C.- Estoy muy afectada por la
salida de Antonio de la residencia. De alguna forma me siento culpable y
comprendo que saber que no soy virgen no le haya gustado. El mundo está lleno
de cinismo y a nosotras nos corresponde dar
ejemplo, lo que no ha sido mi caso. Pero lo que verdaderamente más me
duele es saber que su intuición tiene
que estar forzosamente basada en algunos indicios, y tengo la certeza que quienes
hemos conocido varón movemos el cuerpo de una manera diferente. Me da vergüenza
decirlo pero creo que ha sido el contoneo de mis caderas lo que le ha dado una
pista. Quien sabe si es el momento de replantearme el futuro, aunque abandonar
los hábitos iba a ser muy traumático para mí.
J.-El médico me ha internado en
la enfermería porque dice que tengo un cuadro próximo a la neumonía, y que más
vale prevenir. Por mi parte, yo no digo que no tosa y tenga algo de fiebre,
pero no puedo engañarme, y sé que lo mío se debe a que Antonio me ha dejado
solo. Ya sé que puede parecer ridículo, pero la vida aquí sin él, aunque aún no
habíamos llegado a nada, no es lo mismo. Mi enfermedad se trata de un cuadro
psicosomático, es una defensa ante su ausencia, esa es toda la verdad. En la
enfermería me tratan con afecto y me cuidan, lo que me
tranquiliza y hace esto menos doloroso. A pesar de todo, tengo la corazonada de que él
también lo siente y de que pronto volverá.
M.-Esto está adquiriendo todas
las características de un vodevil o de una tragicomedia. Me acaba de llamar
Luis desde el aeropuerto diciéndome que en unos momentos embarca rumbo a
Méjico, que tiene el convencimiento de que Marta está allí porque el tipo del
teléfono tenía un acento inconfundible a pesar de que intentaba disimular. Cree
que desde así le será más fácil organizar una base de rescate, pues en el fondo
está seguro de que su mujer ha sido raptada. “Quien sabe si por alguien de los
cárteles, que la tienen tomada con las mujeres”, ha añadido antes de colgar.
R.-Estoy satisfecha porque por
fin papá y Víctor se han dirigido la palabra, aunque la cosa se haya torcido al
poco de empezar la conversación. Yo no entiendo mucho de filosofía, pero quizás
tuve que advertir a Víctor que papá era un admirador furibundo de Heidegger, y
por tanto de los nazis, o al revés, que no me extrañaría. En cualquier caso,
tengo la esperanza de que pronto se reconciliarán. Los hombres cultos siempre
acaban encontrando puntos de encuentro.
A.-Me duele que Rosa esté
afectada por mi desencuentro con su novio o lo que sea ese tipo que viene a
verla, pero debe comprender que no estoy dispuesto a tener a un marxista en mi
casa, o la suya, que ahora viene a ser lo mismo. Quizás sea el momento de
decirle recordarle que su abuelo fue un mártir de la División Azul, y que
compadrear a estas alturas con los comunistas sería una traición imperdonable.
V.-Quiero a Rosa, eso debo
confesármelo, y comprendo que tenga en casa a un fascista de tomo y lomo, que
para eso es su padre. Lo cierto, sin embargo, es que no sé como vamos a
arreglárnoslas para estar solos, porque desde luego a lo que no estoy dispuesto
es a pasarme todo el fin de semana cerca de ese individuo. Además, esta gente
suele tener pistola, y quien sabe si un día pierde la cabeza y me quita de en
medio, y tampoco se trata de eso.
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