lunes, 16 de abril de 2018

REFRANERO ESPAÑOL (actualizado)


Al pan, pan; y al vino, vino, aunque no venga.

Allí donde fueres haz lo del viernes.

A buen hambre, no hay pan duro ni bimbo que se resista.

Ande yo caliente, ríase Vicente.

¿Dónde va Vicente? donde esté caliente.

Año de nieves, año de bienes o te quedas.

Aprendiz de mucho, maestro de nadar a braza.

Antes de mil años todos clavos de Cristo.

A la chita callando, sobre todo Tarzán.

A manos frías, corazón caliente. Y  lo otro más.

Agosto frío en rostro, sobre todo en Argentina.

A falta de pan, buenas son tortas. Incluso hostias.

A grandes males, grandes remedios (Amaya).

A caballo regalado no le mires las mientes.

A la cama no te irás sin saber una cosa más o menos.

Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija (cipreses aparte).

Al revés te lo digo para que me enciendas.

Mal de muchos, remedio de troncos.

Quien bien te quiere te hará llorar, hijo de puta.

No por mucho madrugar amanece más temprano, con perdón.

No hay dos sin tres catorce dieciséis: pi.

La verdad siempre está en boca de los niños no mudos.

Adenda:

Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania esdrújula. No lo dijo Rubén, pero casi.

viernes, 13 de abril de 2018

ESCOMBROS


Nunca volveremos a vernos siempre jamás.

Eras tú y si embargo qué.

Tu boca, tu pelo. Tu inexistencia también.

Volver a empezar. Para qué no importa.

Dame la mano y vayamos donde quien sabe.

La melancolía de aquella botella de champán, mentías.

Habíamos vivido y sido felices: tuviste que escribirlo.

Siempre estarás en mi memoria desquiciada por los atardeceres.

La desesperanza se agazapa en los calendarios. Siempre espera.

Recuerda el amor, los niños, el verano. Vive, regresa.

Hablas pero las palabras vuelan y solo tu silencio permanece.

La laxitud de mis neuronas. Solo se trata de eso.

Ponte en camino. Da la espalda a los escombros.

Vana es la esperanza del león sin dientes.

Mira tus manos y alégrate. Podrían ser otra cosa.

Me tratas como a un extraño pero siempre amanece.

Me colma una soledad solo debida a mí mismo.

Despierta: llueve una finísima lluvia de soles diminutos.

Un puñal en la espalda, dices. Huir no era una opción aconsejable.

Me levanto, camino, hablo y me alimento. Acaso existo.

Cae el telón. La curvatura del espaciotiempo aumenta.

Tener un hijo, escribir un libro, plantar un árbol. Olvidar los maremotos.

Un mundo de vírgenes ¿qué mundo entonces?

La ceniza no existe. El fuego es mentira, dijo el australopiteco.

VERGÜENZAS


La vergüenza era algo es algo totalmente ajeno a los criterios que Ildefonso manejaba para comportarse, cosa que cuando estaba solo en casa y andaba en cueros de aquí para allá no tenía mayor importancia, pero que le metía en serias dificultades cuando iba de visita o recibía en casa y trataba de aliviarse (en el amplio sentido del verbo) por encima de cualquier objeción posible de cualquier tratado de urbanidad al uso.

Aquél tipo siempre actuaba de una manera desconcertante para cualquiera que le tratase, sobre todo si no le conocían personalmente. Por ejemplo, si alguien le comentaba el tiempo tan desapacible que estaba haciendo, podía responderle que la cosecha de aceituna en el campo de Antequera no tenía demasiado que ver con los fenómenos meteorológicos, por decir algo solo medianamente coherente. Sus más allegados, y en general quienes le conocían bien se abstenían de dirigirse a él por otro método que no fuera por señas, lo que inhibía sus reflejos divagatorios y hacía que se abstuviera de cualquier comentario o se alejara avergonzado.

La extraña costumbre de Venancio de ponerse gafas para dormir sorprendió mucho a su mujer Verónica cuando empezaron a convivir, y como es natural, a dormir juntos. Se lo dijo enseguida creyendo que se trataba de un despiste o una broma, pero se quedó estupefacta cuando su marido le aseguró  que lo hacia para ver mejor sus sueños, pues soñaba mucho. Cuando Verónica, inquieta por la salud mental de su marido, insistió en su extrañeza, porque además todas las mañanas las gafas aparecían por el suelo o entre las sábanas, Venancio no tuvo ningún inconveniente en contestarle que no debía preocuparse porque iba a asegurárselas mediante una goma alrededor de su cabeza, lo que hizo que sorprendentemente Verónica diese por terminado lo que a sus amistades más próximas calificó como un incidente sin importancia.

