jueves, 23 de junio de 2016

LA SILLA



Tengo un pensamiento lineal, agrupativo, o como a usted le guste designarlo. Si pienso, por ejemplo, en una silla, continúo durante un buen rato pensando en ella, o en todo lo que tenga que ver con ella o de alguna manera esté relacionado con tal artefacto. Quiero decir que a continuación podré pensar, por ejemplo, en tipos de sillas, todos los que le vengan en gana o se le ocurran: de tijera, isabelina, imperio…sillón. Cualquier cosa que se suponga que cumple las funciones para las que la silla está designada, especialmente aquellas que se suponen son su función principal de reposar las posaderas. Pero no me pida usted de inmediato que piense en otra cosa que no tenga nada que ver en absoluto con ella. O me sugiera usted, por ejemplo, “pingüino”, porque mis entendederas están absolutamente ocupadas en vaciar de contenido el concepto anterior, y son incapaces de realizar giros semánticos de cierta importancia. Puede sugerirme, eso sí, otros que pertenezcan, aunque sea grosso modo, a la misma familia, “banqueta” o “sofá”, por decir algo, pero poco más. Desde luego puedo continuar por conceptos afines o relacionados con ella, verbigracia, madera, patas, respaldo, etc… y en ese sentido puedo llegar a ser exhaustivo, y extenderme hasta donde alcancen mis conocimientos. En resumidas cuentas, mi cerebro trabaja por agrupación de ideas, que aunque pueda creer que me limitan drásticamente, le aseguro que me dotan de una flexibilidad que sorprendería a quien piense que es una forma excesivamente rígida de comprender el mundo. Porque, siguiendo con el concepto “silla”, tal cosa me habilita para saltar a conceptos en principios tan alejados como “carpintero” o “termita”, e imagine a partir de ahí cuantas agrupaciones distintas de palabras con significados diferentes pueden organizarse. Por eso, mi querido amigo, esta manera de enfocar las cosas a la cual me condenan mis neuronas, tiene en el fondo tantas ventajas como inconvenientes se pudo suponer en un principio, y no me diga que no es una manera de aprehender la realidad mucho más coherente que saltar de un concepto a otro sin ninguna cohesión, aunque tal cosa pueda en principio parecer muy original, y dar la impresión de una riqueza superior de vocabulario y de extrema agilidad mental. No es, desde luego, una forma de ver el mundo apta para titiriteros ni trapecistas del lenguaje, ávidos de dar saltos en el vacío para asombrar a los espectadores. Es, no me diga otra cosa, una forma racional de aproximarse a lo que nos rodea, y una manera destacada de conformar un universo personal coherente.
Con estos antecedentes en mente, le ruego que cuando nos pongamos en contacto trate de mantener una disciplina conceptual apta para mi sistema operativo. No me pida, por ejemplo, como le dije al principio, que así, de buenas a primeras pasemos del concepto silla al concepto pingüino. Espero su respuesta. En este caso no tendrá que ceñirse al concepto objeto de esta misiva. Reciba un cordial saludo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario