V- Creo que Rosa no está bien.
Ayer cuando fui a su casa, resultó que había sacado a su padre de la residencia
y se lo había traído para que viva con ella. Al poco de llegar puse una disculpa para bajar al coche y no he
vuelto. Me lo tengo que pensar bien, pero desde luego los fines de semana no
estoy dispuesto a convivir con un tipo que además no debe de estar en sus
cabales.
R –Tengo un disgusto espantoso
después de lo que ha pasado. Víctor vino y poco después fue sin darme más
explicaciones. Está claro que es por lo de papá. Le voy a llamar en cuanto me
tranquilice, pero papá se queda aquí. A la residencia no vuelve.
A – Aquí estoy bien, aunque Rosa
me preocupa. Resulta que se ha mudado a esta casa que yo no conocía, y la
verdad es que parece un santuario hippie, con fotografías de lamas por las
paredes y todo lleno de lámparas y muebles morunos y orientales. A lo mejor
hasta fuma porros. De momento no huele.
R –Le he dicho a V que se
equivoca, que mi padre es una persona muy culta y hasta divertida en algunos
momentos, y que se lo podían pasar muy bien charlando de los temas que les
interesan. Los dos son filósofos y ese tipo de gente enseguida se enrolla con
sus cosas. Nosotros podemos salir más a menudo, y para lo nuestro aquí cerca
hay unos apartamentos por horas muy cómodos y baratos.
M –La locura. He ido a ver a papá
de improviso y resulta que R se lo ha llevado a su casa sin dar más
explicaciones. Esta mujer se debe haber vuelto loca. Además los de la
administración me han dicho que se quedan con el dinero del mes entrante por no
haber avisado.
A –Ha sucedido lo que me temía.
Me ha llamado un tipo maleducado y avasallador al banco diciéndome que Marta,
“su señora”, no iba a volver a casa, que se iba con él a Sudamérica y ha
colgado. He intentado volver a llamarle de inmediato, pero ha sido imposible.
Debía llamarme desde la calle o desde un número oculto. No puedo creerme todo
esto. Parece un novelón rosa. Mafia incluida. A ver que les digo a los chicos.
No parecía una broma.
V –Rosa me ha llamado. Parece muy
afectada, pero insiste que a su padre no le vuelve a internar. Finalmente he
vuelto a su casa y he tratado de calmarla diciéndole que llegaremos a una
solución. Luego he estado charlando con Antonio, que de repente me ha
preguntado si yo estaba más con la filosofía aforística, estilo Pascal,
Nietzsche o Wittgenstein o era más tradicional, y abogaba por la clásica, más
argumentativa y sistemática. Le he respondido que yo era sobre todo de Hegel y
Carlos Marx. No me ha contestado y se ha encerrado en su habitación casi de
inmediato.
M –Tengo que ir a casa de Rosa.
Tengo que ir a casa de Rosa. Debo hacerlo. Me lo repito a ver si por fin me
decido. Esa mujer no debe andar bien de la cabeza. He intentado ponerme de
acuerdo con Luis para ir juntos pero ha sido imposible. Lo único que he entendido
es que era muy probable que tuviera que irse una temporada a Sudamérica, aunque
no ha especificado adónde ¿Qué pasa en esta familia?
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