Las biografías del insigne escritor bonaerense Jorge Luis Borges no cuentan una anécdota que finalmente ha desvelado su viuda mucho tiempo después del fallecimiento de su marido. Al parecer durante una tournée por Europa en la que Borges dio una serie de conferencias con motivo de la publicación de sus obras completas y las raíces anglogermánicas de su prosa, sucedió que tras la que tuvo lugar en la universidad de Valladolid, se le acercó un tipo con muy buen aspecto, embutido en un terno con pajarita, que apenas podía contener la evidencia un cuerpo de atleta,  que le espetó a bocajarro que lo que verdaderamente valoraba más de su obra literaria era su componente erótico, por más que Borges se hubiera empeñado en ocultarlo con una gran profusión de tropos, figuras literarias  y retóricas enmascaradoras. Y para celebrarlo le propuso una cita aquella misma noche en la habitación del hotel, donde procedería darle por el culo con fervor delante de su mujer. Con un fervor de Buenos Aires concluyó, para que el autor viese que se trataba de un conocedor in extenso de su obra.

CATÁLOGOS


El catálogo decía así: se venden todo tipo de mercancías excepto precisamente aquellas que a usted le harían feliz. Fíjese que contrasentido con el concepto habitual del marketing y qué ganas de joder.

Rigoberto no conocía a nadie que no respondiera precisamente a ese nombre. Y si por casualidad lo conocía, se despedía de inmediato deseándole buenos días o noches, pero nunca en función de la hora sino de un impulso aleatorio absolutamente aleatorio, claro está.

Para leer, Fermín apoyaba la cabeza en el respaldo de su sillón preferido o de los almohadones de la cama, si las ganas le cogían acostado, pero siempre con la condición de que el ángulo de su cabeza con cualquiera de los mismos fuera exactamente de diecisiete grados. Fermín leía poco: es fácil de comprender.

Sus arrebatos le sorprendían en los lugares menos previsibles, y no se tenían datos de qué factores externos podían desencadenarlos. Quizás un ligero malestar en su pituitaria provocado por una atmósfera excesivamente recargada por aerosoles de perfumes o desodorantes. O vaya usted a saber. Aunque no deja de ser significativo que la mayoría le asaltaran en la sección de lencería y ropa íntima de señora de El Corte Inglés.

A las tres y media en punto de la mañana se despertaba e iba al baño con una exactitud kantiana. Lo sorprendente del caso es que con frecuencia aprovechaba la ocasión para hacer una tabla de gimnasia de intensidad media/alta, por lo que a continuación se duchaba con agua y jabón e incluso en ocasiones olvidaba completamente el objetivo principal de haberse levantado. Hay que decir que Julián es muy disciplinado pero antojadizo y que su problema de próstata es leve.

Por qué María de las Mercedes solía interrumpir cualquier actividad y ponerse a planchar de inmediato, es algo que jamás logró averiguar su terapeuta. El caso es que tal cosa sucedía y que el problema no solo consistía en que en esos momentos no tuviera plancha o se hubiera ido la luz, sino que sus prontos siempre la sorprendían fuera de su domicilio y es fácil de imaginar el guirigay que solía organizarse cuando se empeñaba en hacerlo por encima de cualquier cosa y le pesara a quien le pesara. E incluso, sin demasiado sentido, añadiendo que lo haría “por encima de mi cadáver


ASINTOTAS

A)

La percepción asintótica de las emociones es equivalente al desarrollo tangencial de las estructuras disipativas de los axones. Valga la matización.

La organización reticular de la conciencia es directamente proporcional a la implementación de la idea de Dios en el primer Spinoza, cuando se levantó airado y dijo basta.

La floración de los almendros en los parques de Kioto en pleno mes de Febrero, es coincidente con la de la misma especie de árboles en el pueblecito madrileño de Cercedilla. Salva sea la distancia y el prestigio de los almanaques de las oficinas de turismo japonesas.

No todo lo dicho describe con precisión el sistema completo de la conciencia de quien lo expresa, sino que solamente supone una aproximación a la estrategia comunicativa de las sinapsis del lóbulo prefrontal en su cerebro de homo sapiens de tipo medio.



B)


José María Albuquerque Cienfuegos, marqués de Albuquerque y perito agrónomo, se dedicó toda su vida a la cría caballar y la fontanería, hasta que por un desgraciado accidente se prendió fuego en su cocina y murió como consecuencia del incendio subsiguiente. Nada que ver, sin embargo, con su segundo apellido.

Maite Aguirregoaga Somarriba falleció como resultado de una caída desde el rellano del primer piso de la escalera de su casa de campo ubicada en el señorío de Matalascañas . Muy lejos por lo tanto del familiar, sito en Vizcaya, como cualquiera medianamente avispado habrá podido deducir una vez enterado de su primer apellido.

Félix Apellániz Benavente, párroco que era de Villaporquera, dejó este mundo en dudoso olor de santidad a poco de terminar la misa de doce en la ermita del valle del mismo nombre. Las causas aún no se han podido precisar con certeza, pero se achacan o bien a los efluvios de una fábrica de celulosa de las cercanías o a los de la gran cabaña de ganado porcino de la zona, como claramente indica el nombre del pueblo.

