jueves, 29 de marzo de 2018

ABSOLUTOS


Uno, dos, tres. O nada en absoluto.

Ese ser que me habita cuál.

Pensar lo impensable siquiera unos gramos.

Te (lo) diré por fin: por-fin.

La noche amenazante ayer sobreviví.

No es posible decías, pero tampoco.

Hay algo en ti indescifrable llámalo equis.

Llegará el momento en que si acaso.

Llegarán las oscuras gabardinas, sardinas. Bueno: eso.

Cállate de una vez y dime amor.

Asurpanibal no, pero los elefantes llegaron a Roma.

No es enano ni siquiera gigante.

Tengamos las cosas claras: apaga la luz.

Amanece a todas horas el sol luminiscente.

España inveterada. No fue Ortega.

No hay mal que por bien no ¡venga ya!

Les das la mano y te cogen el antebrazo.

Quizás todo suceda en absoluto.

Decir que el día se presenta abstruso es decir qué.

Discutir por un quítame allá esas pajas quizás vigas.

Los esfuerzos baldíos, sí, pero no calvos.

Te lo diré por última vez quizás mañana.

Pasa la vida, las locomotoras agonizan.

La lluvia cae con la mansedumbre de los bueyes ingrávidos.

Los muelles son otra cosa. O dos.

Será preciso no obstante sin embargo.

 Me aturde ese clamor hecho de monosílabos.










GILIPOLLECES A GRANEL


Un día sin venir a cuento, Ernesto Gómez Moratinos se dijo para su  fuero interno ¿pero yo quien coño soy? Y no hallando respuesta, abrió la ventana de su habitación y saltó al vacío, lo que como es de suponer hizo que al día siguiente su familia al completo vistiera de luto. E incluso que la mayoría pensara, también para sus adentros, que lo que había sucedido cabía dentro de lo normal, porque Ernesto estaba como una chota.

Un día de manera absolutamente imprevista, Ernesto Jiménez Sandoval se dirigió a su amigo íntimo Lucas Papadopoulos Ramírez y le dijo ¿y usted quien coño es? Este, como es natural, no se entretuvo en darle explicaciones, y simplemente le contestó: “un primo de su puñetera madre, no te jode”. A lo que a su vez, Ernesto con una amplia sonrisa respondió: “Ah, entonces, bueno”.

Un día cualquiera los vecinos de Ernesto González-Dip se dieron cuenta de que este solo decía gilipolleces. Por ejemplo: “¿y por qué mañana no nos vamos todos de acampada?” o “¿y por que no organizamos una timba ahora mismo?” Al principio la situación se hizo bastante tensa, pues no es fácil vivir en las proximidades de un aventado, pero pronto se dieron cuenta de que Ernesto volvía de inmediato a su ser si se le respondía ¿y tú por qué no te vas a tomar por el culo pero ya?

Un día por la mañana a las diez y veinte en punto, a Ernesto Fernández Dovizioso le dio por mirarse las manos con arrobo y exclamar “¡es que son verdaderamente hermosas aunque me hubieran gustado aún más si tuvieran membranas interdigitales!” para a continuación caer en un mutismo absoluto hasta dos horas después, momento en el que volvía a repetir la frase exactamente lo mismo pero en pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo.


