lunes, 1 de noviembre de 2021

ANCHURAS

 Sus palabras me hicieron pensar que si bien la anchura de mi pasillo era casi mínima para un hombre andando de frente, bien podría haber sido de otra manera, un pasillo con una anchura desproporcionada para su cometido siempre que la transición a través de él tuviera la finalidad acostumbrada de ir de un lugar a otro, y normalmente de una a otra habitación. Pero siendo esto rigurosamente cierto, también lo es el hecho de que no todo el mundo se mueve de la misma manera. Yo recuerdo, por ejemplo a un amigo de juventud que encontraba más cómodo hacerlo con los brazos abiertos en cruz, algo verdaderamente sorprendente a no ser, como era su caso, que el sujeto quiera continuamente recordar a nuestro Redentor clavado en la cruz. Raro, qué duda cabe, pero posible en mentalidades entregadas a mitos de los que no pueden desprenderse con facilidad, incluso en las situaciones más originales y hasta escabrosas. Claro que aquí quizás sea el momento oportuno para decir que aquel individuo no solo quería continuamente rendir homenaje al Señor, sino que era un gran aficionado a la danza y el ballet, y la anchura desmedida de mi pasillo le permitía giros y volatines de todo tipo, e incluso siendo muy aficionado al sufismo, no le importaba (de hecho disfrutaba mucho) ponerse a girar como una peonza mística en el baile de los giróvagos del Medio Oriente.

Quizá esa sea la razón por la en cierto momento llegó a solicitarme una obra en el interior de mi domicilio con el objetivo de ensanchar mi pasillo con los fines especificados hasta aquí, y más si le añadimos su enfermiza afición a los bailes modernos, el rap, el hip-hop y otros parecidos que necesitan de un espacio holgado para sus espasmódicos movimientos. Le dije como es natural que no, que hasta ahí podíamos llegar, que para eso e incluso otras actividades que no vienen aquí al caso, tenía su casa, mucho mayor que la mía y con un salón en el que con un poco de buena voluntad incluso podría disputarse carreras de ponis. Pero todo esto es cuestión del

pasado y en la actualidad he encontrado una verdadera diversión caminando por mi pasillo de lado, lo que me transmite en determinados momentos sensaciones muy agradables e incluso libidinosas, sin que tenga que especificar aquí el porqué de tales contentos. Ni que decir tiene que los día en los que no me sentía especialmente feliz hacía el recorrido bastante cargado de hombros lo que lo era bastante menos satisfactorio, pues la joroba, vulgarmente llamada chepa, se frotaba contra los tabiques y la cosa no tenía la menor gracia. Heme pues ahora que ya voy cumpliendo años ante el dilema de volver las aficiones grandilocuentes de mi amigo de juventud o insistir en esta querencia final de deslizarme lateralmente para bien o para mal como ya se ha dicho. Claro que por otro lado soy consciente de que me estoy verdaderamente obsesionándome con este juego (en eso se ha convertido mi afición), y que existe otras actividades que pueden ser igual o más gratificante. Pasear por las amplias avenidas que bordean mi casa un día con sol, o acercarme al cine dentro de casa donde suelen poner películas antiguas en blanco y negro, sobre todo westerns y algunas francesas de Truffaut, Resnais y Godard, que eran mis héroes en los años sesenta. No digo nada de alguna en color de Brigitte Bardot, porque siendo sincero, a ella le sería imposible transitar por mi pasillo de lado, por razones obvias.

NOCHES OTRAS

 Aquella misma noche le dije a mi padre que no quería volver a verle. Fue algo espontáneo que para nada había precisado una elaboración previa en mi cerebro. De repente le miré a la cara bajo aquella luz mortecina del saloncito de su casa, y algo en mi interior decidió que no quería seguir viéndola ni un momento más. De hecho, sin mediar media palabra me dirigí a la puerta , la abrí y salí sin más explicaciones. Ya en la escalera pude oírle gritando “¿pero donde vas?” a lo que di la callada por respuesta y aceleré el paso de tal manera que estuve a punto de romperme la crisma al llegar al portal, tres pisos más abajo. Allí me detuve con la esperanza de que el abuelo se dignara interesarse por mí, pero no fue así en absoluto. La puerta de casa siguió cerrada, lo que en el fondo me causó la íntima satisfacción de que a pesar de que lo sorprendente de la situación, a él parecía haberle tenido sin cuidado.

Era de noche cerrada, ni un atisbo de luz por ningún lado o como mucho un trozo minúsculo de luna asomando detrás de una nubles oscuras que daban al ambiente un matiz tenebroso, que no sé por qué en aquellos momentos se me ocurrió que bien podría corresponderse con la fea situación entre mi padre y yo. Lo preocupante del caso, al menos por mi parte, era que a decir verdad yo no tenía nada contra él. La idea de irme de su casa donde vivíamos juntos desde hacía años después de mi divorcio, me sorprendió como ya dije al principio al verle la cara poco antes y llegar a la conclusión de que no podía soportarle. Se había convertido en unos instantes en una especie de animal del Pleistoceno, por decir algo, del que tenía que desembarazarme de cualquier manera. Irme, pensé en aquellos momentos, había sido de lo más razonable, pues la otra solución podía haber sido acercarme a la cocina, coger un cuchillo grande de los que él empleaba para corta el jamón, y rebanarle allí mismo el pescuezo. De hecho, di unos pasos pero poco antes de entrar algo me dijo que aquello no era lo más razonable, di media vuelta y aguanté media hora sentado a su lado en el sofá viendo un documental sobre catástrofes aéreas, del que solo recuerdo que el avión por no se qué historias en los dos motores se caía a plomo sobre el mar en pleno océano Índico. Deseé en esos momentos que el piloto hubiera sido mi padre y que había sido él el causante del accidente. Y todo porque sabía que yo iba a bordo y quería desembarazarse de mi inmediatamente, aunque también él mismo se fuera al garete. Este recuerdo me tranquilizó porque en resumidas cuentas poco antes yo no estaba pensando otras cosas muy diferentes de lo que en el fondo mi padre deseaba para mí. La puerta cerrada después de mi salida, y su silencio los días siguientes me confirmaron tal impresión.

Me alojé en un hotelucho de las inmediaciones, y todas las noche me acercaba a su casa para ver las luces del salón que daba a la calle. Lo sorprendente es que no las volví a ver encendidas ,por lo que llegué a pensar que lo mismo había sufrido un colapso y estaba muerto. Aunque también cabía la posibilidad de que hubiera tomado mi misma decisión y hubiera salido a buscarme durante todas aquellas noches, y en cualquier momento podría encontrármelo en cualquier esquina. Esto me hizo sonreír y me acorde del viejo con una ternura para nada compatible con mis instintos asesinos de unos días antes.

