miércoles, 14 de agosto de 2019

MUNDOSS

Benjamín se puso malo de la noche a la mañana. Hasta ese momento su salud había sido magnífica, hasta el punto que muchos de sus vecinos no podían evitar decirle cuando le veían “Qué buen aspecto tiene, Benjamín” o “Benjamín, cada día le encuentro mejor. Ese color. Esa vitalidad”, y cosas parecidas. Y que conste que Benjamín era una persona especial y sobre todo muy reservada, que en principio no parecía prestarse a tales familiaridades. Pero un día cualquiera, inesperadamente, nuestro hombre cambió radicalmente, una transformación súbita que alertó incluso a los menos documentados: mucho más delgado y con la tez amarillenta, lo que enseguida hizo pensar en un problema de hígado. Pero de hígado, nada de nada, pues después de los análisis pertinentes, el médico le dijo que tenía el hígado estupendamente. “Tiene usted el hígado más fresco que una lechuga” fueron exactamente sus palabras, algo a considerar teniendo en cuenta que el doctor era además vegetariano y sabía de lo que hablaba. Así que la investigación debió orientarse en otro sentido, pero fue inútil. De acuerdo con todo tipo de análisis, resonancias magnéticas, escáneres, tacs etc, Benjamín estaba completamente sano, a pesar de su aspecto de agonizante.
En plan confidencial, el médico ha informado a su familia-a la de Benjamín, claro está- que no le sorprendería que se maltratara a sí mismo. No que sufriera ataques autolíticos y se infringiera quemaduras, cortes o cualquier tipo de barbaridad por el estilo, tan frecuentes en estos enfermos, sino algún otro trastorno de difícil casuística, en su opinión casi imposible de averiguar. Se trataba sobre todo de su firme voluntad de “estar mal”, una especie de venganza frente por razones para él absolutamente desconocidas. Algo así como si con su aspecto tratara de agredir al mundo causante de su infelicidad: “no estoy de acuerdo con vosotros, así que ahora veis el estado de postración en que me encuentro y os jodéis”. Unos ataques de auténtica mala hostia, en resumidas cuentas, de los que, al menos en apariencia él era su primera víctima. El vecindario incomprensiblemente pareció aceptar su culpabilidad y para quitársela de encima está empezando a urdir un posible “ajuste de cuentas”, que haga inútil los esfuerzos del interfecto para maltratarles. La opinión mayoritaria es que para llevarlo a cabo lo mejor sería utilizar un arma blanca, a pesar de lo aparatoso del resultado, al dejar muchos restos y la necesidad imperiosa de un equipo de pintores en el lugar de autos.

MUNDOS

El mundo puede ser considerado en su totalidad como una esfera rocosa de consistencia variable, desplazándose por el cosmos a una velocidad uniforme, siguiendo una trayectoria regular alrededor de una estrella de tamaño medio, llamada Sol, mientras gira sobre si misma con una rotación también uniforme. Tiene una serie de características estudiadas con bastante precisión en los libros de astronomía, geodesia, topografía y física, aunque no sea este el lugar más apropiado para detallarlas. Destaca, sin embargo la existencia en su interior de un núcleo metálico muy denso, que origina alrededor del planeta un campo magnético intenso que repele con éxito la radiación solar, originándose con relativa frecuencia en la proximidad de los llamados polos, un bonito espectáculo de luz y color conocido como aurora boreal. En este llamativo marco tuvo lugar, un fenómeno sorprendente llamado “vida”, algo que se vio muy favorecido por la existencia de un elemento que resultó decisivo a tales efectos, y que hoy se conoce con el nombre de agua.
Los seres que por sus cualidades básicas han sido naturalmente llamados “vivos”, son unos elementos bien diferenciados del resto de la materia por algunas características estudiadas profusamente en algunos tratados de biología y otras ciencias afines, pero que aquí solo consideraremos someramente. Baste decir que casi todos tienen una característica en común, su movilidad, es decir, la facultad de trasladarse de un punto A a otro B mediante determinado sistema de propulsión propio. De todas maneras, quizás lo más llamativo de los seres vivos es que solo lo son durante un período determinado de tiempo, tras el cual pasarán de nuevo a formar parte de la llamada materia inerte, de la que salieron mediante un complicado proceso que concluyó con la creación de los denominados aminoácidos y proteínas, estudiados con detalle en los tratados de bioquímica. Y ya que lo hemos mencionado, quizás sea este el lugar adecuado para afirmar que se ha comprobado que el origen de la vida tuvo lugar con casi total certeza en el agua, mediante procesos que al parecer implican al componente magmático de los estratos más profundos del planeta. Existen otras teorías en las que se considera que dicho fenómeno ha podido ser importado a la Tierra desde el espacio exterior por medio de cometas o meteoritos.
De la misma manera, hoy en día es de conocimiento general que en dichas aguas, que componen las dos terceras partes de la superficie del planeta, viven unos seres a los que se ha dado en
denominar peces, y con los que siguiendo el razonamiento inicial, nos unen ciertos lazos aunque no resulten del todo evidentes en una aproximación a simple vista. El besugo, por razones que todo el mundo conoce, es uno de ellos. Hay que tener en cuenta para aceptarlo, que desde la aparición de la primera bacteria o de los organismos procariotas hasta hoy, han transcurrido la friolera de tres mil quinientos millones de años, a ojo de buen cubero. En el mar, que así ha sido denominada la acumulación de agua, no solo hay peces, sino que abundan otros tipos de seres de los que solo daremos dos ejemplos: mamíferos y celentéreos. El componente no acuoso es llamado tierra, y en la misma también tiene lugar en la actualidad una profusión de vida, diversificada en una enorme cantidad de especies, entre las cuales parece evidente que existimos nosotros, seres humanos, llamados así porque procedemos del “humus”, al que regresaremos una vez cumplido nuestro ciclo vital. Una de nuestras características, que se hace evidente en la mera existencia de esta hoja de papel, es nuestra facultad de escribir a máquina o similar, utensilio que pone en evidencia cualidades de orden superior que nos facultan para construir herramientas.
El ser humano, según algunos integrantes de esta especie, es al parecer la obra magna de la naturaleza, y su característica más sorprendente es su capacidad para tener conciencia de si mismo, algo que en ocasiones es motivo de grandes alegrías y en otras de profundas tristezas, momentos en los cuales, determinados de entre ellos se entregan a extraños rituales, como podrían ser, respectivamente, la asistencia masiva a espectáculos deportivos y la construcción de fonemas en determinado orden, dando lugar a la llamada poesía, muy incomprendida en bastantes ocasiones. De ninguna de ambas actividades disfrutan, por ejemplo, los rumiantes, pudiendo ser esa una de las razones por los que habitualmente los vemos pacer sosegadamente en los campos ajenos a tales aficiones, pero capaces de alcanzar un estado próximo a la felicidad absoluta, según Nietzsche. También existe una enorme cantidad de seres humanos que creen que han sido creados y mantenidos con vida por un Ser Superior al que llaman Dios, alguien al parecer extraordinario, aunque no se manifieste de ninguna manera y nadie le haya visto. Estos seres, por otro lado, imbuidos de una gran inteligencia, han llegado a pensar que, dada su superioridad, quizás la última finalidad del universo haya sido el hecho de que ellos mismos existan, concepto no muy alejado del denominado “principio antrópico”. Lo cierto es que han proliferado enormemente sobre la superficie de la Tierra, hasta el punto que, a pesar de su considerable tamaño, compiten con las prolíficas ratas, aunque quedan bastante por detrás de los llamados insectos, cuyo peso en millones de kilos es equiparable al del continente africano.
Aunque como se dijo al principio una de las características fundamentales de los seres vivos es su capacidad de movimiento, entre los hombres hay quienes deciden permanecer quietos y rehúsan realizar un gasto mínimo de energía en tal sentido. Sobre todo a cierta edad, hay sujetos
atacados de determinadas patologías, que deciden sentarse en una silla y permanecer de tal guisa hasta la hora de dormir, lo que en general no le agradecen sus allegados, pues llegan a constituirse en un incordio. Capítulo aparte merecen dos subtipos, los catatónicos y los encamados. Los primeros, sujetos a procesos mentales internos de difícil casuística, han decidido no moverse en absoluto y, normalmente, mirar a un punto fijo con la mente abstraída vaya usted a saber donde. Los segundos se han hecho fuertes en la cama, de la que no se mueven, y aunque haya profesionales que les tachan de deprimidos profundos, hay quienes lo aprovechan para llevar una vida fecunda dedicada a la escritura y los juegos de azar. Finalmente existe otro tipo, por lo general enmascarado entre el público general, que se dedica a la contemplación, y con cierta dedicación es posible verlos en terrazas, cafeterías o lugares adecuados, contemplando sus alrededores con verdadero interés. Entre ellos destacan los oteadores de horizontes, empeñados en que su contemplación acabará retribuyéndoles de alguna manera, como si tras el mismo, improvisadamente, pudiera tener lugar algún tipo de parusía o el advenimiento de lo que llevan esperando largo tiempo, sea tal cosa lo que fuere. El mundo, sin embargo, parece permanecer ajeno a estos pormenores y no se desvía lo más mínimo de su eclíptica, sabedor posiblemente de la inutilidad de los cambios de trayectoria, aunque los electrones dentro del átomo no sean de la misma opinión.

GALLINAS

Ulpiano come huevos todos los días de la semana en cualquiera de sus formas: fritos, duros, al plato o escalfados. E incluso en arroz a la cubana. Pero lo llamativo es que cada vez que lo hace, después de haberlos comido cuando el camarero le retira el plato, él indefectiblemente le dice muy serio: “hay que felicitar a la gallina”. Y si no lo dice, malo. Quiere decir que el ave no se ha esmerado, y el producto de sus desvelos no estaba a la altura que era de esperar. Y eso sucede una de cada veinte veces, por decir un porcentaje aproximado. El camarero, que es a la vez uno de los propietarios del establecimiento, de vez en cuando para corresponder a tan amable cliente, le presenta poco después a la gallina, que trae en brazos desde el corral, no demasiado lejos de la cocina. Algunas veces, afortunadamente pocas, la ponedora llega bastante alborotada y llena el local de plumas y excrementos, lo que el resto de comensales no parece dispuesto a consentir así como así. A raíz de una de las últimas ocasiones, el camarero ha aconsejado al comedor de huevos que cambie de menú, ofreciéndole como sustitución ragout de ternera, especialidad de la casa, y dorada al horno. Ulpiano lamenta en su fuero interno el cambio, porque si el ragout está bueno va a ser imposible, que el camarero le presente al animal de procedencia, aunque no descarta una pecera en plan simbólico. Dicen que las gallinas desde entonces van a sentirse muy ofendidas y es posible que hagan una huelga de huevos, valga la cacofonía, algo después de todo no tan importante, pues a partir de ese momento podrán aumentar las pepitorias y los caldos de ave, muy ricos como todo el mundo sabe con un chorrito de jerez.
TOLERANCIAS
Efrén empezó a tomar valium a los ocho añitos, de resultas de unos ataques muy feos que el médico especialista no supo tratar de otra manera. El niño se ponía insoportable y no atendía a razonamientos de ningún tipo. Desde “Mira Efrensito, te tienes que portar bien porque de no ser así Jesusito se va a poner muy triste” a otros más enérgicos como “Mirá Efrén, dejáte de boludeces si no quieres recibir un par de buenas hostias”, que le decía su padre, madrileño recriado en la Pampa. Pero todo inútil, al niño pronto hubo que subirle la dosis y a los quince años ya se trajinaba una cajita con cincuenta comprimidos por semana. Él llegó un momento que llevado por su entusiasmo adictivo exclamaba tras cada toma “¡Y además están muy ricos!”, refiriéndose, como es natural, a lo único que le tranquilizaba. Es lo que ha sido calificado desde entonces por los profesionales de la salud como “Una terapia como es debido, tolerancias aparte”.