sábado, 17 de marzo de 2018

MERCERÍAS


La verdadera historia de Isaías Pérez Berrocal, alías Rasputín, nunca se ha llegado a saber con el detalle que sus admiradores agradecerían. Se sabe, eso sí, que su apodo, que se hizo famoso al poco de subir a los escenarios, era debido precisamente a todo lo contrario de lo que podría suponerse, es decir, a que era totalmente barbilampiño. Ni un solo pelo en su supuesta barba. Claro que eso justificaba su voz de vicetiple, o si se quiere ser más culto o estrictamente melómano, castratti. Que de castratti nada, si uno da pábulo a los rumores y leyendas que por aquella época circularon en torno a su apabullante masculinidad. De hecho se ha llegado a afirmar que no hubo obra en la que interviniese en la que la soprano, la mezzo soprano, la contralto o cualquiera de las chicas del coro, si lo había, no se llevase buena muestra de ello. La forma ya es otro cantar, aunque tampoco hay que hacer un esfuerzo desaforado para imaginar las variaciones posibles. E incluso hay quienes llegan a afirmar que el tenor, el barítono o el bajo en más de una ocasión también se llevaron lo suyo.
                               Por otro lado, con independencia de sus actividades musicales, Rasputín llevaba una vida licenciosa que ocultaba escrupulosamente. Acudía puntualmente a todos los ensayos y cada vez que era requerido por la orquesta, la acompañaba en sus frecuentes giras por el país, pero nada más. Con sus compañeros mantenía una relación estrictamente profesional a pesar de lo dicho más arriba, pues cuando las cosas tomaban otro cariz, siempre dejaba claro que él era una persona que se limitaba a cumplir con sus relaciones de una forma exclusivamente mecánica, lo que le causó algunos problemas de celos, especialmente cuando sus devaneos implicaban un cambio de género. Por poner un ejemplo: pasar sin previo aviso de la contralto al barítono o viceversa. Se sabe que en las largas temporadas que permanecía sin actuar (hay que tener en cuenta que su tipo de voz tan especial solo era requerida para ciertas obras), regentaba un club de alterne ubicado en pleno barrio chino de la capital llamado “El lagarto azul”, en el que aparte de ejercer como patrón, se vestía todas las noches de señorita con mucho éxito, utilizando cuando era menester un pequeño apartado, en donde atendía a sus admiradores y admiradoras de la misma manera que lo hacía en las bambalinas y los camerinos de los auditorios y los teatros. Ni que decir tiene que el utensilio del que se valía para ello era objeto de minuciosos cuidados, pues si bien la función hace al órgano, como solía repetir, a éste no había que descuidarlo, y era tratado con la mayor benevolencia con aceites y ungüentos perfumados, netamente visibles en las repisas de sus toilettes.
                            Su vida, por lo tanto, transcurría sin mayores dificultades, pues a pesar de los devaneos tan habituales en su quehacer, conseguía mantener un orden escrupuloso debido a una estricta disciplina, consecuencia sin duda de las características de su temperamento, y posiblemente de las virtudes adquiridas en el servicio militar, en el que desempeñó el papel de  ordenanza a las órdenes directas del Coronel Padilla, del que a estas alturas solo se sabe, según dejó por escrito, “un hombre con un imponente mostacho color tabaco y unos ojos verdes increíblemente bellos” (sic). Y que cada cual saque sus propias conclusiones. Las mías, sin ir más lejos, son que aquello fue una magnífica puesta a punto para su futuro inmediato, si excluimos el asunto de su voz. Creo que se me entiende.
             El problema de verdad para Pérez Berrocal surgió precisamente cuando en el transcurso de unos meses, debido al parecer a una infección aguda de sus cuerdas vocales, le cambió totalmente la voz, y pasó como quien dice de la noche a la mañana, a tenerla grave de asustar, lo que le descalificó de inmediato para actuar como castratti, único papel para el que era requerido. Pero no solo eso, pues con el bar también tuvo sus complicaciones, ya que si abundaban los clientes aficionados a encontrar una sorpresa debajo de una falda, no pasaba lo mismo con su nueva apariencia, que no engañaba, pues no solo le cambió la voz de aguda a aguardentosa, sino que le salió una barba negra y tupida que incluso atemorizaba a los osos, que tenían varios locales en las inmediaciones del suyo. Esta situación supuso para él un grave problema, que solo pudo solventar un año después, cuando tuvo la idea de montar una mercería en compañía de uno de sus admiradores de “El lagarto azul”. El tipo en cuestión era un hombre mayor y bastante delicado en todos los aspectos, pero con una afición irrefrenable a los solos de flauta y que, en su arrebato por Rasputín, hacía accesorio su aspecto físico de camionero. La vida de nuestro héroe cobró entonces una inesperada tranquilidad, que le hizo olvidar los ajetreos previos con la orquesta,  y que poco después le llevó a prescindir del bar de copas, satisfecho o resignado con las maneras de Paquito, que así se llamaba su socio. Incluso se dice que poco antes de su óbito (por causas no del todo claras), se casó con una de sus clientas habituales de la mercería, que tomó de inmediato las riendas del negocio, en el que Paquito pasó a tener una función totalmente subalterna dedicado a la costura y los arreglos de ropa, aunque no se descarta que atendiera a sus socios en sus necesidades más íntimas, quedando claro con ello que el hombrecillo no le hacía ascos ni a la carne ni al pescado. Nos hubiera gustado saber con más detalle las anécdotas que sin duda tuvieron lugar en esta etapa de la vida de Isaías, pero lo inesperado de su temprano adiós nos lo impide momentáneamente, a no ser que Elisenda, su mujer, se decida finalmente a hablar.

miércoles, 14 de marzo de 2018

BARBARISMOS



La barbarización de los adjetivos adquirió una nueva dimensión cuando por si acaso  acabó resultando ni siquiera, lo que originó en la metrópolis una confusión solo equiparable a la dislexia desatada de los infantes, los adolescentes y los evanescentes. Eso que quede claro.

Angelines, que quieres que te diga, puede ser una antigua conocida e incluso una amiga a la que uno solo ha mirado de soslayo en cierta ocasión, no fuera a ser qué. Y de Cervantes, nada Lo demás, incluidos los verbos transitivos y el acusativo de los verbos latinos, no tiene la mínima importancia, y si sucediera, es lo que hay. Vanidad de vanidades que todo es vanidad,  lo dijo el Eclesiastés.

Te vi en la barra del pub, por decir algo, y no pude reprimir en mi interior un calambrazo, una atracción debida posiblemente al electromagnetismo que Maxwell definió. Lo demás era muerte y solo muerte, al menos en opinión de Federico. Y que conste que no se trata de Palestina ni yo me llamo Pilatos. Ni eran las cinco de la tarde en sombra.

La tarde, de alguna forma habrá que llamar a los crepúsculos, se extiende ante mí como una página en blanco que tendré que llenar a base de iniciativas personales. Luego sucede lo previsible, y llega la noche como un pájaro oscuro, qué otra cosa podría ser. Tú me dirás, quien sabe. La poesía es lo que tiene.

Llegas y de inmediato te pones a la labor. En que pueda ésta consistir es algo que guardas para tú interior. Ese lugar oscuro o excesivamente luminoso en el que la voluntad se aúna con la genética y vete tú a saber. Las revoluciones suceden en el preciso momento en que los potemkines se ciernen amenazantes y las hormigas son suficientes para los bocadillos de la marinería enajenada. Y las cucarachas.

La confusión se genera en cualquier caso cuando la razón se olvida en la alacena como un trasto innecesario o un potaje de garbanzos pasado de fecha. Puede suceder, aunque no sea lo más corriente, pues las cocinas y los aparadores no son objetos  prescindibles  cuando las amas de casa o el movimiento feminista permanecen ojo avizor.

sábado, 10 de marzo de 2018

MONGOLADAS



Vivan España y las repúblicas bálticas, dijo. Y expiró dando tres: Estonia, Letonia y Lituania.

Lo demás no tendría importancia si no fuera por un quítame allá esas pajas, que uno ya es mayorcito, y el onanismo puede ser un alivio al que recurrir en una isla desierta llena de cocoteros.

Los niños iban pasando al comedor de uno en uno no porque tal hecho fuera obligatorio, sino porque en su interior cada uno conservaba un sentido del orden emparentado con el idealismo alemán y la geometría euclidiana.

Primero las jirafas, luego los elefantes y después, en orden decreciente, el resto de animales de la sabana. O de la colcha, que por estas latitudes ni hablar de la funda nórdica que el tiempo de frío para nada.

Qué quiere que le diga. Ocurrió, y lo mejor y más ajustado a la teoría de la evolución es estar preparado para que lo paleontólogos y las excavadoras del futuro sean coherentes, y no tengamos que volver a creer en dios ni otros demiurgos.

Queda prohibido bañarse como Dios nos trajo al mundo pero, de la misma manera, hacerlo con traje de buzo. Los extremismos son malos para la salud y en cualquier caso, aquí no es aconsejable andarse con pies de plomo. Ni tan calvos.

Es un partido de la máxima importancia teniendo en cuenta que solo se clasifica el primero del grupo, y el segundo en función del gol-average. O solo del average en caso de empate a cero.

Cuando volvieron a verlo hablaba por los codos, algo después de todo no tan extraño en función de sus habituales tomates y, más aún, si se considera que estuvo más de diez años sin decir esta boca es mía.

Entre las damas de la alta sociedad se ha puesto de moda el burka, o en su defecto el hiyab por escasez de tejidos. Ha de tenerse en cuenta que la ruta de la seda ni por estas, y de los tafetanes se ha hecho cargo enteramente la Armada.

Leía a altas horas de la madrugada, y auque la mayoría de los vecinos encontraba que, dado su insomnio, tal hecho podía ser considerado como algo encomiable, el resto avisaba a la Guardia Civil porque leer, de acuerdo. Pero no a voces.

Se ha demostrado que la melena de los leones machos cumple no solo una función defensiva ante los posibles mordiscos de sus posibles rivales, sino que sobre todo actúa como una bufanda en las frías noches de la sabana, pues estos animalitos son más delicados de lo que sus rugidos harían creer.

La novela consistía en seiscientas páginas para un total de seiscientos capítulos de una página cada uno, compuestos, a su vez, por seiscientas palabras de seiscientas letras cogidas aleatoriamente del alfabeto por orden riguroso.

miércoles, 7 de marzo de 2018

MAMIFEROS CUATRO



He inventado una máquina muy bonita. Bueno, no quiero ser presuntuoso y añadiré que posiblemente no es que sea estrictamente bonita, sino que a mí me lo parece. Incluso la definición de tal objeto como máquina puede no ser la adecuada, pues se supone que una máquina hace algo, pero ese no es el caso de la mía, pues se puede afirmar con tal rotundidad  que es inerte. Es decir, que si desde el exterior no se ejerce algún tipo de fuerza sobre ella, ésta permanecerá en el mismo lugar y con la misma forma indefinidamente, lo que puede recordar a Newton y su segunda ley de la termodinámica, si no recuerdo mal la de la inercia, pero este no es el lugar adecuado para ello o al menos así me lo parece a mí en estos momentos.
      La máquina en cuestión, pues para mí, aunque no puede ser conceptuada como tal de forma rigurosa, se trata de una máquina, consiste en una especie de paralelepípedo de cualquier materia y color, de dimensiones variables según el capricho del fabricante, que en la superficie de todos sus lados, excepto el que le sirve de apoyo, tiene unas aberturas con ventanas de diferentes tamaños y formas, que pueden abrirse hacia adentro o hacia fuera a voluntad de quien la esté manejando en esos momentos. Para ello, las aristas o bordes de dichas aberturas (las hay redondas, cuadradas, elípticas, rectangulares y todo lo que se quiera) están dotados de unas bisagras que facilitan el giro de las ventanas. Estas bisagras pueden ser unos simples muelles o un complejo sistema de palancas, que no me detendré aquí a detallar. De esta manera, la máquina puede adquirir una cantidad prácticamente infinita de formas, según el grado y sentido obtenidos manipulando las susodichas ventanas de las susodichas aberturas. Y es aquí donde reside lo fundamental de este artefacto, pues si bien es cierto que es inerte como se dijo e incapaz por lo tanto del menor movimiento, no sucede lo mismo con quien la maneja, normalmente un adulto varón o mujer en pleno uso de sus facultades mentales para hacer que lo que se ha descrito con anterioridad suceda sin mayores percances. Con tal propósito, bastará aplicar, en función de su tamaño, la fuerza de la que sea capaz un dedo, la mano o todo el brazo si es menester, y el artilugio se transformará a ojos vista. En un apéndice anexo se presentan varias fotografías de la máquina desde distintos lugares y diferentes ubicaciones de sus elementos, pudiendo apreciarse que si bien se trata del mismo objeto, la forma y variedad de las distintas aberturas/ventanas varían continuamente su aspecto, como si de hecho se tratara de un ser vivo que lo ha conseguido por sus propios medios.
            En cualquier caso, y sea cual sea la opinión de quien me lee, voy a enviar un ejemplar a la universidad de Pricenton y otra a la Stanford. No es por nada, pero a estas alturas de los tiempos, después de la bomba atómica y la llegada a la Luna, los científicos americanos me parecen los más formados para definir con precisión si mi máquina es en realidad una máquina o se trata de otra cosa. En cualquier caso, si de algo estoy seguro es de que no se trata de un mamífero bajo ningún concepto.