NOCHES

 Cuando menos lo espero resulta que es de noche y paseo por las afueras .No sé como llegué, pero el hecho es que puedo verificar mi primera impresión, cuando a lo lejos veo las luces de la ciudad que debo haber abandonado no hace mucho .Son trayectos que recorro como un sonámbulo algunos días en que su geometría me agobia, y huyo a los descampados. Busco cielos estrellados y horizontes sin impedimentos ,y lo de menos es considerar si son las dos manos ó solo una las que he deslizado en los bolsillos, ó si por una vez las dejo fuera .Todo transcurre con tal automatismo, que únicamente tengo que dejarme llevar por una maquinaria que nada tiene que ver conmigo .Levanto la cabeza y siento la inutilidad de la luz, cuando todo ahora se hace diáfano a pesar de la oscuridad sobre los tejados. Los veo y me entusiasma seguir la línea que delimitan, e imaginar a lo lejos las galaxias que se arraciman formando cúmulos, tras la modestia de las pocas estrellas que percibo. Pero no siempre me decido por las alturas, y con frecuencia mi vista se concentra en la humildad de las alcantarillas, que a esas horas ya arrastraron toda la inutilidad del día .Ó en ocasiones, sigo la caída de las bajantes, de los canalones de los edificios donde por fin, sus inquilinos pueden descansar de un ajetreo que, después de todo ,lo único que hará es llevarles al lugar dónde empezaron. Han lavado sus almas y se disponen a recobrar la horizontal como un ensayo para el día de mañana ,cuando el adiós sea ya definitivo .Si me agobian estos pensamientos, decido emprender circuitos asimétricos en torno a las farolas, ó me permito pequeñas aceleraciones ,que sin duda sorprenderán a los insomnes que decidan asomarse a los balcones .Ó, con paso cansino, arrastro los pies sobre el bordillo de la acera, intentando equilibrios que bien podrían hacerme trastabillar y caer para sorpresa de los búhos ,que a esa hora abren los ojos desmesuradamente .En un momento dado, sin embargo, me invade un vago sentimiento de inutilidad, y me cuestiono el por qué de las cosas pequeñas y el por qué de las grandes preguntas .El por qué de esa mancha de aceite, ó esa grieta mínima que me sorprende en la noche como una puñalada .El por qué de los cielos estrellados y las distancias insondables, cuando con hambre , un simple pedazo de pan es suficiente. Ando caminos que me llevan de vuelta al origen donde mis pies ,que no yo ,decidieron emprender la fuga hacia ninguna parte .Esos pobres mocasines que pudieron en su día recorrer las desoladas calles de Punta Arenas, ó los glaciares que se despidieron del Polo con crujidos que helaban la sangre en las venas . Más tarde he de regresar donde los automóviles permanecen varados, hasta que con las primeras luces caminen de nuevo hacia el enajenamiento que da de comer a sus chóferes. Pero antes ,algunas noches, mis pasos ó el coche ,que ni siquiera eso tengo claro, me acercan a los barrios industriales, donde todo está a punto para el desembarco de los proletarios . Allí quiero probar la eficacia del sistema capitalista y la diligencia de los vigilantes y los perros guardianes ,escuchar estremecido sus silbatos y los ladridos ,y pasear sin embargo tranquilamente, como quien nada tiene que temer, pues llegado el caso él mismo perseguiría con saña a los ladrones. Malhechores que sin embargo anidan en mi interior, a la espera de un descuido, capaces de provocar un incendio que haga reflexionar al mundo sobre la provisionalidad de las construcciones de bajo coste, y de la existencia, puestos a decirlo todo. Quién sabe si cuando lleguen las Asistencias ,los guarda jurados se declararán culpables ,entusiasmados por el crepitar de las llamas, y enceguecidos por una luz que no esperaban cuando la aurora ya anulaba los contrastes .Llegará para mí entonces el momento de regresar y dejar detrás las huellas de una noche , resuelta al fin en brasas. Al alejarme, pensaré, feliz, que la belleza del espectáculo , posiblemente haga reflexionar a los bomberos sobre la indispensabilidad de los pirómanos.

jueves, 14 de octubre de 2021

BANDERAS

 Recuerdo todavía

tus palabras,

y tu incapacidad

para los silogismos

y las matemáticas.

Tu amor, sin embargo,

A las banderas.


Vano Aristóteles

hacedor de poesía

y jeroglíficos.

Hombre inútil

con la inutilidad

de los aspavientos

y las epopeyas

terminadas en drama.


Abrazaste sin embargo

el duro metal

de las bayonetas.

Fuiste un héroe

Y hoy te saludan

Los ignorantes y

los lobotomizados.

Y los imberbes

Y los ancianos.

Y los que creen que aparentar

Es más importante

Que ser uno mismo.


Fuiste un héroe

qué duda cabe

Y en el camposanto

los que abatiste

aún recuerdan

tu andar altivo y

tu mirada

fiera.


Lo que no saben

o quizás callan,

gran maricón,

es que en privado

ponías el culo

como bandera.

ENREDADERAS

Tú nunca lo sabrás.

Pasó ya el tiempo

de los abrazos y

de las despedidas.


Nacerá la tierra una vez más

como todos los días

y las criaturas como tú

para mi dolor

de nuevo morirán.


Roto, sin embargo

el corazón que te amó

perdurará y

su desesperación crecerá

como crecen las rosas

y las enredaderas trepan.


Amar desesperada

inútilmente.

Amar sin redención

Condenado estoy a amar sin objetivo

desde que tú no estás.


Vagar quién sabe adonde,

perderme irremediablemente.

castigado sin piedra

como un Sísifo maldito.

Solo su corazón y el tuyo

arrojados al abismo

una vez más.


Desprenderme de ti

poder un día olvidarte

después de haberte amado.

Saber definitivamente

que amar es un castigo

y siempre lo será

porque tú ya no estás

porque tú ya no estás.


Saber sin embargo

Que solo he vivido

al conocerte.

Morir ya no importa

sabiendo que me esperas

y yo te sigo amando.

LA NORIA

 

Noria 

que en tus leves barcas 

con hilos de plata 

vértigos suspendes; 

que enciendes suspiros

con el blanco viento 

que tus alas tejen, 

cuéntame tu vida…


Dime de esas noches 

tibias y serenas

que tus velas sueñan; 

de esas cadencias

que los aires traen 

y que luego llevan. 


y cuantas canciones, 

y cuantos amores 

batieron sus palmas

en tu curva lanza

quisiera saber.

y cuantas estrellas

En el firmamento.


