miércoles, 19 de marzo de 2014

CEREBROS


1)     El cuerpo humano es un sistema dirigido y coordinado por el cerebro, sin el cual no podría funcionar. Al menos no podría hacerlo tal y como sabemos, aunque sí podría hacerlo como una secuoya, que no lo tiene. Siendo pues el cerebro la parte más importante de ese sistema, es lógico suponer que podría prescindir de las otras y dedicarse en exclusiva a sí mismo, pero tal cosa no tendría demasiado sentido, pues ha sido construido precisamente para controlarlas (órganos y subsistemas que dependen de él, uno de los cuales sería la mente). Suponer un cerebro aislado sin ninguna finalidad sería tan absurdo como imaginar un motor en marcha sin otras conexiones en el desierto o la tundra, por poner un ejemplo. Pero no solo eso, pues como se sabe, el cerebro es un órgano sumamente plástico que se modifica a sí mismo en función de las necesidades que los sistemas dependientes de él requieran, algo así como si la necesidad de carburante de un vehículo para subir una pendiente pudiera modificar las características del motor que lo propulsa. Un cerebro sin otros órganos, sería en buena medida un cerebro fosilizado. Hasta ahí lo extraordinario del cerebro: siendo lo principal, no tiene sentido por sí solo. O lo que es lo mismo, solo la existencia de otros órganos o subsistemas se lo dan.

2)     El cuerpo social sobrevive gracias a diversas herramientas, que a lo largo del tiempo se han decantado en dos principales, el capital y el trabajo. El capital es una creación estrictamente humana –un artificio- y viene a ser el equivalente del valor (habitualmente expresado en dinero) que sus integrantes dan a determinadas objetos (el oro, verbigracia), y sirve como moneda de cambio. El trabajo es la capacidad de los integrantes de dicho cuerpo social para realizar las funciones necesarias para la supervivencia y la prosperidad del grupo. Con el tiempo, el primero de ambos factores se ha impuesto, y no siendo más que una metáfora de otra cosa, incluso del trabajo, se ha concretado en un valor, que normalmente se expresa en forma de dinero. Este, por lo tanto, se ha convertido en el corazón del sistema económico, de tal manera que sin él, la posibilidad de trabajar sería mínima, aunque al igual que el cerebro en 1), sin trabajo tendría poco sentido. El capital solo es valioso en la medida que sirve para crear riqueza, y sin trabajo tal cosa no es posible. O lo que es lo mismo, sólo el trabajo (a) da valor al capital. El problema, sin embargo, es que en la actualidad en el sistema que se ha creado, solo este último parece ser el creador de riqueza, mientras el trabajo es algo subsidiario, cuando lo cierto es que sin él, el capital no es nada. Robinson Crusoe en una isla desierta con un cofre lleno de monedas de oro o de diamantes salvados del naufragio, podría tranquilamente morir de inanición (a no ser que fuera capaz de comer tan nobles materiales) si no fuera capaz de subirse a los árboles para coger nidos, o de cazar ciertos vertebrados o de pescar en la playa. ¿Cómo se ha llegado pues a esta situación en una sociedad en la que los menos hábiles (o no) pueden ser los más afortunados, a poco que tengan un capital del que los verdaderos expertos (o no) podrían carecer? Esa es la gran paradoja de nuestros días: aquello (b) que sirvió para facilitar el intercambio, aunque por sí mismo sea inútil, se ha adueñado del escenario. A pesar de todo, quizás esto no sea tan extraño en la medida que en nuestras vidas con frecuencia son las metáforas, es decir lo irreal, quienes toman la delantera.

 

(a) Y como en 1), puede modificarlo.

 

(b)  Llámese como se quiera, capital del trabajo o capital financiero.

 

    

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