Cuando me dirijo
a Clodoveo para preguntarle algo que en estos momentos no recuerdo, me responde
en un lenguaje ininteligible que, sin
embargo, él parece dominar a la perfección. Debe de extrañarse de mi cara de
perplejidad, porque de inmediato se hace evidente que trata de esmerarse
abriendo y cerrando la boca exageradamente, como si se tratara de alguien que
se dirige a un niño o a un extranjero. La situación es ridícula porque él parece
poner toda su buena voluntad para hacerse entender. Debe estar mal de la cabeza
o sufrir algún tipo de enfermedad de la que no parece ser consciente, aunque
finalmente caigo en la cuenta de que por épocas a aquel hombre le gusta tomar
el pelo a la gente, pues está dotado de unas cualidades interpretativas fuera
de lo común. Se me ocurre que lo que quería saber verdaderamente no tiene la
menor importancia, y a partir de ese momento me dedico a imitarle con algunos
matices, como rascarme y agitar la cabeza descontroladamente. Al cabo de
ciertos minutos Clodoveo parece tranquilizarse y termina hablando en perfecto
castellano, para a continuación entrar en una fase de ataraxia aguda y acabar
dormido en el suelo.
Vamos a ver José
Antonio, el hecho de que te llames como te llamas, no justifica tu actitud de
querer pegar fuego al teatro de la Comedia, porque las cosas no han resultado
como tú querías. El hecho de que te encante ponerte camisa azul y adores
detenerte en las esquinas para arengar a la gente y recordarle que España es un
país a la deriva, no es cosa mía. Puedes hacer lo que te venga en gana, después
de todo en Londres como bien sabes está instaurado un sistema parecido, donde
la persona que tiene algo interesante que decir se sube a una peana (o no) y se
dirige a los paseantes para contarles todo lo que se le viene a la cabeza.
Deberías viajar a Londres y preguntar por el Speaker`s corner, aunque a ti eso
de los idiomas nunca se te dio demasiado bien. Podías aprender maneras, que
creo definitivamente es lo que te falla, porque una cosa es tratar de que te
escuchen (y lo que tú quieres decirles es sin duda importante, incluso trascendental),
y otra sacar del bolsillo una pistola, y acabar apuntándoles si no te dan la
razón o no están absolutamente de acuerdo contigo. Debes aprender, y ya no voy
a cansarte más, la importancia de las formas y el matiz. La eficacia es en
buena medida deudora de la razón y la capacidad de persuasión, y convencerte de
que lo que tú digas no tiene que ser aceptado por cojones.
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