Cuenta, cuenta…

y no desanimes,

y aprieta los dientes

de tus engranajes

contra las encías

de las barquichuelas

que giran y giran…


Y sigue girando

deshaz con tu espuela

de vivos colores

cien mil fantasías,

y crea un millón

Y sigue girando


Carlos Diez del Corral y García

1965

miércoles, 25 de agosto de 2021

EL PERMISO DEL CORONEL TRES

 Como se puede fácilmente comprender el coronel, que desde ese momento fue llamado la coronela, no volvió a gozar de ningún permiso más, pues las metamorfosis habidas en su organismo ya eran suficientes y no admitían nuevos cambios, a no ser el de especie, algo imposible hasta esa fecha. Sí se notó sin embargo una transformación significativa en la conducta de sus superiores, los generales de división, de brigada y tenientes generales, que a partir de entonces pasaron diariamente por riguroso turno de antigüedad a ver a su subordinado por razones que no es necesario especificar, pues el lector o lectora de estas líneas las puede fácilmente imaginar. Quizá sí merecería la pena dar cuenta de los rituales que tenían lugar en el despacho del la coronela, que solían prolongarse entre la media hora y los tres cuartos. Pero no lo haré para no hacer demasiado prolijo el detalle de los acontecimientos, baste decir que todos los visitantes salían todos del mismo abrochándosela bragueta con una mano y con la otra limpiándose la boca con un pañuelo: blanco y en botella (además).

Meses después, por razones solo conocidas por el Ministro de Defensa, el Consejo Superior del Ejército y con casi total seguridad los movimientos feministas y LGTBIQ, se ascendió a la coronela directamente al grado de Tenienta Generala, con mando en el primer cuerpo del Ejército de Tierra. Cabe aquí hacer hincapié en que por esta época fueron abundante los cambios a travestidos y a señoras con todas las de la ley, de buena parte de la oficialidad de las Fuerzas Armadas, que reunidas en un congreso autorizado por el gobierno de la nación con dos objetivos a medio plazo. En primer lugar el asalto al Peñón de Gibraltar y en segundo el desembarco en Annual de dicho cuerpo de ejército apoyado por la totalidad de la Infantería de Marina, única manera de vengar el oprobio sufrido por nuestra nación cuando en 1921 fue humillantemente derrotado por las cábilas de Ab-del Krim. Se sabe que británicos y moros no podrán aguantar el empuje de tantos miles de chochos. Dicho sea esto con todos los respetos

EL PERMISO DEL CORONEL DOS

 Cuando pasado apenas un año de los acontecimientos relatados en el texto anterior, el coronel volvió a solicitar un permiso particular, esta vez de dos meses, su regimiento, esta vez sí, no dudo en atribuirlo a asunto particulares de índole grave, puesto su edad era lógico que empezara a tener dificultades de todo tipo, y si no él, su familia teniendo en cuenta que era huérfano de padre desde mucho tiempo atrás y su madre padecía de unas dolencias extrañas que los médicos no llegaban a precisar. Era lógico pues que siendo además hijo único se ocupara de ella en su domicilio y quien sabe si a dar con la malhadada afección de su progenitora.

Al parecer los jefes de brigada y división recibían noticia puntual de los avatares de la buena señora, que como mínimo padecía una afección cutánea grave y le daba por rascarse continuamente. Incluso llegó a hacerlo con una teja en imitación del santo Job, que la utilizó con frecuencia (debe tenerse en cuenta que era extraordinariamente beata y tenía el convencimiento que la santa paciencia y la imitación de los santos, aparte de la de Cristo del Kempis, la llevaría directa al paraíso). Pasados los dos meses reglamentarios de permiso, prácticamente tres pues se les había sumado el del verano, el coronel regresó con un aspecto inmejorable, haciendo evidente que había alternado los cuidados maternos con las visitas frecuentes a la playa (téngase en cuenta que nuestro jefe habitaba en Las Palmas de Gran Canaria, al lado de la playa de las Canteras.).

Sin embargo los generales cuando recibieron al coronel se llevaron una sorpresa mayúscula pues había sucedido que éste no solo había llevado a cabo lo que sus correos les habían señalado, sino que para terminar la operación comenzada un año atrás se había operado ahora de los bajos y lucía una vagina que sin duda para si quisieran sus señoras. Ni que decir tiene que exigiéndole que hiciera presente ante sus jefes la transformación llevada a cabo, estos pudieron comprobar que efectivamente el pajarito del coronel (como él solía llamar a su pene) había desaparecido y en su lugar destacaba una abultada vulva con labios exteriores e interiores, que para nada se parecía a una hucha, y ante la cual los mandos superiores no tuvieron más remedio que rendirle un homenaje in situ.

viernes, 13 de agosto de 2021

EL PERMISO DEL CORONEL

 

El coronel solicitó un permiso de un mes por asuntos particulares, que el general le concedió al parecer sin dudarlo, pues se trataba de un caso inexcusable por asuntos familiares graves e incluso muy graves, como pronto se hizo vox populi en la Unidad.

Al cabo de dicho mes el coronel regresó y se hizo cargo de nuevo de su regimiento. Tenía buen aspecto y sus maneras eran las habituales, por lo que el asunto por el que se le concedió el permiso no parecía haberle afectado en absoluto. Sin embargo, poco después de su incorporación, el 2º jefe y jefe de la Plana Mayor hizo notar a sus subordinados que en su opinión sí se había operado en el jefe un cambio significativo, pues, o andaba mal de la vista, o su tórax había aumentado significativamente. Y así era, ya que cuando en su despacho en presencia del personal afecto, se desembarazó de la guerrera del uniforme, quedaron al descubierto dos tetas imponentes, solo posibles en las mujeres superdotadas o en jóvenes varones vigoréxicos.

      Al hacerse evidente lo mencionado con anterioridad, el coronel convocó de inmediato una reunión de todos los jefes, oficiales y suboficiales y tropa de su Unidad en el comedor de ésta, único lugar con la capacidad suficiente. Allí, aupado en una tarima, se quitó en primer lugar la guerrera, la camisa y a continuación un sujetador primoroso con encajes, y mostró con orgullo unos pechos que no tenían nada que envidiar a los de cualquiera de las actrices superdotadas de los años sesenta, digamos, por ejemplo, los de Jane Mansfield. De inmediato tomó la palabra y alzando la voz exclamó “pues aquí tienen ustedes a su coronel, con dos tetas como dos carretas  y sus cojones habituales” “¿No existen hoy  travestidos que se operan incluso del pajarito? Pues yo de eso nada…. A ver comandante Padilla, suba esa mesita hasta aquí…así, muy bien….Y sacando todo el artilugio fuera y reposándolo encima, exclamó ¡pues no me digan si esto no es una polla y par de guevos como es debido! ¿De acuerdo?…pues todo el mundo a formar en el patio de armas! ¡Así que enterados, y ojo con el mínimo roce que nadie se atreva a hacerle a su coronel, que a ese se le cae el pelo! ¡Pero, por cierto, pajas a mi costa todas las que ustedes quieran!

martes, 23 de marzo de 2021

LAS RANAS DE ESPAÑA

En un lugar de España (*) donde las ranas ni siquiera son ranas, habitas tú y a decir verdad, aún sin saberlo habitamos todos nosotros. Es un lugar cuajado de árboles donde siempre ventea una ligera brisa que no parece molestar en absoluto a los batracios. El porqué estos animales no son exactamente ranas es un misterio que nadie hasta ahora ha logrado desentrañar a pesar de los serios estudios que se han realizado al respecto. Incluso se ha llegado a suponer que son otra cosa muy diferente con aspecto de rana. Así de simple. Claro que al llegar aquí quizás debemos considerar que en ese lugar nada es lo que parece. Ya se dijo que hay árboles y una ligerísima brisa, y podríamos desde luego añadir que sobre todo existe un lago enorme en donde, por difícil que resulte de creer, arrecian las marejadas y las olas invaden los malecones que no llegan siquiera a ser tales. Igual que le pasa al agua, de la que no es aconsejable en absoluto beber, aunque no se trate de plomo fundido. Ni de estaño o mercurio. Pero lo más sorprendente de todo una vez que uno se acerca a la orilla, es que pronto percibe el croar de las ranas, pero al mismo tiempo es consciente de que a ese extraño canto no podría llamársele con propiedad croar.

Y ya se dijo al comenzar, que este desconcertante lugar está situado en algún punto de España, pero no se precisó en cual. Y no se hizo por desconocimiento absoluto o desatino, sino quizás porque como otro en el Quijote resulte difícil de ubicar con certeza. Se trata sin duda de España, ese país lejano y violento surgido del mar en un rincón de Europa ¿de Europa? Quizás solo se trate de un nombre al que todos invisten de las características que les son gratas. Un anfibio al que sin embargo nadie se atrevería a llamar rana. Ni salamandra. Y afortunadamente, aún mucho menos sapo.

(*) “En un lugar de España” tomado literalmente de algún lugar del libro “Tristano muere” (editorial Anagrama) de Antonio Tabuchi, y continuado aleatoriamente.

viernes, 4 de diciembre de 2020

OJOS CINCO

 Queridos Alumnos, una vez más me dirijo a ustedes para seguir hablando de ese órgano fundamental de nuestra anatomía, al que hoy me referiré en plan más ortodoxo como ano. De entrada no creo que sea preciso dar más explicaciones sobre su funcionamiento, pero contraviniendo a lo dicho el último día en la lección correspondiente, quiero añadir unos detalles que completarán una visión global del mismo, El ano, nuestro querido culo, independientemente de su abnegada labor para el mantenimiento de la homoestasis de nuestro organismo, puede sufrir algunas alteraciones, que siendo prácticamente inocuas, sí creo que por sus consecuencias, por más que estas sean leves, merecen reseñarse. En primer lugar tenemos las hemorroides o más vulgarmente almorranas, que no se trata más que de inflamaciones en general benignas en el mismo tejido del ojete, normalmente debido al esfuerzo que en ocasiones tenemos que hacer para que los excedentes alcancen el exterior de nuestro especialmente si estos salen en forma de zurullo, que al ser rígido y compacto puede originarlos. A tal hecho se suele llamar estreñimiento, que puede ser de tipo genético o debido a una dieta pobre en fibra, fruta y vegetales. Son estas pues las primeras dificultades que nuestro ano debe enfrentar. Estas inflamaciones pueden ser internas o externas y en cualquier caso su tamaño oscila entre el de una lenteja o un garbanzo, lo que en ciertas ocasiones origina hemorragias que en pocos casos requiere la intervención del cirujano. Algo más común, sin embargo, son las flatulencias aprisionadas en el recto que se libran sonoramente acompañadas de un ruido perfectamente identificable, conocidas como pedos, algo que quien quiera enterarse con detalle (y hasta rima poética), puede consultar al egregio escritor español del Siglo de Oro Quevedo, aficionado a los mismos con igual intensidad que a la nariz de su colega y coetáneo don Luis de Góngora y Argote (las doce tribus de narices eran….remember?). Los pedos suelen ser benignos y nada peligrosos aunque con el hábito de llegar acompañados de un aroma que para nada admitirían entre sus productos las casas Dior o Chanel. Habitualmente se producen de una forma alegre y desinhibida sin acompañarse de ningún producto. Al autor se le suele llamar simple y llanamente cerdo, aunque la palabra vaya acompañada de risas y jolgorio a granel.

OJOS SEIS

 Queridos amigos, quiero decir alumnos, verán que hoy me he atrevido a llamarles así esperando que ninguno de ustedes, o de vosotros, se moleste. Con el tiempo como ya sin duda se habrán dado cuenta, van llegando las experiencias, y con éstas, cuanto más íntimas, la sensación de amistad. Es por eso que ya me atrevo a llamarles de esa manera, porque como a estas alturas ya sois conscientes, hablar del culo con toda franqueza corresponde a una de esas áreas que he llamado íntimas. Y no solo por su ubicación remota, prácticamente oculta para nosotros mismos (¿alguien de entre vosotros se mira el culo con frecuencia?: lo dudo, aunque sería algo totalmente lícito, desde luego, aunque significativo) sino por su función, que como comprenderéis no voy a explicaros otra vez. Y aquí quiero prolongar aun un poco más algunos detalles que aunque posiblemente ya están en vuestras mentes, no creo que esté de más aludir a ellos brevemente. Hablamos días atrás del estreñimiento o las dificultades para ir al baño (la palabra defecar que es la correcta nunca me gustó, lo que no deja de ser un eufemismo, lo reconozco). Pues bien, según mi experiencia mucho más dilatada que la de ustedes, los medicamentes más adecuados son los supositorios ROVI de toda la vida para ocasiones de emergencia, y últimamente una solución en polvo llamada MOVICOL, un sobre diario. Luego como norma general tenemos la dieta adecuada, ya mencionada con anterioridad y la compota o caldo de ciruelas pasas, a gusto. En plan más sofisticado están y son de amplio uso hoy en día los laxantes por vía anal, de los que les aconsejo los micro enemas (Microlax) de acción rápida. Las lavativas y enemas mayores pueden ser también muy efectivos en caso atasco mayor, pero, ojo, tienen el peligro de hacerse adictivos( en realidad, todos los mencionados) porque tienen tolerancia, es decir pueden ustedes acostumbrarse a ellos y pedir cada vez más y con más frecuencia, es un fenómeno con el que espero que ustedes no tengan nunca nada que ver, siendo algo muy estudiado por su relación con el consumo de drogas ilegales y algunos psicofármacos de venta en farmacias, concretamente las benzodiacepinas (valium, lorazepan, etc…) . Por otro lado, y de eso hablaremos ya con toda certeza el próximo día, la fijación excesiva en el ano y las funciones que lo caracterizan está muy vinculada con la detención en la fase anal que definió con bastante precisión el inventor del psicoanálisis, un tal Sigmund Freud, que más allá de lo cierto o no de sus teorías, es hoy en día a pesar de haber fallecido hace tiempo, casi un siglo, es uno de los personajes más famosas de la historia. Y en concreto en Argentina a la zaga por los pelos del archifamoso futbolero llamado Maradona, que al parecer tuvo algo que ver con alguna de las sustancias aludidas poco más arriba( y también es cierto que el primero mencionado también fue un aficionado a la misma, llegando incluso a escribir un libro).

