miércoles, 26 de octubre de 2016

VARIACIONES SOBRE EL CONCEPTO DE CONCEPTO, SIETE



Estoy harto del concepto de concepto, pues son con más frecuencia de lo que se cree, se trata de meras conceptualizaciones. Maneras de investir a los entes, los seres o las cosas de las que se trate de unas cualidades o características que las hagan manejables a nuestro antojo.


Hay seres tan evidentes que todo intento de describirlos conceptualmente constituye un atropello que los disminuye y ridiculiza, incluso los veja. Conceptos, en resumidas cuentas, que no deben ser definidos si no queremos cometer un atropello.


Hay conceptos que teniendo un significado muy concreto, no deben ser definidos so pena de ser disminuidos, pues su mera evocación es muy superior a su definición. Digamos oropéndola. Digamos maravedí. O digamos lo que a usted le venga a la cabeza. O simplemente en gana.

Hay conceptos que admiten múltiples interpretaciones, y cuya definición supone una frustración para no pocos que los suponen “otra cosa” Conceptos que no se dejan aprehender fácilmente, pues su cualidad más notable es su plasticidad. Una arborescencia multiforme incapaz de ser apresada en la cárcel de unas cuantas palabras.


En informática, se entiende por entropía a “la medida de incertidumbre existente ante un conjunto de mensajes, del cual va a recibirse solo uno” (RAE). Y unos cojones, añado yo. Al pan pan y al vino vino como buen castellano. O vasco, leonés o asturiano. Que tampoco lo tengo claro, lego como soy en esas artes y en geografía.

Existen conceptos que no pueden ser definidos sino por contraste. Es decir, que deben aludir a su opuesto u antónimo. Intente usted definir la palabra “vacío” sin hacer alusión a la plenitud. O simplemente a la materia o el ser, a los que el vacío es totalmente ajeno.

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