miércoles, 26 de octubre de 2016

VARIACIONES SOBRE EL CONCEPTO DE CONCEPTO, SEIS



Un concepto vaciado de sentido es aquel que una vez definido remite a otros previos, que de forma natural conducen al primero, que en la actualidad se trata del Big-bang, origen al parecer del tiempo y del espacio, si no están equivocados los libros de divulgación astronómica que obran en mi poder.

El concepto de dedo, por otro lado, no puede comprenderse si previamente no se ha definido con claridad el concepto de mano. No se conocen, que yo sepa, dedos aislados a no ser en plan metafórico, que de esos abundan. Aunque ahora que lo pienso, tampoco existen manos abandonadas a sí mismas, a no ser en los castigos se inflingía cruelmente a los ladrones en la antigua Persia. Y posiblemente en otros lugares no tan lejanos.

Un concepto, por mucho que nos esforcemos en desbrozarlo de otras referencias que incluyan lógicamente otros conceptos subordinados, no deja de ser un constructo mental, y en ese sentido, un artificio.

Necesito un concepto que no remita sino a sí mismo, y que sin embargo no constituya una tautología. Desgraciadamente un diamante, puestos a hablar de maravillas, no puede prescindir del concepto carbono y a poco que intentemos ser más precisos, a la escala de dureza de Mohs, como saben ustedes (al menos quienes cursaron estudios secundarios durante los años cincuenta del siglo pasado).

Quizás esa necesidad que tengo de un concepto puro pueda realizarse en el calificativo  “prístino”, esa cualidad de las cosas que la emparientan con el espíritu y la ausencia de materia.

VARIACIONES SOBRE EL CONCEPTO DE CONCEPTO, CINCO



Las seis de la mañana por estas latitudes es, según mi experiencia, la hora ideal para tratar de hallar sentido al concepto de cualquier concepto. A esa hora, al menos en mi caso, se aguzan todas las neuronas de mi cerebro prefrontal aptas para conducirme a tal hallazgo.  Aunque posiblemente el asunto carece del misterio con que trato de investirlo, y sea solo una característica de la proximidad del sol naciente a la línea del horizonte. A esa hora temprana siempre quiso Japón hacerse presente y los samurais ya ciñen sus espadas. Y en el Antiguo Egipto, la barca de Osiris abandonaba las tinieblas de la noche arrastrando consigo la incorruptible luz del día.

El concepto de la palabra “pedrusco” remite naturalmente al de la piedra, una vez desprovisto de cualquier atisbo de belleza. Quizás sea esto así, como por otro lado es comprendido por el común de los mortales, muy alejado del de “ópalo” o “canto rodado”, pero se desatienden ciertos matices que pueden dotar al concepto que nos ocupa de una belleza inesperada. Recuérdese que el diamante más grande jamás encontrado, de una belleza sobrecogedora, es poco más que un pedrusco llamado Ko-i noor, de todos conocido. Y que, contemplados desde el vacío interplanetario o interestelar, el cinturón de asteroides, el cinturón de Kuiper y la nube de Oort, de una belleza inigualable, no dejan de ser gigantescas aglomeraciones de pedruscos en los espacios siderales. Y que incluso algunos de ellos cruzan el firmamento con la estupefaciente belleza de los cometas.

Existen conceptos tan sutiles que reúnen en sí mismos todas las cualidades de los materiales más nobles. La ductilidad y maleabilidad de ciertos metales dotan a algunos de la facultad de transformarse en nuestras manos, y con más propiedad en la forja del herrero, de convertirse en los objetos más bellos de la creación. Llamando creación, por cierto, al mero hecho de estar aquí y estar vivos para poder apreciarlo, y suscitar en nuestros cerebros la capacidad de asombro de los amaneceres y las bellísimas vasijas griegas encontradas después e siglos en las profundidades del Mare Nostrum.

INUNDACIONES



La masturbación en grupo puede no tener un significado trascendente, pero los camanitas la practicaban con frecuencia para implorar la lluvia a los dioses del espacio en tiempo de sequía. Y tenían un éxito sorprendente, todo hay que decirlo, dada la proliferación de inundaciones a partir de ese momento.


No tengo vulva, no tengo vulva gritaba fuera de sí la doncella Leonor. Y ni siquiera vagina, solía añadir al tiempo que se levantaba la falda y mostraba unos genitales  que recordaban  al alicatado de las más primorosa toilettes de los palacetes de la calle de Serrano, puestos a buscar un símil adecuado.


Roberto pasa gran parte del día sentado en el bidé, pues tiene la certeza que con las aspersiones que dicho instrumento le proporciona, su culo acabará hablando lenguas. Aparte de las modernas más conocidas, en latín, y será capaz de soltar discursos que enardecerán a las masas enfervorecidas. E incluso no tendrá nada que envidiar a Cicerón o Demóstenes dirigiéndose al senado romano.


