viernes, 10 de enero de 2014

NUESTRO TIEMPO


El mundo es transitorio,

contingente, no necesario.

Y yo estoy aquí

de la misma manera que estoy

en Plutón.

O más lejos.

 

Hete pues ante nosotros la disyuntiva:

uno de los dos sobra

en los espacios siderales.

(aunque, después de todo, se trata

de una decisión

irrelevante

dada la amplitud de lo enunciado).

 

Vayamos pues alternativamente

hacia los anillos de Saturno.

Otros criterios serán entonces necesarios

cuando la soledad

ya sea el paradigma de un autismo

entendido estrictamente como tal.

 

No cejemos, y llegados allí

persistamos en nuestra indagación.

Quien sabe: podemos conseguir

que nuestro solipsismo

acabe en bacanal y el anfitrión

Rouco Varela reparta hostias

a mansalva.

 

Dios existe. Cristo existe y

la Virgen María habita entre nosotros.

Posa en bikini y se llama

María Dolores de Cospedal.

 

Otros serán los irresponsables,

perdidos entre tarjetas e ipads de

nueva generación. Prosigamos

los que somos de Plutón

nuestra labor

más allá de la nube de Oort:

el evangelio no tiene

fronteras.

 

La única manera de convencer

a quien se deje

de que no por banal

nuestra misión desmerece:

de dos no sobra uno.

Hay sitio para todos.

 

No es fútil nuestro esfuerzo.

Nos vemos en Orión,

llegado el caso.

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