M.-Acabo de recibir una llamada
de Luis desde México D.F. Se ha instalado en un hotel de cinco estrellas de
superlujo justo al lado de la plaza esa tan famosa que ahora no recuerdo como
se llama. Este hombre debe estar totalmente loco. Me ha dicho que está
convencido de que el raptor de su mujer pronto se volverá a poner en contacto
con él para darle instrucciones, pues ahora tiene la certeza de que se trata de
un secuestro. Si no lo hace en dos días se va a dirigir a Guadalajara y empezar
desde allí las indagaciones. Papá sigue en casa de Rosa y creo que finalmente
esta tarde me voy a acercar a verle, aunque no sé como voy a ser recibida
teniendo en cuenta que esta mujer parece haber perdido los papeles y que él me
recrimina que yo haya sido el artífice de su ingreso en la residencia. No sé
como convencerle que lo hice por su bien, que con la cadera no se puede andar
jugando. El Zócalo, El Zócalo, así se llama la plaza.
L.-Estoy convencido de que este
hijo de mala madre, como dicen ellos, me va a llamar pronto al móvil dándome
instrucciones. Sin duda se trata de un rescate, pero lo que no sabe es que
estoy sin blanca, y que si piensa hacerse millonario a mi costa va de ala. El
banco sin duda me ayudaría, pero tal y como está ahora el asunto de los
créditos iba a ser una miseria, aunque yo sea el director de la sucursal, que
ya bastante les ha costado darme una semana de vacaciones por asuntos propios.
Hacía mucho que no venía por aquí, esta plaza, es grandiosa y mañana de todas
maneras voy a hacer un poco de turismo para despistarme y no pensar demasiado
en el asunto. Ya sé que una persona corriente lo que hubiera hecho era avisar
enseguida de la situación a la policía en España y al consulado aquí, pero no
quiero hacer oficial un asunto que pueda acabar investigando mi situación
financiera.
R.- Me ha llamado Marta, la mujer
de Luis, preguntándome si tengo idea de donde está su marido. Sus hijos no
saben nada y solo les dijo que se iba unos días en viaje de negocios. Ella ha
estado tres días fuera por un asunto rocambolesco que me contará cuando esté
más tranquila y asimile todo lo que está pasando. Antes de llamarme a mí había
llamado a Mariví pero no estaba en casa y su marido, que siempre está en la
inopia, no tenía ni idea de adónde había ido. Por papá ni siquiera ha
preguntado, pero bueno ya se sabe que la familia política para estas cosas ni
caso.
A.-Creo que voy a tener que tomar
una decisión dolorosa, pero no es viable que yo siga viviendo aquí con la
posibilidad de que el comunista venga en cualquier momento y trate de
convencerme de que estoy equivocado y que aunque no me de cuenta yo también
formo parte del pueblo oprimido. Esta gente siempre está dispuesta a
concienciar a todos los que se le ponen por en medio. Además empiezo a tener la
sensación de que la pobre Rosa no anda demasiado bien de aquí arriba y a la
larga voy a ser un incordio, porque es capaz de cortar con ese tipo por mí y va
a ser peor el remedio que la enfermedad. Tengo que pensar seriamente en volver
a la residencia, quizás Mariví estaba en lo cierto y sea mejor para mí. Por
otro lado, el marica tenía su gracia y sor Caridad era un encanto.
M.- Papá me ha llamado. Mira por
donde él mismo va a dar una solución a este galimatías. Intenté ir a verle esta
tarde y aunque intenté animarme con tres lingotazos en el bar de debajo de casa
de Rosa fui incapaz. Me ha dicho que quiere volver a la residencia, que cree
que no podrá soportar pasar el resto de sus días entre una hippie y un
comunista. Luego me ha dicho algo de una peluca, eso he creído entender, de un
tipo al que conoce de allí, y que no le sentaba tan mal. Creo que está
perdiendo la cabeza y me alegro de su decisión. Después de todo en la
residencia tienen médico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario