martes, 11 de febrero de 2014

BABELES


La “Torre de Babel” es un edificio que destaca de otros parecidos de esta ciudad por la utilización especial que se hace de él, pues en otro sentido no tiene nada verdaderamente reseñable. Consta de quince pisos a razón de cuatro viviendas por planta, algo que a día de hoy no es nada especial. En cualquier caso, no es su altura lo que hace que todos los habitantes del lugar la conozcan, sino el empleo que el ayuntamiento ha hecho de ella. Excepto por razones que no vienen al caso, entre las que se pueden considerar su sostenibilidad cara al futuro y algún aspecto que espero que quede claro cuando entremos en detalle, nada en él llama la atención desde afuera, pues siendo de construcción reciente (apenas cuenta con diez años), su aspecto es el de cualquier edificio corriente, pues está claro que sus arquitectos no trataron de hacerle destacar por su diseño moderno a base de detalles que le identificaran como vanguardista, por ejemplo, sino más bien al contrario, como si quisieran que pasase desapercibido. De perfiles clásicos y estructura rectangular, podría parecer un edificio de los años sesenta (sobrio y un tanto herreriano), en los que lo primordial era su funcionalidad y el hecho de no destacar de su entorno, algo que por entonces en este país resultaba sospechoso. Un detalle, sin embargo, le hace diferente de otros edificios de su porte, y es que, por sorprendente que pueda parecer dada su altura, no tiene ascensor. Y no lo tiene no porque no pueda tenerlo, que hay sitio de sobra, sino porque fue construido para que fuera así, de tal manera que ese detalle condicionara radicalmente su utilización, es decir, su habitabilidad, y por lo tanto las características de sus inquilinos. Se trata de un ensayo del ayuntamiento de cara al futuro, pues quiere que  el alojamiento de sus vecinos esté relacionado con sus aptitudes físicas y psicológicas, al hacer que sus habitantes deban de reunir determinadas cualidades, y que por tanto no sea apto para todo el mundo. La falta de ascensor pudiera en principio parecer un inconveniente, cuando lo que se pretende es, bien al contrario, el bienestar de los vecinos que, en función de tal ausencia, deberán reunir unas características que trataremos de sintetizar a continuación. En primer lugar, las cinco primeras plantas están reservadas para personas (y aquí se hace referencia especialmente al titular), para las que por su edad subir más arriba pueda suponer un inconveniente grave, fijándose un tope de edad máximo de cincuenta y cinco años, a partir de los cuales se sobreentiende que el esfuerzo para llegar al domicilio sea superior al posible beneficio de la práctica de un ejercicio aeróbico de la misma intensidad. De la quinta a la décima planta está reservado para inquilinos que no sobrepasen los cuarenta y cinco años y cuyos hijos, si los hubiera, no tuvieran menos de doce. Una cláusula especial especifica que las mujeres en ambos casos deberán tener como mínimo cinco años menos que su marido, o presentar en la concejalía de vivienda un certificado de aptitud de un cardiólogo de alguno de los hospitales públicos de la localidad. Se pretende con ello prevenir accidentes vasculares no tan infrecuentes en las hembras a partir de la época de la menopausia y sus proximidades por falta de estrógenos. Los pisos superiores, es decir del diez al quince serán dedicados en exclusiva para gente menor de treinta y cinco años, en forma física sobresaliente y demostrable, para lo que se considerará especialmente su participación en la media maratón que organiza el ayuntamiento dos veces al año, algo también exigible ambos miembros de la pareja. Además, a estas personas que diariamente someten a sus organismos a esfuerzos equiparables a los de una pequeña escalada, se les exigirá que suban a su prole en brazos, algo no tan complicado teniendo en cuenta que su peso no suele sobrepasar, a las edades que se les suponen, los quince kilogramos, el equivalente aproximado al de una bombona de butano para el hogar a plena carga. Para su correcto funcionamiento, aún siendo de alquiler, el edificio cuenta con una Junta de vecinos en la que estos se alternan anualmente en los cargos de presidente, secretario y tesorero, además de otro especial, llamado de “tránsito” que se ocupa del movimiento en las escaleras, que como se puede uno imaginar es bastante denso en algunas horas del día, especialmente a las de entrada y salida de los colegios de los niños de los pisos superiores, con objeto de que no atropellen a las personas de mayor edad, vecinos de los pisos bajos. Este trasiego de personas en la escalera tiene un correlato en la ocupación de las viviendas, estando previsto (algo que hasta este momento aún no ha sucedido) que cuando se produzca algún óbito, los familiares puedan permanecer en el domicilio hasta la mayoría de edad de los hijos, mientras que el viudo o la viuda tendrá a partir de los setenta años, una plaza fija de derecho en una de las residencias para mayores de la comunidad, no siendo rechazable, en cuyo caso se produciría su lanzamiento forzoso. En ningún caso los inquilinos de los pisos bajos podrán ascender a otros superiores, incluso si el inquilino justificase su buen estado de forma, dado que, en opinión ampliamente aceptada, los años no pasan en balde. Por el contrario los vecinos de los pisos superiores podrán intercambiar entre ellos sus viviendas de acuerdo mutuo, siempre y cuando tal hecho no interfiera en los derechos de los demás. En este sentido, cuando se produzca en algunos de los pisos inferiores un desalojo por cualquier motivo, los de estos pisos pasarán a ocupar los primeros lugares de la lista de espera, que será guardada en la concejalía correspondiente del ayuntamiento, de acuerdo con determinadas preferencias que no es el caso explicitar aquí, entre las que se cuenta estar en el paro el cabeza de familia, o tener una tara alguno de los hijos que le imposibilite en el futuro para ganar el sueldo mínimo interprofesional. Los cojos y operados de caderas o cualquiera de las articulaciones de las extremidades inferiores, solo podrán ocupar, si tal fuera el caso, el piso de la planta baja, es decir cuatro en la “Torre de Babel”, algo que podrá multiplicarse por el número de edificios similares que el consistorio municipal tiene previsto edificar si el experimento en curso supone un éxito en un plazo de quince años a partir de la fecha de su creación. De momento, y ya van ocho, todo parece desarrollarse de la forma prevista, lo que hará que en el futuro este tipo de edificios se multipliquen y sean el paradigma de un pueblo que ha sabido combinar las necesidades reales de sus ciudadanos con otras de orden psicológico y hasta metafísico. En cualquier caso, dada la experiencia habida hasta hoy, parece necesaria la creación de un organismo de orientación psicológica adjunto al cargo de oficial de tránsito, con el objetivo de encauzar las quejas,  asistir a las personas de cierta edad, y aconsejar a los padres la conducta adecuada para que su prole se comporte como ciudadanos con sentido común, algo esencial en el futuro para votar en las elecciones al parlamento con pleno juicio. Estando este proyecto, no obstante, en pleno desarrollo, es posible que con el tiempo (y aquí nos remitimos a lo que acaba de ser expresado) los nuevos consistorios cambien de opinión, y que todo lo anterior se vaya al garete. Cada vecino debería entonces hacer frente al mundo, y por tanto a su vivienda, a pecho descubierto, analizando los mejores alquileres en otro lugar o adquiriendo una nueva, algo nada sencillo tal y como se han puesto las hipotecas, y teniendo en cuenta que los desahucios, a pesar de los pesares, siguen estando al orden del día. Sería una lástima, pues el proyecto Babel parece aunar varios requisitos, que podrían hacer que este tipo de construcciones fuera en el futuro el ejemplo a seguir para lograr por fin la meta de una humanidad feliz y bien alojada. Aunque como se ha dicho más arriba hasta la fecha el resultado del experimento parece positivo, ya hay algunos concejales de diversas áreas que en los plenos del ayuntamiento han apuntado la posibilidad de nuevas variables. Concretamente el de Cultura (al que apoya el de Parques y Jardines, aunque nadie sepa por qué), es de la opinión que el proyecto tal y como se está llevando a cabo se está quedando “chato” (sic), pues no se consideran algunos aspectos sociológicos que en su opinión serían de interés y “hasta definitivos” (¿). Se trataría de alojar a las familias no solo en función de lo ya expresado, sino de su diferente nivel de rentas, profesiones y características físicas. En su opinión, esto favorecería la movilidad social y prevendría en el futuro la posibilidad de una rebelión proletaria o el abuso de las clases oligárquicas, al tiempo que favorecería al multiculturalismo, hoy tan en boga. “La convivencia tiene eso”, suele acabar diciendo ante la mirada entre escéptica y un tanto perpleja del resto de los ediles (*). Uno de ellos, finalmente, es de la opinión que quizás lo preferible sería organizar una colonia de khibutzs, modelo ampliamente experimentado en Israel a lo que se opone con vehemencia el párroco de la localidad, concejal de Procesiones y Festejos. Hasta entonces permaneceremos atentos a la evolución de los acontecimientos y seguiremos informando.

 

(*) El concejal de medio ambiente, doctor en Ciencias Exactas y especialista en Estadística, le ha respondido que las permutaciones, variaciones o combinaciones de todas las características mencionadas supondría que cada uno de los edificios a construir tuviera el diámetro de la plaza de toros de Las Ventas y la altura del Pirulí de RTVE, por lo que, dados los costos previsibles, lo desaconseja vivamente.

 

VIVIENDAS ECONOMICAS, CASAMATAS E IGLOOS


En un futuro inmediato, al margen de lo descrito en el punto anterior, parece ser que el Consistorio municipal, valora la posibilidad de levantar otro tipo de edificios que pudieran ser el complemento o la sustitución de los anteriores. Para ello está en estudio levantar varios bloques de viviendas económicas de alquiler muy barato, y de las que al menos se espera que se mantengan en pie a pesar del escaso grosor de sus tabiques y paramentos. Como es lógico tampoco se contempla dotarlas de ascensores. En cuanto a las casamatas y los igloos, serán respectivamente utilizados en caso de guerra las primeras,  y en zonas muy frías los segundos, habilitándose para su construcción, en caso  de ser preciso, cañones de nieve si la temporada fuera floja.


 

 

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