El pasado siete de marzo, la quietud de la noche angustió sobremanera a Ernesto Pi Casares, integrante de una banda de música militar, que para combatir tal desasosiego, recurrió a tocar el tambor y el cornetín a las tres de la mañana, satisfaciendo de tal manera a sus trompas de Eustaquio y obteniendo una aceptable tranquilidad. Y desde luego, el enojo desmedido de sus vecinos, que hasta esos precisos momentos le consideraban un buen amigo.

Ernesto Martínez Esparducer-Damborenea y González Galloso es de la opinión que lo bueno si breve dos veces bueno, como por otro lado sabe sobradamente todo el mundo que que haya tenido que escribir sus apellidos de una sentada.



sábado, 31 de marzo de 2018

Z dos


Z, han llegado afirmar sus más allegados, hubiera preferido llamarse X o Y, porque de hecho le molesta ser siempre la última. Sin embargo, afirma con rotundidad que por nada del mundo le hubiera gustado llamarse K y ser checoslovaco.

Z lee con frecuencia (con la frecuencia que le permiten el hecho de pensar y caminar, sus actividades preferidas), pero confiesa que al final no se entera de nada porque no lee de corrido, sino aleatoriamente. No se entera de nada, pero insiste en que le da mucha risa.

Z, con más frecuencia de la que desearían sus familiares, no abre la boca o la abre con demasiada frecuencia, explayándose con unos soliloquios sin sentido, que hacen que quienes le acompañen le acaben dejando solo en cualquiera de ambos casos, algo que todos consideran una lástima, pues cuando deja de hacerlo, resulta una persona muy razonable, que mantiene unas conversaciones muy interesantes consigo mismo, haciendo dos voces perfectamente diferenciadas.

Z consulta con frecuencia las enciclopedias y los diccionarios, y en determinadas épocas del año hace eso en exclusiva. Para ello armado de papel y lápiz, apunta todas las palabras que encuentra aleatoriamente y piensa en ellas con profundidad tratando de captar su auténtico significado, aunque haya que puntualizar que para ello se fija especialmente en su caligrafía y el número de consonantes.

Z se llama efectivamente Z, por raro que pueda parecer. No obstante, en algunas ocasiones, y especialmente cuando dice presentarse de incógnito, se hace llamar X con mayor propiedad, algo después de todo perfectamente comprensible para quien tenga idea de lo que es una ecuación, aunque sea de primer grado.

Z cuando no ingiere bebidas espirituosas, dice llamarse Juan, José o Joaquín. De hecho, cualquier nombre que empiece por J, pero jamás solo J, por razones que solo a él alcanzan. Las apreciaciones al respecto que puedan hacer otras personas le tienen sin cuidado, y no dejan de ser conjeturas sin sentido, dice él, remarcando sospechosamente la j.

Z (zeta)

Z se levanta todas las mañanas y lo primero que hace, aparte de las rutinas habituales, es ponerse el sombrero. Luego baja a la calle y manifiesta a quien quiera oírle que no sabría vivir de otra manera, aunque una posible solución sería, añade poco después en tono escéptico, ponerse una boina.

Z escribe a deshoras, lo que quiere decir que lo hace precisamente en los momentos que no debería hacerlo, pues no le apetece en absoluto. Posiblemente esa fuera la disculpa que pondría en caso de no vender ningún libro, si por fin se decidiera a publicar lo escrito, claro está.

Z piensa demasiado. Eso es al menos lo que le dice un psicoterapeuta al que ha acudido por sus supuestos problemas, consistentes por cierto en que, según su parecer, piensa demasiado, y en ese sentido ambos están de acuerdo. Los cien euros de los honorarios de la consulta para tan magro resultado son otro cantar, dice él al despedirse.

Z, al tiempo que piensa en exceso, no deja de caminar. O viceversa, que no está tan claro, pues hace las dos cosas simultáneamente, y no hay manera de averiguar cual de ambas actividades precede a la otra. El hecho de bracear le tiene sin cuidado.

Z, en resumidas cuentas, es una persona problemática, y aunque se queja de sus dificultades, muchos son de la opinión de que en el fondo, se siente orgullosa y se califica a sí misma como una persona complicada pero muy interesante.

Z acude a la orilla del río con tanta frecuencia como es capaz, es decir, todos los días a no ser que esté lloviendo a mares, dado que vive a escasos doscientos metros del mismo. Hasta tal punto es esto cierto, que cuando baja crecido ni siquiera tiene que moverse del salón de su casa por razones fácilmente comprensibles.

Z, en opinión de quienes le conocen bien, es un experto nadador, algo que no es de extrañar si se tiene en cuenta lo dicho con anterioridad. De hecho, cuando hace buen tiempo es frecuente  verlo en el agua. El que solo haga el muerto  o nade estilo rana no dice nada en su favor, pero en su opinión, no tiene ninguna importancia.