MAMIFEROS TRES



Continúa lloviendo. Lo hace desde el martes pasado, es decir, hace una semana completa, cosa nada habitual por estas latitudes. En fin, por la ubicación geográfica de este lugar, de clima y continental, donde lo normal por esta época es el tiempo seco y frío. Lo anterior puede parecer una tontería impropia de un varón adulto con la capacidad de raciocinio normal, lo mismo que podría decirse de una mujer, que no es el caso, pues en mis proyectos a corto y medio plazo no figura en absoluto operarme para que tal cosa tuviera un sentido. El asunto es que llueve sin parar, y siento en mi una irritación creciente, que me hace recordar una novela de ciencia ficción que leí hace mucho tiempo, y que si no recuerdo mal, figuraba entre las mejores de ese género según los críticos de un suplemento literario que tampoco recuerdo. Sin embargo sí recuerdo lo complicada que era la vida para los individuos que tenían que vivirla chapoteando continuamente en el barro y con frecuencia calados hasta los huesos. Solo unos pocos, pero precisamente los que ostentaban el poder en aquella especie de república, eran indemnes a aquel mundo acuático, pues al parecer y de una forma netamente darviniana, habían desarrollado una piel escamosa, impermeable a ese tipo de meteoro. De hecho, se había convertido en medio-peces que podían caminar sobre la tierra aunque fuera con cierta dificultad, y que se las componían estupendamente dentro del agua, en donde podían practicar diversos estilos de natación. La trama de la novela, si es que tal obra puede llamarse así (sería un poco largo explicar aquí el por qué), se centraba esencialmente en la lucha del pueblo llano con dificultades para desenvolverse en aquel terrible humedal, para reconquistar el poder que tuvieron una vez cuando el índice de pluviosidad en la Tierra era el habitual. Esta gente tenía muchos problemas para conseguirlo pues los otros, los casi peces, en cuanto se sentían acosados se metían agua adentro en los mares, los ríos o los lagos, y la cosa se les complicaba. La verdad que la trama era una especie de locura, o mejor chaladura infantil que resultaba muy difícil de creer para un adulto con la cabeza sobre los hombros. Creo que esa fue la principal razón por la que creo que no llegué a terminarla. Era una especie de cómic para adolescentes, bastante infumable para quienes como yo, frecuentaba a Joyce, Kafka y los autores rusos del diecinueve.
En otro orden de cosas, en dicha novela se hacía evidente que los mamíferos que aún sobrevivían en una situación tan poco indicada para ellos, estaban en proceso de extinción con la posibilidad a medio plazo de volverse todos peces.