A SABER

 JA

Vivo en la zona norte de Madrid, una de las mejores de la ciudad. Estoy jubilado y cobro poco más de dos mil euros al mes, después de haber cotizado al máximo desde los veinte años. En estos tiempos que corren soy en buena medida un privilegiado. La mayoría de jubilados cobran menos, y de hecho incluso mucha gente, aún trabajando, también. Y tienen a su cargo hijos u otros familiares, que no es mi caso. A dos kilómetros de mi domicilio está situada una urbanización llamada La Moraleja. No tengo datos fiables pero por los signos externos (chalets, jardines, personal de servicio, vehículos, etc) supongo que esas personas no pueden vivir con menos de unos diez mil euros mensuales. A dos kilómetros al sudoeste hay otra urbanización más moderna de similar categoría, llamada Conde de Orgaz, en la que las características deben parecidas a la anterior. A menor distancia, sin embargo, hay otras aglomeraciones de viviendas muy diferentes. Una de ellas forma el llamado barrio de Manoteras, y no demasiado lejos el conocido con barrio de la UVA.
Vivo en un piso de alquiler de de setenta metros cuadrados de superficie, por un precio bastante económico por razones que no vienen al caso, siendo la principal el hecho de en su día haber tenido suerte (mediante oposición, en todo caso), y haber sido funcionario del estado en una época en la que de alguna manera se les protegía (bien o mal hecho, en eso no me meto) para compensar otros déficits. Después de todo, no teniendo ya a nadie que dependa de mí, soy un afortunado. Supongo que en Manoteras y en la UVA hay gente que podría envidiarme, aunque con toda seguridad pensarán que en las otras urbanizaciones mencionadas más arriba están en una situación mucho mejor. Teniendo esto en cuenta y suponiendo que buena parte de la gente a la que me he referido no llegarán a percibir el sueldo que yo tengo, algunos poco más y la mayoría menos, me digo que en este país no hace falta compararnos con otros como Sudán, Burundi, Malaui, Eritrea o Haití (por solo mencionar a algunos). La desigualdad está aquí mismo, solo tiene usted que abrir las ventanas de su casa y mirar. Es posible que quienes habitan en las zonas residenciales que he mencionado sean gente de mucho nivel o gran categoría profesional, no tengo datos, aunque me atrevo a opinar que más que de eso se trata de personas que se han beneficiado de su patrimonio familiar (llámelo herencia) o que en el sistema que vivimos han rentabilizado un capital que posiblemente ganaron en buena lid. Yo tengo dos carreras superiores o que podrían llamarse así (los curiosos serán bienvenidos), pero tal cosa no ha hecho que en mis mejores momento ganara mucho más que en la actualidad. Y doy gracias, que conste. Posiblemente no hice lo que hubiera debido para estar mejor. Debe ser por lo tanto otra cosa lo que ha hecho que los individuos que habitan en esos lugares privilegiados (y muchos otros) hayan llegado donde están. Y permanezcan ¿No habrá gente parecida en Manoteras o la UVA? Seguramente no, aunque si buscamos con cierto empeño, es posible que entre ellos encontremos a gente cualificada o con carreras superiores. O que llevan toda una vida matándose a trabajar ¿Qué pasa entonces? Es muy sencillo: vivimos en un sistema en el que lo verdaderamente importa es el dinero que usted tenga, trabaje usted o no. Sea usted Einstein o un auténtico cretino. Esa es la pura realidad. Sí, ya sé, el sistema comunista no funcionó. Tranquilo, no se trata de salir la calle a pegar fuego a los contenedores de basuras y mucho menos a las iglesias. Ni de asaltar los supermercados. Además la policía está ahí para algo y suele cumplir rigurosamente con su cometido. Faltaría más, después de todo, son funcionarios. En cualquier caso, insisto: yo no me
quejo porque soy un privilegiado, pero no un idiota. ¿No habrá otra solución para que las diferencias no sean tan hirientes? El mercado se autorregula mediante la mano invisible. Ja!

EL RIO ME DICEN

Me dicen que soy demasiado viejo para recordar,que el recuerdo no es sino una fantasía que uno cree haber vivido.Y que la fantasía es cosa de jóvenes,y que por lo tanto lo mío solo es un desvarío.La vida es suficientemente larga y dura para que al echar la vista atrás,creamos percibir lo que en el fondo sólo imaginamos.Eso me dicen.Nos parece que una vez nos sucedió tal cosa y que otra vez nos sucedió tal otra,pero rara vez lo que evocamos coincide con lo que realmente pasó,si es que pasó algo.Forjamos en nuestra cabeza,dicen,mundos que probablemente no existieron,y si lo han hecho fue de forma bastante diferente a como nos parece.Rara vez un recuerdo propio resiste la comparación con el de alguien que vivió una situación objetivamente similar.Y,en ocasiones,ni siquiera se trata de matices.¡Cuántas veces nos cuentan acontecimientos personales que no recordamos en absoluto ó vemos la cara de perplejidad del otro totalmente ajeno a lo que acabamos de decirle de sí mismo!.
Hablaba el otro día con alguien-¿lo habré soñado?-,a quién trataba de recordar aquellas tardes de verano,en las que,siendo aún niños,nos perdíamos entre los juncos a la orilla del río pescando y persiguiendo a los patos.Recuerdo con toda claridad aquél recodo en el que el río dibuja una ballesta y se aleja.Era allí donde jugábamos entre los cañaverales con otros amigos,aún puedo percibir el olor húmedo y acre del barro en el que nos encharcábamos,las carreras agitadas persiguiendonos,los gritos,las peleas.
Pero todo en balde.Para él,el río nunca exitió.No recuerda las aguas agitadas un poco más arriba,de las que le hablo,precipitándose hacia el valle,dónde pescábamos truchas los fines de semana,acompañando a mi padre.Es inútil,lo niega ,y me hace pensar si no habré urdido esta historia en mi mente porque me parece algo bello que debía haberme sucedido,pero que no sucedió.Y me asusto,pues si no soy quien pienso ¿quién este pobre viejo que mira por la ventana el sol que declina?.Pero lo recuerdo tan vívidamente que me cuesta trabajo creer que todo es mentira,como él me dice,que solo se trata de un invento mío para acompañarme en los momentos de soledad,ahora que somos tan mayores.No quiero creerle pero no tengo la posibilidad de verificarlo por terceros en mi situación, y estando tan lejos.No puede ser falso el recuerdo preciso de la caña,el sedal,la lombriz,la mosca,el aparejo,la cesta de mimbre.¡Fantasías! dice él,y se aleja con gesto preocupado por el pasillo de la Residencia,meneando la cabeza,y perdiéndose en el contraluz del salón del fondo,a dónde se dirige cada tarde a estas horas para ver la televisión,un viejo aparato destartalado en el que las Hermanas nos dejan ver telenovelas y documentales.Nada de información,dicen,que solo cuentan falsedades.

