miércoles, 19 de noviembre de 2014

PERSUASIONES

Cuando me dirijo a Clodoveo para preguntarle algo que en estos momentos no recuerdo, me responde en un lenguaje ininteligible  que, sin embargo, él parece dominar a la perfección. Debe de extrañarse de mi cara de perplejidad, porque de inmediato se hace evidente que trata de esmerarse abriendo y cerrando la boca exageradamente, como si se tratara de alguien que se dirige a un niño o a un extranjero. La situación es ridícula porque él parece poner toda su buena voluntad para hacerse entender. Debe estar mal de la cabeza o sufrir algún tipo de enfermedad de la que no parece ser consciente, aunque finalmente caigo en la cuenta de que por épocas a aquel hombre le gusta tomar el pelo a la gente, pues está dotado de unas cualidades interpretativas fuera de lo común. Se me ocurre que lo que quería saber verdaderamente no tiene la menor importancia, y a partir de ese momento me dedico a imitarle con algunos matices, como rascarme y agitar la cabeza descontroladamente. Al cabo de ciertos minutos Clodoveo parece tranquilizarse y termina hablando en perfecto castellano, para a continuación entrar en una fase de ataraxia aguda y acabar dormido en el suelo.


Vamos a ver José Antonio, el hecho de que te llames como te llamas, no justifica tu actitud de querer pegar fuego al teatro de la Comedia, porque las cosas no han resultado como tú querías. El hecho de que te encante ponerte camisa azul y adores detenerte en las esquinas para arengar a la gente y recordarle que España es un país a la deriva, no es cosa mía. Puedes hacer lo que te venga en gana, después de todo en Londres como bien sabes está instaurado un sistema parecido, donde la persona que tiene algo interesante que decir se sube a una peana (o no) y se dirige a los paseantes para contarles todo lo que se le viene a la cabeza. Deberías viajar a Londres y preguntar por el Speaker`s corner, aunque a ti eso de los idiomas nunca se te dio demasiado bien. Podías aprender maneras, que creo definitivamente es lo que te falla, porque una cosa es tratar de que te escuchen (y lo que tú quieres decirles es sin duda importante, incluso trascendental), y otra sacar del bolsillo una pistola, y acabar apuntándoles si no te dan la razón o no están absolutamente de acuerdo contigo. Debes aprender, y ya no voy a cansarte más, la importancia de las formas y el matiz. La eficacia es en buena medida deudora de la razón y la capacidad de persuasión, y convencerte de que lo que tú digas no tiene que ser aceptado por cojones.

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