miércoles, 25 de noviembre de 2020

OJOS UNO

 Queridos alumnos, hoy vamos a hablar del culo, ese lugar de nuestra anatomía sin el cual nuestras vidas se nos harían simplemente insoportables. Y no me refiero a los que algunos podrían entender como una superficie llamada nalgas o posaderas, o desde un punto de vista más riguroso, glúteos. Precisamente vamos a hablar de todo lo contrario, un lugar único cuya principal característica es precisamente su falta de superficie, su ausencia. Se trata por tanto de un agujero, cuya nombre en la nomenclatura naval podría ser llamado espiche, aunque lo evacuado por él no sea precisamente agua como en las embarcaciones.

Desde un punto de vista operativo, el culo cumple una función teleológica, o lo que es lo mismo, finalista. Se halla al final del aparato digestivo, esófago, estómago, vesícula, hígado, páncreas, intestino (colon y recto incluidos). Su función, como todos ustedes saben, es finalizar el proceso de la digestión de los alimentos y liberar los productos de desecho, quedándose los aprovechables dentro del organismo, y pasando a formar parte de nuestros cuerpos, donde pueden colaborar a la victoria de un as de los cien metros lisos o al hallazgo de la teoría de la relatividad especial y general. Lástima que no estén aquí presentes Alfred Einstein ni Usaín Bolt para dar fe de tales afirmaciones (aunque quizás hubieran puesto algunos reparos).

Este agujero, dado su hermetismo, impide absolutamente la entrada de la luz en el interior del aparato digestivo en todo momento, excepto mínimamente cuando literalmente estemos cagando. En ese sentido podemos afirmar que el culo es prácticamente un agujero negro del que tampoco puede salir la poca luz que haya podido entrar en los momentos antedichos. Por otro lado, y ya que hemos hecho alusión al campeón de raza negra y recordman mundial de los cien metros lisos, Usaín Bolt, podemos afirmar que en su caso se trata de un agujero negro doble, pues hasta el horizonte de sucesos (ver wikipedia) de su culo también es negro. No hay en él pues la mínima posibilidad por lo tanto de percibir la radiación luminosa de Hawkins (ver de nuevo wikipedia) saliendo al espacio. El cuerpo humano de esta manera se vuelve una especie de réplica a escala reducida del universo, algo que alguien tan enterado de los asuntos estelares como Carl Sagan no creo que llegara en su día a intuir. Por otro lado, es de sobra por todos conocido el apelativo casi cariñoso con el que es conocido tal lugar, llamado con frecuencia ojo del culo, refiriéndose sin duda a su forma y ubicación, pero también posiblemente a una intuición humana que supone que con la ayuda del nervio óptico, la córnea, la pupila, el iris, el cristalino y la retina… podría cumplir una función fundamental en el estudio del terreno y la guerra contra-minas.

OJOS DOS

 Queridos alumnos, recordarán ustedes que en la clase del último día nos ocupamos, aunque fuese de una forma un tanto somera, del culo, del mismísimo ojo del culo, un lugar de nuestro cuerpo al que podemos calificar de escatológico en la medida que viene a finalizar ese proceso en la segunda de las acepciones que da a tal palabra la RAE, a la que les remito por si tuvieran alguna duda. No se trata de la vida de ultratumba ni de los seres arcangélicos, sino de algo mucho más banal tras el proceso de la digestión de los alimentos del que hemos hablado con anterioridad, que como compensación nos proporciona la energía para seguir existiendo y poder repetir la jugada, llegado el caso. Siendo esto así, no creo que se pueda exagerar calificando al susodicho culo de primordial, por más que su ubicación no deje de ocupar un lugar mínimo de nuestra anatomía. Tal artefacto, como a nadie de ustedes se le escapa, está ubicado en un sitio remoto y prácticamente ignorado que solo se activa en ciertas ocasiones, en las que requerido de una forma evidente e inevitable. No deja por lo tanto de ser curioso que salvo incidentes indeseables, su presencia nos pase totalmente desapercibida a pesar de su importancia. Y para que ustedes sean conscientes de este hecho, les ruego (y pido perdón al mismo tiempo, si alguien se siente ofendido), que hagan el favor de tomar consciencia en este preciso momento de su existencia. Para ello, utilizando los músculos que movilizan el trasero, culo mejor, movilícenlo mediante el peristaltismo rectal hasta que lo perciban con toda claridad. Eso sí, sin insistir ni forzar, no vayamos a tener una desgracia, que andamos escasos de papel en clase. Veamos: uno, dos, uno, dos, uno, dos…bueno ¡ya basta! Vean como algo tenido como ignoto se manifiesta sin ningún complejo.

Les ruego ahora, que haciendo un esfuerzo mental intenten realizar un paralelismo con dos entidades de las que nos hablan respectivamente la mayoría de las religiones y la ontología filosófica. Me refiero en concreto al alma y el ser. De este último se ocupó en el siglo veinte un famoso filósofo que inició una de las corrientes más importantes del mismo, Martin Heidegger, que más allá de ser un filósofo renombrado y el primer existencialista, se destacó por ser un auténtico hijo de puta que no dudó en apoyar a un tal Adolfo Hitler, algo que después de todo podría no ser tan raro teniendo en cuenta que en su caso el culo le coincidía con la boca.

OJOS TRES

 Queridos alumnos, hoy continuaremos con la investigación que desde hace unos días estamos llevando a cabo sobre el culo, ese yo inverso que nos habita por más que queramos ignorarlo. Una característica que ustedes habrán podido deducir de lo que han oído, es que por tal sitio tiene lugar el tránsito hacia el exterior de determinados materiales inútiles para nuestra existencia, y en ese sentido absolutamente de acuerdo con la evolución darwiniana: lo que no sirve para sobrevivir, sobra. Creo que eso está suficientemente claro ¿Qué diremos en tal caso de aquellos que aprovechen dicho agujero no solo para expeler los sobrantes sino para introducir por el mismo artilugios a todas luces inútiles de acuerdo con los criterios hasta ahora estudiados, esencialmente el de la supervivencia. Oséase: ¿para qué introducirse por salva sea la parte cualquier tipo de cacharro? O hablando en plan académico al que hacen alusión los libros de anatomía, el llamado ano? ¿Es posible que con tal hecho alguien encuentre algún tipo de ventaja o satisfacción? Al parecer los gay sí, contraviniendo de tal modo lo que la madre naturaleza organizó en sentido contrario. Introducir por el culo un artilugio sea cual sea su función no deja de ser un contrasentido, máxime si al que venimos llamando culo le da precisamente por llevar a cabo su función auténtica, cuya conclusión sería que la llamada concretamente mierda, tenga algo que decir en el asunto, contradiciendo de esta manera su tendencia natural a ver la luz del sol. Este es un tema del que se habla poco, pero que sin duda está en el imaginario de quienes ven en este tipo de aficiones algo contra natura. Aunque, oigan, para gustos se hicieron los colores y allá cada cual con el uso que haga de su ojete. Otro nombre que con cierto sentido del humor y yo diría que casi de afecto, viene a corroborar lo dicho sobre la posible utilización del a estas alturas celebérrimo culo.

En próximos días para ir terminando con este tema apasionante (les recuerdo que cada cual puede ponerle los adjetivos que le gusten), daremos un giro radical a los puntos de vista que hemos mantenido hasta ahora, casi estrictamente fisiológicos, y relacionaremos el objeto de nuestros desvelos con el desarrollo de la psique humana, en donde desde determinadas áreas del conocimiento el culo tiene su importancia, pues lo mismo podría conducirnos a obtener un premio Nobel en cualquiera de la materias que se estudian en la universidad, que a llevarnos de cabeza al hospital psiquiátrico provincial

martes, 24 de noviembre de 2020

OJOS CUATRO

 Buenos días, queridos ami…perdón porque a estas alturas de la exposición he estado a punto de llamarles amigos, algo que a pesar de todo supongo que ustedes me perdonarían, ya que cuando uno habla de forma reiterativa de temas tan íntimos, puede caer en el desliz de calificar indebidamente las relaciones. Aunque, créanme si les digo que a pesar de nuestra diferencia de edad, nuestros culos- el de ustedes lógicamente y el mío- no se diferencian tanto, por ejemplo, como el número de pelos en nuestras cabezas, y como todos ustedes tienen ojos en la cara no tendré que dar más explicaciones. Bien, hoy me voy adentrar siguiendo nuestros conocimientos quasi exhaustivos sobre el culo, en un tipo de consideraciones que supongo que a ustedes por su edad pueden coger por sorpresa. Me refiero al punto de vista psicoanalítico sobre la función del culo en el desarrollo de la mente humana. Para ello echaré mano de algo de lo que tengo la certeza que para ustedes no será totalmente desconocido, y me refiero como norma general a la satisfacción que unos siente en los instantes posteriores del puro hecho de cagar ( o como dice la jerga popular “poner un huevo” o “plantar un árbol”). O lo que es lo mismo de decir adiós a los excedentes. Seamos sinceros ¿Quién no se demora al menos unos instantes tras el acto sentado cómodamente en el trono? Y quien incluso minutos después, arrellanado ya en el sofá o disfrutando al aire libre, no guarda consigo la agradable sensación a la que nos venimos refiriendo? Si son sinceros creo que estarán de acuerdo conmigo. Pues bien, esa sensación es una reminiscencia de nuestros años infantiles, cuando aproximadamente a los tres todos disfrutamos del contento de poder manejar a nuestro antojo los esfínteres, y como consecuencia de poder disfrutar de nuestras caquitas a nuestro antojo. ¡Ah felicidad de la inocencia que nos permitía jugar con ellas en soledad cuando nuestras mamás dejaban de vigilarnos, y éramos capaces de construir terracotas que posiblemente no sería muy diferentes de las esculturas minimalistas de algunas exposiciones de vanguardia!

Y después de dicho esto, es cuando definitivamente me voy a dedicar a lo que les anuncié el día anterior, es decir, la importancia del manejo en tal sentido del culo de acuerdo con las “tópicas” freudianas y el desarrollo psicosexual del infante humano, y por lo tanto de él mismo se hallara donde se hallara a lo largo de la historia. Por ejemplo, en las cuevas de Altamira o en los campos de batalla de Austerlitz.

lunes, 19 de octubre de 2020

GUERMANTES

 Me preocupa este desasosiego matinal que me sorprende como una boa constrictora al doblar una esquina en Manhattan. Como ella me aprisiona y aovilla, sabedor de que es en esos primeros momentos donde todo se juega. Tengo aún opciones para escapar, es cierto, pues el dribbling y el gambeteo siempre fueron dominados por una piernas, las mías, hechas para el regate en corto. Que no se me pidan, sin embargo, galopadas a lo largo de la banda que para eso ya con otros fue suficiente. Elegidme, si tal fuera necesario para el ingenio breve y fulgurante, esa capacidad para parecer lo que no se es, o siéndolo, parecerlo aún más. Ya sé que puestos a ello cada cual es capaz de buscar alternativas, y los itinerarios pueden rectificarse cuando se sabe que el peligro acecha detrás de una esquina. Se desprecia a mi modo de ver, el paso lento y mesurado, como si solo la velocidad y no la amplitud de zancada fuera lo importante, aunque ya sé que el compás no siempre puede abrirse todo lo que uno desearía. El aprendizaje de la lentitud es algo en general poco considerado, se olvida esa íntima satisfacción, casi deleite, de detenerse y apreciar el paisaje, urgidos por una prisa que solo nos conducirá al despeñadero. Dada la boa y las esquinas, no haríamos mal en suponer a priori que toda precaución es poca, pues con la primera es inútil eternizarse en divagaciones, teniendo tales seres como único argumento el aumento de la presión por centímetro cuadrado, y con las segundas ser conscientes de la opacidad del 95% de los materiales sólidos habituales en las esquinas y chaflanes. Si actuamos como alguien que sabe apreciar la importancia de los razonamientos, es más que posible que permanezcamos a una distancia racional de la, digamos, fiera, y que incluso podamos pasear a su alrededor tranquilamente, y observar las maravillas de la madre naturaleza puede conferir a los seres vivos, anden naden o vuelen. O como es el caso se arrastren por el suelo. Los ofidios nos pueden enseñar la importancia de la lentitud a la que más arriba se aludió, pues es bien sabido que por mucho que se apuren, nunca podrán competir con un antílope, ni, guardando las distancias, con las arañas tejedoras, aunque resulten netamente superiores a las tortugas. Prevenido pues por sustos precedentes, tomo la calle de amanecida en el preciso momento en que los servicios municipales de limpieza recitan las últimas estrofas de los poemas que Federico García Lorca dedicó a Nueva York, cuando las boas deciden por fin regresar a las alcantarillas, donde mantienen una relación ambivalente con las ratas, pues lo mismo confraternizan con ellas que se las tragan sin decir ni siquiera esta boca es mía. Duro y bello oficio este de paseante que nunca alcanzará en este lugar del mundo la belleza europea de Guermantes, y para nada recordará a los paseos y ensoñaciones de Jean Jacques Rousseau, cuando estimaba en un rapto de melancolía y abandono que se hallaba solo en el mundo, sin más hermano, amigo ni sociedad que él mismo

C.I. (i.q.)

 Hablaremos de todo lo divino y lo humano. Y de lo estrictamente alienígena llegado el caso.

No tener dientes no es señal de falta de apetito. Chupar los hace inútiles, y ese es tu caso en lo que a mí respecta hablando del tema que nos ocupa, y que no es cuestión de hacer público.

Su temperatura corporal apenas oscilaba entre los 36.5 grados Celsius y los x grados Farenheit Si murió de fiebre es sin duda por culpa de este último, salvan sean las equivalencias.

¿Quieres saber en realidad quién eres con tu escaso uno sesenta de estatura? Te lo diré de inmediato para que no te equivoques. De entrada olvida los espejos y no participes en formularios con la pretensión de hallar tu C.I. No se trata en absoluto de nada que tenga que ver contigo mismo, aunque mirar al horizonte y decir basta tampoco sería una solución acertada. Déjate estar, en eso puede consistir tu propio ser, aunque nunca se sabe.

¿De qué se trata entonces si afirmas con toda contundencia que el tema que nos ocupa no es lo que parece? ¿Debemos suponer antes de nada que lo primero sería la posibilidad de un hic et nunc que ni siquiera pueda definirse? Por mi parte, allá tú y tus latinajos, dicho sea esto con todos los respetos.

Escribía novelas de pequeño formato, ni siquiera nívolas unamunianas. Algo del estilo “Nació y tuvo una infancia feliz a pesar de la muerte prematura de sus progenitores y varios asesinatos no resueltos. Murió sin embargo en paz”. O también “Adoraba la alacena por razones que nunca supo explicar, no se trataba de ninguna manera, según propias manifestaciones, de su forma levemente alabeada ni la textura un tanto rugosa de su madera. Fue un misterio hasta el mismo día que la prendió fuego. O la tiró por el balcón, que la memoria es corta. Quizás se trata de ambas cosas consecutivamente”.

El ventilador ventila, qué duda cabe. Pero ventila poco, y esta capacidad mermada podría convertirlo además de un aparato vagamente eólico en función de la definición de la RAE. O quizás en un armatoste que para qué, según la mía. Quizás solo se trata del vago rumor de las olas rompiendo contra la playa. Cerca del mar no sería sorprendente

Adenda para groseros sin prejuicios.

La fuerza de la gravedad, sea esta lo que sea (la atracción de los cuerpos sólidos situados a cierta distancia o la estructura del espaciotiempo cuando un cuerpo pesado lo deforma), me importa tres cojones. Y hablando del escroto puedo manifestar que a mis setenta y pico años, debido a cualquiera de ambas posibilidades, hay días que me llega prácticamente hasta las rodillas. Y no digo nada si estoy muy relajado: digo a media pantorrilla y me quedo corto.

domingo, 17 de mayo de 2020

RASCACIELOS

Anduvieron por Nueva York como si se tratara de una ciudad cualquiera. Habían decidido que era absurdo considerarla con unos criterios diferentes, y que la única forma de valorarla en su justa medida, era verla con la misma mirada con la que uno contempla una capital de provincia en Castilla-León, por ejemplo. En ese sentido, estuvieron de inmediato de acuerdo en que su gigantismo les retrotraía a visitas ya perdidas en el tiempo, como cuando se quedaron anonadados contemplando las pirámides de Gizah o las esculturas gigantes de Karnak. A Ismael tal desproporción no le agradaba, y le producía casi de inmediato un fenomenal dolor de cabeza con palpitaciones, como si aquellos gigantescos edificios se le hubieran metido en la cabeza, y desde adentro pugnaran por salir haciendo fuerza sobre el cráneo. Era absurdo, y se cuidaba mucho de darle tales detalles a Ingrid, porque creía que iba a pensar que estaba mal de la cabeza. A ella, sin embargo, que era una mujer imponente de casi dos metros de altura, la situación era la contraria, tenía complejo de gigante, lo que no distaba mucho de la realidad, y verse minúscula entre aquellos enormes armatostes de acero y hormigón, la devolvían a una proporción mas adecuada, lo que la reconfortaba mucho, y hacía que se pasara el rato extasiada y sonriente en su recién adquirido reino interior de Liliput.
Tenían pues aquí un desacuerdo básico, que sin embargo no se comunicaban, por lo que ambos se veían forzados a aceptar el punto de vista del otro con pequeñas matizaciones, lo que llevaba a Ismael a minimizar su dolor de cabeza, y a Ingrid a contener su euforia. Ismael no podía evitar comparar aquellos monstruos con los edificios de su ciudad natal, Valladolid, e incluso con algunas de las torres más altas de Madrid donde ahora vivía. Se decía que era absurdo, pero en relación al Empire State, la torre de la Plaza de España le parecía una construcción familiar, casi íntima, a la que evocaba con nostalgia al pasear por la Quinta Avenida, aunque desde luego no se lo dijera a Ingrid. Para ella, que también era de la noble ciudad castellana, verse literalmente sepultada bajo aquellas inmensidad de acero y cristal, la devolvía a su primera adolescencia, donde aún era una chica dentro de los cánones habituales, y paseaba por el paseo de Zorrilla y el Campo Grande, con el reconfortante convencimiento de ser semejante en todos los aspectos a sus amigas de entonces. Contemplaba a los pavos reales y las grullas del parque, con la satisfacción de compartir el mismo mundo, algo que se truncó poco después, cuando al dar el estirón definitivo hacia los diecisiete años, todas las aves del lugar se convirtieron para ella en gallinas. Suponía para sus adentros que su estatura se la debía a su madre, que siendo la típica mujer española más bien bajita, deseó que su hija no heredada sus reducidas dimensiones, para lo cual le puso de nombre Ingrid, pensando que por una especie de milagro, la estatura de las vikingas se hiciera realidad en el cuerpo de su hija, algo que sucedió con creces cuando ya empezaba a perder la esperanza.
Para más INRI, se enamoró de Ismael, un hombre pequeño, con lo que su sensación de gigantismo se hizo todavía más evidente, algo que sin decírselo le reprochaba, obligándole a
llevar zapatos o botines de doble alzada. Existía pues en la pareja una asimetría evidente, aunque ambos optaran por mantenerla oculta, enmascarándola con buenas maneras, a pesar de provocar en algunas ocasiones cierta hilaridad en los más íntimos, que sin embargo trataban de que no fuera evidente, teniendo en cuenta que su diferencia provocaba algo más que una sonrisa, y no era cuestión de reírse delante de ellos a carcajadas. En Nueva York, debido a los rascacielos y la diferente impresión que causaban en los dos, supieron que se dilucidaba algo definitivo, y que en adelante nada sería igual. Como en otras ocasiones, sabían que tenían que recurrir a algún tipo de estrategia que al menos les reconciliara hasta su vuelta a territorio nacional, y dado que ninguno estaba muy dotado para la oratoria ni las sutilezas semánticas, decidieron recurrir a lo que sus cuerpos quisieran expresar para convencer al otro de que a pesar de todo, su matrimonio merecía la pena.
En el dormitorio de un hotel en el piso cuarenta y ocho, se sometieron a una terapia sensual intensiva, que fue desde la embriaguez de los palillos de incienso y la música oriental, pasando por masajes balsámicos y el estímulo moderado del Moët Chandon, hasta los rituales eróticos inclusivos de posiciones aventajadas del Kama Sutra y artilugios estimulantes y sofisticados, sin descuidar ejercicios gimnásticos que, para sonrojo de Ismael, no dejaba de incluir lo que ella llamaba no sin cierto sarcasmo el botijo. Los resultados no se hicieron esperar, y concluidas con eficacia las aproximaciones nocturnas durante toda la semana en pleno corazón de la city, el regreso al solar patrio supuso para la pareja la tranquilidad de lo ya conocido, aunque con ello volvieran las disensiones internas debidas a la distinta percepción que cada uno de ellos tenía de su lugar en el mundo, algo que sin embargo superaron paseando algunos atardeceres por el parque del Oeste, donde el horizonte difícilmente podría brindarles las alturas de Manhattan.

RUTINAS

Me despierto hacia las ocho. Sensación de estar relajado y haber dormido bien. Recuerdo vagamente un sueño, pero no logro concretarlo. Después de la primera sensación de relajamiento, me invade otra de sopor y cansancio. Hago un esfuerzo y me visto. No tiene sentido volver a la cama. Hacia las diez llamo al psiquiatra, que me responde serio y dando la sensación de sentirse molesto, que en esos momentos no puede atenderme porque está ocupado. Le pregunto si le puedo ver mañana, y me dice que me tome valium y espere a la sesión del día que me toca, el jueves. Siempre me dice lo mismo: no debo dejarme vencer por la angustia. Pero no se como, a no ser, efectivamente, con los tranquilizantes. Salgo al bar de la esquina y me tomo un café y un churro. Soy incapaz de tomar algo más, y el churro ya me ha supuesto un esfuerzo. Vuelvo a subir a casa. Llamo a X y le pido que venga, que me siento mal. Siempre le digo lo mismo y siempre viene. Cinco minutos después le vuelvo a llamar y le digo que me encuentro mejor y que voy a intentar pasar el trago solo. Me dice que no le importa, que ya estaba preparada, le digo que no, y como se pone pesada, le cuelgo. Soy injusto, pero no puedo soportar sentirme como un enfermo o un crío desvalido.
Al rato me llama y le digo que de verdad estoy mejor, y para que se lo crea le cuento un chiste, se ríe, pero me conoce lo suficiente para saber que es mentira y que no estoy bien. De todas maneras se lo agradezco. Paseo por casa, no sé que hacer, echo un vistazo a lomos de los libros de la habitación del fondo, son casi todos de medicina, sobre todo de psiquiatría, donde con frecuencia trato de buscar mis síntomas o las cosas que pienso para ver si tengo remedio. Ya no me dicen nada nuevo, se han convertido en una rutina en los momentos de mayor agobio. El valium y medio que tomé empieza a hacerme efecto, soy casi un drogadicto. No, soy un auténtico drogadicto, no podría vivir sin él. Mientras pienso esto, me peso: 75 kilos, no está mal, casi no he adelgazado y eso me reconforta, es como un baremo que me dice que lo mío no es tan grave, sobre todo teniendo en cuenta que como poco. Además no quiero que los demás se den cuenta de que ando así. Me echo un momento en la cama.
Trato de pensar algo, pero soy incapaz, solo veo el techo encima de mí, me fijo en la estructura de la pintura al gotelé y no recuerdo cuando fue la última vez que pinté la casa. Me gusta el gotelé, me parece el único detalle artístico en mi habitación,
desprovista de cualquier otra cosa que no sean revistas y libros viejos, por cierto bastante desordenados. Tengo que hacer algo, y aunque un tanto somnoliento hago un esfuerzo y me levanto. Voy al salón y miro hacia la calle a través del ventanal, desde dentro se percibe el frío y se nota una ligera brisa que mueve la copa de los árboles cerca de casa. Hay un pino, pero no tengo ni idea del nombre de los demás. Tengo que enterarme, toda la vida ahí y soy incapaz de decir a que especie pertenecen. También hay algunos arbustos y a lo lejos un ciprés, ese es demasiado especial para no conocerlo. Lógicamente casi de inmediato me acuerdo del monasterio Silos y su famoso árbol y de J.M. Gironella, un escritor catalán que rememoró la Segunda República y la guerra civil en tres libros que acabaron teniendo mucho éxito, el primero de ellos “Los cipreses creen en Dios”(*).
Acabo sentándome en el sofá y me quedo un rato mirando hacia adelante por encima del televisor, y poco después sacudo la cabeza tratando de volver a la realidad. Pero no sé qué significa para mí verdaderamente la realidad. La realidad que vivo no me gusta, pero no sé vivir otra. Me siento triste, aunque no exactamente triste, sino algo que debe andar entre la depresión y la tristeza. Más que depresión yo diría que melancolía. Me gusta ese nombre terrible, quizás porque se lee con frecuencia en la literatura romántica. Pienso en Machado y recuerdo en alta voz “melancolía de lluvia tras los cristales”. Oigo mi propia voz resonando y perdiéndose pasillo adelante.
Me decido a poner música. No quiero una música que me saque de este estado. Al contrario, quiero una música que ahonde en él, que lo traiga a la superficie. Una música que me ponga en contacto con lo que rechazo pero que sé que está ahí adentro, siempre a la espera. Por fin pongo la obertura de Las Hébridas de Félix Mendelssohn., La cueva de Fingal. Es profunda, imponente, desgarradora, impetuosa. El mar batiendo sordamente contra los acantilados. Soy yo, me digo.
Por fin puedo llorar.

(*) Pude acordarme de “La sombre del ciprés es alargada” Miguel Delibes pero no se me ocurrió. Debe ser porque detesto la caza.