R- Ayer Mariví y
Luis me dieron plantón, por lo que finalmente fui yo sola a ver a papá. Al
principio, cuando me llamaron para decírmelo me sentó bastante mal, pero luego
me alegré porque de esa manera pude charlar con él de manera más confidencial.
La ausencia de los otros no pareció importarle demasiado.
A- La visita de
Rosa ha sido estupenda. La pobre sin sus hermanos parece otra. Yo creo que ante
ellos se siente acomplejada, y sola conmigo se suelta y está mucho más natural
y segura de sí misma. Salimos un rato de la residencia y me llevó a comer al
pueblo sin avisar. Luego a la vuelta me dejó en la entrada y salió se fue sin
dar explicaciones. Supongo que esto traerá cola.
M- Lo que ha
pasado me parece increíble. Rosa sacó a papá de la residencia y se fueron a
comer por ahí. Además, al parecer, papá regresó bastante achispado diciendo
tonterías y metiéndose con las monjas y su compañero de habitación. He llamado
a Rosa para que me dé alguna explicación, pero no me contesta. Luego llamé a
Luis, al que no pareció interesarle demasiado el asunto y se disculpó con una
reunión en el Banco. Tengo que hacer algo.
J- El otro día
Antonio salió a la calle con una de sus hijas y al verme poco después me llamó
de todo. Parece mentira que un hombre como él, culto y que, según dicen, fue catedrático, pueda
actuar así. Pensé que las personas ilustradas sabían medir sus palabras y
mantener unos criterios más equilibrados. Pero no es así. Quien lo diría un
doctor en Filosofía, con la que se trajeron los griegos, por cierto, llamándome
maricona de mierda.
L- No estoy
dispuesto a perder la cabeza con el asunto de papá. Es un viejales, que le
vamos a hacer, pero no quiero que sus últimos años pongan mi vida patas arriba.
Bastantes problemas tengo ya con el banco, y con Marta y los chicos. Ellos
porque son unos vainas, vamos a ser sinceros, y ella porque lleva una vida de
la que no me entero ni la mitad. Ayer sin ir más lejos, volvió a las tantas y
no quiso darme la menor explicación. No quiero ni pensarlo, pero esto me huele
a cuernos, y lo malo es que, y creo no equivocarme, yo soy el astado.
C –Antonio el
nuevo creo que nos va atraer más problemas de lo que supusimos al principio. El
médico nos dice que esperemos aún un poco, porque su conducta puede obedecer al
shock que le ha causado ingresar en la residencia. Veremos, pero yo no estoy
dispuesta a aguantar más escenas como las del otro día en el que al pobre
Jiménez le puso por los suelos y a mí acabó diciéndome que a pesar del habito
estaba convencido de que no era virgen.
A –Si al menos
me hubieran dado una habitación para mí mismo estoy seguro que no me sentiría
tan desquiciado y no daría lugar a zafarranchos como los del otro día. ¿Es tan
difícil de comprender? Quiero estar solo y no tener la sensación permanente de
que un tipo repulsivo te mira lúbricamente ¡A mis años! Ha sucedido lo
inimaginable. Sé que lo que le dije a sor Caridad no está bien, pero tengo el
convencimiento de que es así. Me irritan sobremanera estas personas que están
en el mundo dándoselas de virtuosas.
R –Estoy
empezando a pensar en traerme a papá a casa. Va a ser un trabajo, desde luego,
pero el pobre se va a sentir mucho mejor aquí que entre todos esos carcamales
que casi parecen sus abuelos. Sé que Víctor va a ponerme pegas al principio
cuando venga los fines de semana, pero seguro que acabará aceptándole, después
de todo también él es un intelectual y seguro que podrán charlar de temas que
les interesan a los dos. Mariví puede ser el verdadero problema porque estoy
convencida de que va a sentir unos celos horribles. Cree que papá s propiedad
suya.
L- ¡El
desideratum! Rosa me ha llamado diciendo que dentro de unos días piensa
llevarse a papá a su casa. Que la residencia es un lugar indigno para personas
de su categoría con tres hijos activos y con buena salud. Y que, por si fuera
poco, la última vez que estuvo allí, tiene el convencimiento de que a los
viejos no les cambian los dodotis, porque olía mucho a pis.
M –No hay forma
de ponerme en contacto con Rosa. Es evidente que me rehuye y pretende hacerse
la loca, como si no hubiera pasado nada. Me ha llamado el administrador de la
residencia y me ha dicho que piensan mudar a papá a una habitación individual
en cuanto quede libre, pero me ha advertido que debemos hablar con él y decirle
seriamente que se comporte porque de otra manera se van a ver obligados a tomar
medidas que por nada del mundo quisieran. Luego se puso sor Caridad, la monja
que se ocupa de ellos y me ha asegurado, por otro lado, que nuestro padre se
equivoca en lo que la dijo. No le he querido preguntar de qué se trataba y le
he dado la razón para terminar de una vez. Ya me enteraré el próximo fin de
semana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario