Estoy harto del concepto de concepto, pues son con más frecuencia
de lo que se cree, se trata de meras conceptualizaciones. Maneras de investir a
los entes, los seres o las cosas de las que se trate de unas cualidades o
características que las hagan manejables a nuestro antojo.
Hay seres tan evidentes que todo intento de describirlos
conceptualmente constituye un atropello que los disminuye y ridiculiza, incluso
los veja. Conceptos, en resumidas cuentas, que no deben ser definidos si no
queremos cometer un atropello.
Hay conceptos que teniendo un significado muy concreto, no deben
ser definidos so pena de ser disminuidos, pues su mera evocación es muy
superior a su definición. Digamos oropéndola. Digamos maravedí. O digamos lo
que a usted le venga a la cabeza. O simplemente en gana.
Hay conceptos que admiten múltiples interpretaciones, y cuya
definición supone una frustración para no pocos que los suponen “otra cosa”
Conceptos que no se dejan aprehender fácilmente, pues su cualidad más notable
es su plasticidad. Una arborescencia multiforme incapaz de ser apresada en la
cárcel de unas cuantas palabras.
En informática, se entiende por entropía a “la medida de
incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, del cual va a recibirse
solo uno” (RAE). Y unos cojones, añado yo. Al pan pan y al vino vino como buen
castellano. O vasco, leonés o asturiano. Que tampoco lo tengo claro, lego como
soy en esas artes y en geografía.
Existen conceptos que no pueden ser definidos sino por contraste.
Es decir, que deben aludir a su opuesto u antónimo. Intente usted definir la
palabra “vacío” sin hacer alusión a la plenitud. O simplemente a la materia o
el ser, a los que el vacío es totalmente ajeno.
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