La “Torre de
Babel” es un edificio que destaca de otros parecidos de esta ciudad por la
utilización especial que se hace de él, pues en otro sentido no tiene nada
verdaderamente reseñable. Consta de quince pisos a razón de cuatro viviendas
por planta, algo que a día de hoy no es nada especial. En cualquier caso, no es
su altura lo que hace que todos los habitantes del lugar la conozcan, sino el
empleo que el ayuntamiento ha hecho de ella. Excepto por razones que no vienen
al caso, entre las que se pueden considerar su sostenibilidad cara al futuro y
algún aspecto que espero que quede claro cuando entremos en detalle, nada en él
llama la atención desde afuera, pues siendo de construcción reciente (apenas
cuenta con diez años), su aspecto es el de cualquier edificio corriente, pues
está claro que sus arquitectos no trataron de hacerle destacar por su diseño moderno
a base de detalles que le identificaran como vanguardista, por ejemplo, sino
más bien al contrario, como si quisieran que pasase desapercibido. De perfiles
clásicos y estructura rectangular, podría parecer un edificio de los años
sesenta (sobrio y un tanto herreriano), en los que lo primordial era su
funcionalidad y el hecho de no destacar de su entorno, algo que por entonces en
este país resultaba sospechoso. Un detalle, sin embargo, le hace diferente de
otros edificios de su porte, y es que, por sorprendente que pueda parecer dada
su altura, no tiene ascensor. Y no lo tiene no porque no pueda tenerlo, que hay
sitio de sobra, sino porque fue construido para que fuera así, de tal manera
que ese detalle condicionara radicalmente su utilización, es decir, su
habitabilidad, y por lo tanto las características de sus inquilinos. Se trata
de un ensayo del ayuntamiento de cara al futuro, pues quiere que el alojamiento de sus vecinos esté
relacionado con sus aptitudes físicas y psicológicas, al hacer que sus
habitantes deban de reunir determinadas cualidades, y que por tanto no sea apto
para todo el mundo. La falta de ascensor pudiera en principio parecer un
inconveniente, cuando lo que se pretende es, bien al contrario, el bienestar de
los vecinos que, en función de tal ausencia, deberán reunir unas
características que trataremos de sintetizar a continuación. En primer lugar,
las cinco primeras plantas están reservadas para personas (y aquí se hace
referencia especialmente al titular), para las que por su edad subir más arriba
pueda suponer un inconveniente grave, fijándose un tope de edad máximo de
cincuenta y cinco años, a partir de los cuales se sobreentiende que el esfuerzo
para llegar al domicilio sea superior al posible beneficio de la práctica de un
ejercicio aeróbico de la misma intensidad. De la quinta a la décima planta está
reservado para inquilinos que no sobrepasen los cuarenta y cinco años y cuyos
hijos, si los hubiera, no tuvieran menos de doce. Una cláusula especial
especifica que las mujeres en ambos casos deberán tener como mínimo cinco años
menos que su marido, o presentar en la concejalía de vivienda un certificado de
aptitud de un cardiólogo de alguno de los hospitales públicos de la localidad.
Se pretende con ello prevenir accidentes vasculares no tan infrecuentes en las
hembras a partir de la época de la menopausia y sus proximidades por falta de
estrógenos. Los pisos superiores, es decir del diez al quince serán dedicados
en exclusiva para gente menor de treinta y cinco años, en forma física
sobresaliente y demostrable, para lo que se considerará especialmente su
participación en la media maratón que organiza el ayuntamiento dos veces al
año, algo también exigible ambos miembros de la pareja. Además, a estas
personas que diariamente someten a sus organismos a esfuerzos equiparables a
los de una pequeña escalada, se les exigirá que suban a su prole en brazos,
algo no tan complicado teniendo en cuenta que su peso no suele sobrepasar, a
las edades que se les suponen, los quince kilogramos, el equivalente aproximado
al de una bombona de butano para el hogar a plena carga. Para su correcto
funcionamiento, aún siendo de alquiler, el edificio cuenta con una Junta de
vecinos en la que estos se alternan anualmente en los cargos de presidente,
secretario y tesorero, además de otro especial, llamado de “tránsito” que se
ocupa del movimiento en las escaleras, que como se puede uno imaginar es bastante
denso en algunas horas del día, especialmente a las de entrada y salida de los
colegios de los niños de los pisos superiores, con objeto de que no atropellen
a las personas de mayor edad, vecinos de los pisos bajos. Este trasiego de
personas en la escalera tiene un correlato en la ocupación de las viviendas,
estando previsto (algo que hasta este momento aún no ha sucedido) que cuando se
produzca algún óbito, los familiares puedan permanecer en el domicilio hasta la
mayoría de edad de los hijos, mientras que el viudo o la viuda tendrá a partir
de los setenta años, una plaza fija de derecho en una de las residencias para
mayores de la comunidad, no siendo rechazable, en cuyo caso se produciría su
lanzamiento forzoso. En ningún caso los inquilinos de los pisos bajos podrán
ascender a otros superiores, incluso si el inquilino justificase su buen estado
de forma, dado que, en opinión ampliamente aceptada, los años no pasan en
balde. Por el contrario los vecinos de los pisos superiores podrán intercambiar
entre ellos sus viviendas de acuerdo mutuo, siempre y cuando tal hecho no
interfiera en los derechos de los demás. En este sentido, cuando se produzca en
algunos de los pisos inferiores un desalojo por cualquier motivo, los de estos
pisos pasarán a ocupar los primeros lugares de la lista de espera, que será
guardada en la concejalía correspondiente del ayuntamiento, de acuerdo con
determinadas preferencias que no es el caso explicitar aquí, entre las que se
cuenta estar en el paro el cabeza de familia, o tener una tara alguno de los
hijos que le imposibilite en el futuro para ganar el sueldo mínimo
interprofesional. Los cojos y operados de caderas o cualquiera de las
articulaciones de las extremidades inferiores, solo podrán ocupar, si tal fuera
el caso, el piso de la planta baja, es decir cuatro en la “Torre de Babel”,
algo que podrá multiplicarse por el número de edificios similares que el
consistorio municipal tiene previsto edificar si el experimento en curso supone
un éxito en un plazo de quince años a partir de la fecha de su creación. De
momento, y ya van ocho, todo parece desarrollarse de la forma prevista, lo que
hará que en el futuro este tipo de edificios se multipliquen y sean el
paradigma de un pueblo que ha sabido combinar las necesidades reales de sus
ciudadanos con otras de orden psicológico y hasta metafísico. En cualquier
caso, dada la experiencia habida hasta hoy, parece necesaria la creación de un
organismo de orientación psicológica adjunto al cargo de oficial de tránsito,
con el objetivo de encauzar las quejas,
asistir a las personas de cierta edad, y aconsejar a los padres la
conducta adecuada para que su prole se comporte como ciudadanos con sentido
común, algo esencial en el futuro para votar en las elecciones al parlamento
con pleno juicio. Estando este proyecto, no obstante, en pleno desarrollo, es
posible que con el tiempo (y aquí nos remitimos a lo que acaba de ser
expresado) los nuevos consistorios cambien de opinión, y que todo lo anterior
se vaya al garete. Cada vecino debería entonces hacer frente al mundo, y por
tanto a su vivienda, a pecho descubierto, analizando los mejores alquileres en
otro lugar o adquiriendo una nueva, algo nada sencillo tal y como se han puesto
las hipotecas, y teniendo en cuenta que los desahucios, a pesar de los pesares,
siguen estando al orden del día. Sería una lástima, pues el proyecto Babel
parece aunar varios requisitos, que podrían hacer que este tipo de
construcciones fuera en el futuro el ejemplo a seguir para lograr por fin la
meta de una humanidad feliz y bien alojada. Aunque como se ha dicho más arriba
hasta la fecha el resultado del experimento parece positivo, ya hay algunos
concejales de diversas áreas que en los plenos del ayuntamiento han apuntado la
posibilidad de nuevas variables. Concretamente el de Cultura (al que apoya el
de Parques y Jardines, aunque nadie sepa por qué), es de la opinión que el
proyecto tal y como se está llevando a cabo se está quedando “chato” (sic),
pues no se consideran algunos aspectos sociológicos que en su opinión serían de
interés y “hasta definitivos” (¿). Se trataría de alojar a las familias no solo
en función de lo ya expresado, sino de su diferente nivel de rentas,
profesiones y características físicas. En su opinión, esto favorecería la
movilidad social y prevendría en el futuro la posibilidad de una rebelión
proletaria o el abuso de las clases oligárquicas, al tiempo que favorecería al
multiculturalismo, hoy tan en boga. “La convivencia tiene eso”, suele acabar
diciendo ante la mirada entre escéptica y un tanto perpleja del resto de los
ediles (*). Uno de ellos, finalmente, es de la opinión que quizás lo preferible
sería organizar una colonia de khibutzs, modelo ampliamente experimentado en
Israel a lo que se opone con vehemencia el párroco de la localidad, concejal de
Procesiones y Festejos. Hasta entonces permaneceremos atentos a la evolución de
los acontecimientos y seguiremos informando.
(*) El concejal
de medio ambiente, doctor en Ciencias Exactas y especialista en Estadística, le
ha respondido que las permutaciones, variaciones o combinaciones de todas las
características mencionadas supondría que cada uno de los edificios a construir
tuviera el diámetro de la plaza de toros de Las Ventas y la altura del Pirulí
de RTVE, por lo que, dados los costos previsibles, lo desaconseja vivamente.
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