miércoles, 22 de enero de 2014

CADERAS DOS


R- Ayer Mariví y Luis me dieron plantón, por lo que finalmente fui yo sola a ver a papá. Al principio, cuando me llamaron para decírmelo me sentó bastante mal, pero luego me alegré porque de esa manera pude charlar con él de manera más confidencial. La ausencia de los otros no pareció importarle demasiado.

 

A- La visita de Rosa ha sido estupenda. La pobre sin sus hermanos parece otra. Yo creo que ante ellos se siente acomplejada, y sola conmigo se suelta y está mucho más natural y segura de sí misma. Salimos un rato de la residencia y me llevó a comer al pueblo sin avisar. Luego a la vuelta me dejó en la entrada y salió se fue sin dar explicaciones. Supongo que esto traerá cola.

 

M- Lo que ha pasado me parece increíble. Rosa sacó a papá de la residencia y se fueron a comer por ahí. Además, al parecer, papá regresó bastante achispado diciendo tonterías y metiéndose con las monjas y su compañero de habitación. He llamado a Rosa para que me dé alguna explicación, pero no me contesta. Luego llamé a Luis, al que no pareció interesarle demasiado el asunto y se disculpó con una reunión en el Banco. Tengo que hacer algo.

 

J- El otro día Antonio salió a la calle con una de sus hijas y al verme poco después me llamó de todo. Parece mentira que un hombre como él, culto y  que, según dicen, fue catedrático, pueda actuar así. Pensé que las personas ilustradas sabían medir sus palabras y mantener unos criterios más equilibrados. Pero no es así. Quien lo diría un doctor en Filosofía, con la que se trajeron los griegos, por cierto, llamándome maricona de mierda.

 

L- No estoy dispuesto a perder la cabeza con el asunto de papá. Es un viejales, que le vamos a hacer, pero no quiero que sus últimos años pongan mi vida patas arriba. Bastantes problemas tengo ya con el banco, y con Marta y los chicos. Ellos porque son unos vainas, vamos a ser sinceros, y ella porque lleva una vida de la que no me entero ni la mitad. Ayer sin ir más lejos, volvió a las tantas y no quiso darme la menor explicación. No quiero ni pensarlo, pero esto me huele a cuernos, y lo malo es que, y creo no equivocarme, yo soy el astado.

 

C –Antonio el nuevo creo que nos va atraer más problemas de lo que supusimos al principio. El médico nos dice que esperemos aún un poco, porque su conducta puede obedecer al shock que le ha causado ingresar en la residencia. Veremos, pero yo no estoy dispuesta a aguantar más escenas como las del otro día en el que al pobre Jiménez le puso por los suelos y a mí acabó diciéndome que a pesar del habito estaba convencido de que no era virgen.

 

A –Si al menos me hubieran dado una habitación para mí mismo estoy seguro que no me sentiría tan desquiciado y no daría lugar a zafarranchos como los del otro día. ¿Es tan difícil de comprender? Quiero estar solo y no tener la sensación permanente de que un tipo repulsivo te mira lúbricamente ¡A mis años! Ha sucedido lo inimaginable. Sé que lo que le dije a sor Caridad no está bien, pero tengo el convencimiento de que es así. Me irritan sobremanera estas personas que están en el mundo dándoselas de virtuosas.

 

R –Estoy empezando a pensar en traerme a papá a casa. Va a ser un trabajo, desde luego, pero el pobre se va a sentir mucho mejor aquí que entre todos esos carcamales que casi parecen sus abuelos. Sé que Víctor va a ponerme pegas al principio cuando venga los fines de semana, pero seguro que acabará aceptándole, después de todo también él es un intelectual y seguro que podrán charlar de temas que les interesan a los dos. Mariví puede ser el verdadero problema porque estoy convencida de que va a sentir unos celos horribles. Cree que papá s propiedad suya.

 

L- ¡El desideratum! Rosa me ha llamado diciendo que dentro de unos días piensa llevarse a papá a su casa. Que la residencia es un lugar indigno para personas de su categoría con tres hijos activos y con buena salud. Y que, por si fuera poco, la última vez que estuvo allí, tiene el convencimiento de que a los viejos no les cambian los dodotis, porque olía mucho a pis.

 

M –No hay forma de ponerme en contacto con Rosa. Es evidente que me rehuye y pretende hacerse la loca, como si no hubiera pasado nada. Me ha llamado el administrador de la residencia y me ha dicho que piensan mudar a papá a una habitación individual en cuanto quede libre, pero me ha advertido que debemos hablar con él y decirle seriamente que se comporte porque de otra manera se van a ver obligados a tomar medidas que por nada del mundo quisieran. Luego se puso sor Caridad, la monja que se ocupa de ellos y me ha asegurado, por otro lado, que nuestro padre se equivoca en lo que la dijo. No le he querido preguntar de qué se trataba y le he dado la razón para terminar de una vez. Ya me enteraré el próximo fin de semana.

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario