martes, 4 de febrero de 2014

CADERAS CUATRO


C.- Estoy muy afectada por la salida de Antonio de la residencia. De alguna forma me siento culpable y comprendo que saber que no soy virgen no le haya gustado. El mundo está lleno de cinismo y a nosotras nos corresponde dar  ejemplo, lo que no ha sido mi caso. Pero lo que verdaderamente más me duele es saber que  su intuición tiene que estar forzosamente basada en algunos indicios, y tengo la certeza que quienes hemos conocido varón movemos el cuerpo de una manera diferente. Me da vergüenza decirlo pero creo que ha sido el contoneo de mis caderas lo que le ha dado una pista. Quien sabe si es el momento de replantearme el futuro, aunque abandonar los hábitos iba a ser muy traumático para mí.

 

J.-El médico me ha internado en la enfermería porque dice que tengo un cuadro próximo a la neumonía, y que más vale prevenir. Por mi parte, yo no digo que no tosa y tenga algo de fiebre, pero no puedo engañarme, y sé que lo mío se debe a que Antonio me ha dejado solo. Ya sé que puede parecer ridículo, pero la vida aquí sin él, aunque aún no habíamos llegado a nada, no es lo mismo. Mi enfermedad se trata de un cuadro psicosomático, es una defensa ante su ausencia, esa es toda la verdad. En la enfermería   me tratan con afecto y me cuidan, lo que me tranquiliza y hace esto menos doloroso.  A pesar de todo, tengo la corazonada de que él también lo siente y de que pronto volverá.

 

M.-Esto está adquiriendo todas las características de un vodevil o de una tragicomedia. Me acaba de llamar Luis desde el aeropuerto diciéndome que en unos momentos embarca rumbo a Méjico, que tiene el convencimiento de que Marta está allí porque el tipo del teléfono tenía un acento inconfundible a pesar de que intentaba disimular. Cree que desde así le será más fácil organizar una base de rescate, pues en el fondo está seguro de que su mujer ha sido raptada. “Quien sabe si por alguien de los cárteles, que la tienen tomada con las mujeres”, ha añadido antes de colgar.

 

R.-Estoy satisfecha porque por fin papá y Víctor se han dirigido la palabra, aunque la cosa se haya torcido al poco de empezar la conversación. Yo no entiendo mucho de filosofía, pero quizás tuve que advertir a Víctor que papá era un admirador furibundo de Heidegger, y por tanto de los nazis, o al revés, que no me extrañaría. En cualquier caso, tengo la esperanza de que pronto se reconciliarán. Los hombres cultos siempre acaban encontrando puntos de encuentro.

 

A.-Me duele que Rosa esté afectada por mi desencuentro con su novio o lo que sea ese tipo que viene a verla, pero debe comprender que no estoy dispuesto a tener a un marxista en mi casa, o la suya, que ahora viene a ser lo mismo. Quizás sea el momento de decirle recordarle que su abuelo fue un mártir de la División Azul, y que compadrear a estas alturas con los comunistas sería una traición imperdonable.

 

V.-Quiero a Rosa, eso debo confesármelo, y comprendo que tenga en casa a un fascista de tomo y lomo, que para eso es su padre. Lo cierto, sin embargo, es que no sé como vamos a arreglárnoslas para estar solos, porque desde luego a lo que no estoy dispuesto es a pasarme todo el fin de semana cerca de ese individuo. Además, esta gente suele tener pistola, y quien sabe si un día pierde la cabeza y me quita de en medio, y tampoco se trata de eso.

 

 

 

 

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