Tengo un
pensamiento lineal, agrupativo, o como a usted le guste designarlo. Si pienso,
por ejemplo, en una silla, continúo durante un buen rato pensando en ella, o en
todo lo que tenga que ver con ella o de alguna manera esté relacionado con tal
artefacto. Quiero decir que a continuación podré pensar, por ejemplo, en tipos
de sillas, todos los que le vengan en gana o se le ocurran: de tijera,
isabelina, imperio…sillón. Cualquier cosa que se suponga que cumple las
funciones para las que la silla está designada, especialmente aquellas que se
suponen son su función principal de reposar las posaderas. Pero no me pida
usted de inmediato que piense en otra cosa que no tenga nada que ver en
absoluto con ella. O me sugiera usted, por ejemplo, “pingüino”, porque mis
entendederas están absolutamente ocupadas en vaciar de contenido el concepto
anterior, y son incapaces de realizar giros semánticos de cierta importancia.
Puede sugerirme, eso sí, otros que pertenezcan, aunque sea grosso modo, a la
misma familia, “banqueta” o “sofá”, por decir algo, pero poco más. Desde luego
puedo continuar por conceptos afines o relacionados con ella, verbigracia,
madera, patas, respaldo, etc… y en ese sentido puedo llegar a ser exhaustivo, y
extenderme hasta donde alcancen mis conocimientos. En resumidas cuentas, mi cerebro
trabaja por agrupación de ideas, que aunque pueda creer que me limitan drásticamente,
le aseguro que me dotan de una flexibilidad que sorprendería a quien piense que
es una forma excesivamente rígida de comprender el mundo. Porque, siguiendo con
el concepto “silla”, tal cosa me habilita para saltar a conceptos en principios
tan alejados como “carpintero” o “termita”, e imagine a partir de ahí cuantas
agrupaciones distintas de palabras con significados diferentes pueden
organizarse. Por eso, mi querido amigo, esta manera de enfocar las cosas a la
cual me condenan mis neuronas, tiene en el fondo tantas ventajas como
inconvenientes se pudo suponer en un principio, y no me diga que no es una
manera de aprehender la realidad mucho más coherente que saltar de un concepto
a otro sin ninguna cohesión, aunque tal cosa pueda en principio parecer muy
original, y dar la impresión de una riqueza superior de vocabulario y de
extrema agilidad mental. No es, desde luego, una forma de ver el mundo apta
para titiriteros ni trapecistas del lenguaje, ávidos de dar saltos en el vacío
para asombrar a los espectadores. Es, no me diga otra cosa, una forma racional
de aproximarse a lo que nos rodea, y una manera destacada de conformar un
universo personal coherente.
Con estos
antecedentes en mente, le ruego que cuando nos pongamos en contacto trate de
mantener una disciplina conceptual apta para mi sistema operativo. No me pida,
por ejemplo, como le dije al principio, que así, de buenas a primeras pasemos
del concepto silla al concepto pingüino. Espero su respuesta. En este caso no
tendrá que ceñirse al concepto objeto de esta misiva. Reciba un cordial saludo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario