martes, 4 de febrero de 2014

CADERAS CINCO


M.-Acabo de recibir una llamada de Luis desde México D.F. Se ha instalado en un hotel de cinco estrellas de superlujo justo al lado de la plaza esa tan famosa que ahora no recuerdo como se llama. Este hombre debe estar totalmente loco. Me ha dicho que está convencido de que el raptor de su mujer pronto se volverá a poner en contacto con él para darle instrucciones, pues ahora tiene la certeza de que se trata de un secuestro. Si no lo hace en dos días se va a dirigir a Guadalajara y empezar desde allí las indagaciones. Papá sigue en casa de Rosa y creo que finalmente esta tarde me voy a acercar a verle, aunque no sé como voy a ser recibida teniendo en cuenta que esta mujer parece haber perdido los papeles y que él me recrimina que yo haya sido el artífice de su ingreso en la residencia. No sé como convencerle que lo hice por su bien, que con la cadera no se puede andar jugando. El Zócalo, El Zócalo, así se llama la plaza.

 

L.-Estoy convencido de que este hijo de mala madre, como dicen ellos, me va a llamar pronto al móvil dándome instrucciones. Sin duda se trata de un rescate, pero lo que no sabe es que estoy sin blanca, y que si piensa hacerse millonario a mi costa va de ala. El banco sin duda me ayudaría, pero tal y como está ahora el asunto de los créditos iba a ser una miseria, aunque yo sea el director de la sucursal, que ya bastante les ha costado darme una semana de vacaciones por asuntos propios. Hacía mucho que no venía por aquí, esta plaza, es grandiosa y mañana de todas maneras voy a hacer un poco de turismo para despistarme y no pensar demasiado en el asunto. Ya sé que una persona corriente lo que hubiera hecho era avisar enseguida de la situación a la policía en España y al consulado aquí, pero no quiero hacer oficial un asunto que pueda acabar investigando mi situación financiera.

 

R.- Me ha llamado Marta, la mujer de Luis, preguntándome si tengo idea de donde está su marido. Sus hijos no saben nada y solo les dijo que se iba unos días en viaje de negocios. Ella ha estado tres días fuera por un asunto rocambolesco que me contará cuando esté más tranquila y asimile todo lo que está pasando. Antes de llamarme a mí había llamado a Mariví pero no estaba en casa y su marido, que siempre está en la inopia, no tenía ni idea de adónde había ido. Por papá ni siquiera ha preguntado, pero bueno ya se sabe que la familia política para estas cosas ni caso.

 

A.-Creo que voy a tener que tomar una decisión dolorosa, pero no es viable que yo siga viviendo aquí con la posibilidad de que el comunista venga en cualquier momento y trate de convencerme de que estoy equivocado y que aunque no me de cuenta yo también formo parte del pueblo oprimido. Esta gente siempre está dispuesta a concienciar a todos los que se le ponen por en medio. Además empiezo a tener la sensación de que la pobre Rosa no anda demasiado bien de aquí arriba y a la larga voy a ser un incordio, porque es capaz de cortar con ese tipo por mí y va a ser peor el remedio que la enfermedad. Tengo que pensar seriamente en volver a la residencia, quizás Mariví estaba en lo cierto y sea mejor para mí. Por otro lado, el marica tenía su gracia y sor Caridad era un encanto.

 

M.- Papá me ha llamado. Mira por donde él mismo va a dar una solución a este galimatías. Intenté ir a verle esta tarde y aunque intenté animarme con tres lingotazos en el bar de debajo de casa de Rosa fui incapaz. Me ha dicho que quiere volver a la residencia, que cree que no podrá soportar pasar el resto de sus días entre una hippie y un comunista. Luego me ha dicho algo de una peluca, eso he creído entender, de un tipo al que conoce de allí, y que no le sentaba tan mal. Creo que está perdiendo la cabeza y me alegro de su decisión. Después de todo en la residencia tienen médico.

 

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