DATOS

A José Antonio Villegas le llaman el Datos. Es un hombre muy cultivado y con dos carreras superiores, y es posible que alguien suponga que se le llama así por ser en resumidas cuentas un hombre con la cabeza llena de información de todo tipo. En resumidas cuentas “con muchos datos”. Pero no se trata de eso para nada. El asunto es bastante más simple, y cualquiera que esté con él más de diez minutos lo podrá corroborar. Le llaman de esa manera porque en cualquier conversación o en un simple intercambio de pareceres, enseguida suelta “perdone que no opine porque me faltan datos”. Creo que esto lo deja suficientemente claro, aunque siempre quede la duda de si dice lo que dice, porque es un hombre honesto y riguroso consigo mismo, al que no le gusta hablar por hablar, o si verdaderamente es un tanto tímido e introvertido, o peca de suficiencia y en el fondo es un pedante. No dando su opinión sobre casi nada: no se compromete con un punto de vista que podría comprometerle. Por ejemplo, por sus maneras, y su atuendo siempre impecable, parece un hombre de orden y por lo tanto posiblemente de derechas, pero algunos gestos y cierto aire rufianesco en ocasiones, podrían desmentirlo y convertirlo en un hombre claramente izquierdista y hasta anti sistema. O incluso con una indudable veta anarquista. Pero no tratan de ser conjeturas de la gente que de ese modo trata de penetrar en el misterio de este hombre singular, que a pesar de vivir en este barrio durante épocas sigue siendo un misterio que los demás quisieran desvelar definitivamente. Un dato cierto de su forma de vida y por tanto de su significado es que de vez en cuando aparece del brazo de una señorita ya talluda que suele venir de afuera a vivir con él por temporadas. Al parecer se trata de una española que vive en Francia ya hace mucho tiempo, sobre la que corren varios rumores, sobre todo uno un tanto inquietante, y es que más allá de su aspecto de cabaretera retirada (está todavía de muy buen ver y con unas curvaturas geodésicas) se la achaca formar parte del hampa de parís o Marsella, y si no exactamente del hampa, sí de algunos grupos radicales que de vez en cuando se han relacionado con los bajos fondos y hasta ciertas acciones terroristas. Esta mujer añade por lo tanto un punto más a la incógnita que supone José Antonio Villegas, y aumenta el misterio del que venimos hablando reiteradamente. Con datos o sin ellos, resulta evidente que es un tipo inquietante que cada vez más muchos tratan de evitar, pues no se sabe que hay detrás de él a pesar de parecer alguien bien integrado en su comunidad. Se pueden hacer las suposiciones que se quieran, pero si uno es honesto, tendrá que acabar confesando, que para ello le faltan datos.

miércoles, 7 de agosto de 2019

DESPERTARES


Se despertó en el preciso momento de bueno usted ya sabe.
El rencor se alimenta de sí mismo, se autofagocita y perdura.
El perdón por el contrario se alimenta del aire. Es anoréxico y así le va.
Les diré algo que les va a conmover. Son ustedes unos hijos de puta pero les amo.
La puerta se abre fácilmente para uno u otro lado con total indiferencia, pero siempre presume de estar cerrada.
El juego consistía en unos para aquí y otros para allá. No hay sin embargo pelota o es dudosa.
La profesora llegaba, nos miraba y decía pues ustedes sabrán. Pero les juro que no lo sabíamos.
El ventilador gira con una indiferencia hecha de puro aire, pero nosotros agradecíamos su desamor desde lo más profundo de nuestros corazones e incluso de nuestra epidermis.
A esas horas de la noche nada tenía sentido. Solo el amanecer a saber cuándo.
Nuestro amor está hecho de puras palabras. Nuestro silencio también, valga la paradoja.
Hemos de dar fin a este desencuentro. Asesíname de una vez por todas, muéstrame al menos tu buena voluntad.
Éramos tres y charlábamos hasta el alba. Luego llegaba el sol y se encargaba de nuestros esqueletos, pero no los contaba.
Están ahí sin pedirme permiso. Me habitan y desde luego me alimentan los muy hijos de puta. Llámalos dientes.
Cae la lluvia mansamente sin atender a razones. Sin ni siquiera voluntad de caer. Lluvia estrictamente lluvia por lo tanto cuando yo esperaba otra cosa.
En algún momento habrá que terminar, dijo, y sacó la pistola. Luego usted ya se imagina, pero no hubo disparos.
Ese placer del vino desciende por donde lo hacen todos los alcoholes cuando la herida también lo merece.
Llegaste como siempre y como ninguna vez supe de un odio hecho de todos los días sin saberlo.
El niño jugaba absolutamente ajeno a un futuro plagado de muertes ajenas. Ajeno el niño por lo tanto a sí mismo.
Te espero y te juro que tendrás lo tuyo, te lo mereces. Solo tus ingles podrán averiguarlo poco más tarde. Imagina si no se trata de idiomas.
Ya basta, ya basta, gritaba el desgraciado, pero quería más y nunca tenía suficiente. Su grito era una súplica y él lo sabía. Y yo también, pero no se lo daba.
Esto mira, coge todo derecho y no hagas caso a las indicaciones en uno u otro sentido. Tú sigue recto, créeme. El barranco siempre está al fondo.
En la fotografía casi todo es redundante plagada como está de desconocidos y por lo tanto a mí qué va usted a contarme.
Bueno, las cosas no siempre tienen que terminar de la misma manera. Con un poco de empeño, incluso cada vez pueden comenzar, si es que tal cosa supone una diferencia, por supuesto.
Pienso en ti esta madrugada en la que sin duda duermes ajena a mis pensamientos. O quizás me sueñas y soy más real que tú misma a mi lado, que de eso nada de nada.
Tu cara, tu pelo, tus ojos, tu mirada. Todo está hecho de ti, pero ya se sabe que yo soy un romántico incurable y sobre todo un poeta. Vete tú por lo tanto a saber de que hablo cuando hablo. Puras palabras, metáforas. Tropos. Nunca se sabe.
La desestructuración de los paramentos supuso para los edificios una quiebra en sus fundamentos más inalienables, y se vinieron abajo con un estrépito horrísono los conceptos más elaborados de la filosofía presocrática, con todo lo que ello supuso asimismo para la civilización occidental. Buda aparte.
Ha llegado el momento. De qué ya es otra cosa. No en vano, permanezco en el lugar me ha sido asignado por quien espera de mi algo más que buenas intenciones. Pero el momento ha llegado, repito, y en esa tesitura quien sabe si me levanto y por fin.
Soy partidario de las conclusiones sin solución de continuidad. Uno empieza y persiste en su labor ignorando lo que pueda echársenos encima. Los tigres de Bengala en cualquier caso no son habituales por estas latitudes, y de otros felinos no se tiene noticia. Y los gatos son adorables cuando no bufan.
Encantado de conocerle y adiós muy buenas, fue siempre su tarjeta de presentación. Nunca se despedía,  o esa era al menos su opinión.
España es una unidad de destino en lo universal, teniendo en cuenta que con tal afirmación nos ceñimos al planeta Tierra, y no consideramos en absoluto otros rincones del sistema solar ni de nuestra galaxia. Y Andrómeda nos coge un poco a desmano. Y me callaré el cinturón de Kuiper y la nube de Oort, no sé si está usted informada.