No soporto la lámpara de pie en una esquina de mi dormitorio. Da una luz tibia y acogedora que invita al recogimiento e incluso al sueño reparador, a poco que uno se deje llevar por el entumecimiento que generan sus pocos watios. Pero en mi caso, después del primer sopor y ya con los ojos entornados dispuestos al sueño, me invaden unos espasmos incontrolables que aflojan todos mis esfínteres dando lugar a un espectáculo que más vale no describir aquí.


Me he tomado por equivocación medio kilo de bromuro creyendo que se trataba de un pastel a base de harina, huevos y azúcar, y según me cuenta el médico que me atendió, no volveré a tener una erección como mínimo hasta finales de año. Y estamos en Enero. Y ni siquiera será válido el recurso a la masturbación compulsiva. Me veo por lo tanto forzado al monacato.


Cuando vencido por el sueño tras una jornada agotadora,  me eché en la cama dispuesto a dormir hasta el día siguiente, creí percibir en una esquina de la habitación a un pájaro con rostro de mujer, y un pico y unas garras pavorosas. No me dejé vencer por el espanto de tal aparición, y vacié el cargador de mi pistola sobre el bicho que murió en el acto con cara de estupor, sin duda originada por la sorpresa de mi inmediata reacción ante el peligroso animal mitológico que él mismo se consideraba. Nunca me gustaron las gárgolas, los grifos ni las harpías, como era el caso, aunque no pude impedir que un buen montón de plumas cubrieran la colcha de mi cama.

SELVAS



“¡Vaya! No tengo cara”, dijo con cierto desagrado al mirarse al espejo por la mañana poco después de levantarse (cómo, es otra historia). Y a continuación añadió un tanto ufano “en cualquier caso, poco importa: me compraré una nueva”. Lección de optimismo delirante.

Me he caído por la escalera aparatosamente, y ya en el suelo del piso de abajo puedo comprobar que me he roto una pierna, de la que llego incluso a percibir hueso en las proximidades de la rodilla. Y si mi vista no me engaña, no se trata del de un homínido como creía ser hasta la fecha, sino del de un cuadrúpedo de la sabana africana. Cebra o ñu, no importa. He cambiado de especie y eso me basta. Lección de optimismo metamórfico.

No tengo ojos, eso es evidente porque no veo nada y sobre mí se cierne una oscuridad amenazante. Pero a continuación pienso que no he podido ser yo quien me los haya arrancado, puesto que no tengo brazos, ni por lo tanto las manos y los dedos adecuados para tal labor. “Quizás solo estoy ciego” me digo para mis adentros. Lección de optimismo patológico.

“¡No puedo soportarlo,  no puedo soportarlo!”…siempre que le veo (o lo veo) está comiendo, cenando o desayunando. O incluso merendando. En cualquier caso ingiriendo cualquier comestible que le asegure la supervivencia. Pero jamás le veo leyendo un libro o escuchando música. Él solo cree en sus células y su capacidad para replicarse indefinidamente. Está todavía muy alejado del concepto de “meme” acuñado por Richard Dawkins como la unidad mental informativa que nos habilita, entre otras cosas, para tocar el piano o escribir un libro, por mal que lo hagamos.

La calle está asfaltada. Es cierto. Y a ambos lados de la misma transcurren dos aceras. Es cierto. Pero en mi opinión no es suficiente. Faltan árboles que la den sombra a mediodía. Y señales, pasos de cebra y semáforos que hagan posible el tráfico rodado y el libre tránsito de peatones. Hagan el favor, que esto no es la selva. 

lunes, 24 de octubre de 2016

VARIACIONES SOBRE EL CONCEPTO DE CONCEPTO, CUATRO



Existen conceptos que pueden con toda naturalidad ser desligados de sus verdaderos contenidos, si es que los tienen. En general, son aquellos que siendo esencialmente difusos o abstractos, encuentran con facilidad a quienes les dan un carácter específico de acuerdo con sus sentimientos propios.  Son conceptos previos a los conceptos mismos. Son pre-conceptos. O no son conceptos en absoluto.

De la misma manera, existen conceptos que estando claramente relacionados con determinados contenidos, pronto les son añadidos otros que nada tienen que ver con ellos en su origen. O por el contrario, que son desligados del mismo por intereses personales, una vez que su significado ha sido alterado convenientemente por quienes así los interpretan.

El dios único de las religiones monoteístas es un concepto que pudiendo en principio ser definido con cierta precisión (omnisciente, omnipotente, etc…), es por otro lado, dadas sus dimensiones, difícil de acotar. Es, en este sentido, un concepto por encima de los conceptos o que puede abarcarlos a todos. Un super-concepto. Y una falsedad o un error  para los ateos y para aquellas religiones que, más modestas, se conformaban con los dioses del Olimpo.

El concepto de España es muy posterior a los habitantes de Atapuerca, a don Pelayo, a Viriato e incluso la batalla de las Navas de Tolosa. Pero hay quienes buscando su autenticidad buscan su esencia atemporal (si tal cosa es posible) en una narrativa sesgada de su historia que los incluya. Según ellos, poco tendría que ver el Islam, los Comuneros, la Constitución de 1812 (la Pepa), la 1ª República, La Semana Trágica de Barcelona, los Sindicatos, la Institución Libre de Enseñanza, las Misiones pedagógicas, la Segunda República y don Manuel Azaña (y no digamos nada de Santiago Carrillo) o la 2ª República: errores o incidentes indeseables. En todo caso, la “esencia” del concepto de España estaría ligada, aparte de lo mencionado al principio, al Cid Campeador, los Reyes Católicos, los Austrias y los Borbones (alemanes y franceses), Donoso Cortés y el general Franco. Y sobre todo a la Iglesia, claro está (la Inquisición, pecata minuta). Del Descubrimiento hablaremos otro día. O no.

domingo, 23 de octubre de 2016

CONDERÁSPORAS 6



URKA URKA GNONOSPETIDA ALF 

BERGO BLADE ZORA CAÑOTA ES

CARTO VERANDE TRONO PARETO

WOLGHE MORGUE CADA FAMBRE

MERCATITASPA ARISTOTÉLICA OP

MAGNONA PLIEU NUBASCE ALOMA

POPES NEREPIPOL NAP RECESTI UM

MOSDADI TACLITA NELA MECHONE

TENASTE RIVELA BOLO CARTI IIM

NIPA RADELI REVAQUE ELFE RAFO

TORAN CAPITES NORQUE VALENTE

KASPI? ZOSKI? VULPI?: ROSKI PETGA

LSE VOILESONES DON OTONA MONOT

RAS RAS INILINESNA MURGU FOLGA

YES PARENOP VERONA YOPA RAMO

NEVASPRISKIVELISCANIRAMANDORGA

OLG FERG NARG DRONG RONG URTG G

INTELLA PROSTESKI NETA EMPISTE

ABRETE MANDE KORA ULMI PRETU ÑOP

MATONI YUVERA PENOSFE LAJOJOTA

ALAFIN DOL PRANTIP VERANE FANILE

DOMESTE PETAPS URGA VOLERI AÑATE

CONESA ARRAVI LAFENU DORGA FIN

miércoles, 19 de octubre de 2016

VARIACIONES SOBRE EL CONCEPTO DE CONCEPTO, TRES (ANÁLISIS Y SÍNTESIS)



En un concepto, el análisis precede a la síntesis si se pretende que aquel tenga un contenido que lo defina con cierta verosimilitud. En la mayoría de los casos, sin embargo, la síntesis viene a ser como el sombrero multicolor con el que se toca un payaso, que poco tiene que ver con él mismo.

“Irlanda es una cosa verde” tiene poco que ver con la realidad detallada de ese país, y los irlandeses se sentirían ofendidos e incluso vejados si se le redujera a tal característica, obviando, sin ir más lejos a su afamada cerveza, a Dublín, y los acantilados de Möerh. E incluso al Ulster y el IRA. Tal hecho, sin embargo, tiene su lado real, como puede comprobarse desde un aeroplano los días despejados y sin bruma. Al menos, esa fue la frase que pronunció un piloto alemán de la Lutwaffe cuando se perdió por aquellas latitudes durante la batalla de Inglaterra en la II Guerra Mundial.

Todo análisis conlleva una síntesis de lo analizado, pues en la mayoría de las ocasiones ningún concepto por simple que sea, deja de requerir para su comprensión una condensación de su contenido. Por lo que, en resumidas cuentas, la síntesis suele ser el resumen de otras de menor entidad.

La síntesis de cualquier idea o concepto debe siempre alejarse de toda simplificación. Es muy frecuente que ambos términos se confundan y, por poner solo dos ejemplos sencillos, que los ignorantes acaben identificando al español con un torero y a un inglés con la Torre de Londres o sir Winston Churchill.

El análisis que quiera dar como resultado una síntesis cabal y suficientemente comprensiva de un concepto, no debe perderse en disquisiciones excesivamente pormenorizadas del tema de que se trate, si lo que pretende finalmente, por ejemplo, es llegar a la conclusión de que la lechuga es un vegetal y no “un ente adecuado para las ensaladas en compañía de otros de su de su especie que, como ella, han sufrido los avatares de la fotosíntesis, tan característica del mundo de la botánica, con independencia de que sus frutos sean sorprendentemente colorados”. Suponiendo que estemos hablando de los tomates, claro está.