contagiándome sus vicios.
Oleto- ¡Tú calla, mujer, que te
conviene que no se sepan otras cosas…!
(En esos momentos, llaman al timbre y
abre María. Entra Juan, un apuesto terrateniente de la zona, amigo de la
familia que se queda petrificado al ver la escena)
Juan- ¿Qué pasa aquí?
Oleto- Calla tú también, desgraciado,
que tienes mucho que ocultar, siendo como eras mi mejor amigo…
(Entonces Juan se aproxima a
Desdómena y la abraza de forma protectora).
Juan- ¿Te ha hecho algo malo este mal
hombre?
(Oleto se precipita hacia la pareja
para agredirles. Jon coge el cuchillo de las manos de María y se lo clava
repetidamente a su padre en el pecho. Este cae en suelo y se forma un gran
charco de sangre a su alrededor. Desdómena grita con desesperación y María sale
corriendo, mientras Jon exclama “¡Muere mal padre, cabrón, carnudo, hijo de
puta!”.
En esos momentos la escena se queda a
oscura. El reloj de pared del salón da las doce de la noche. Cae el telón.
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