El mundo es transitorio,
contingente, no necesario.
Y yo estoy aquí
de la misma manera que estoy
en Plutón.
O más lejos.
Hete pues ante nosotros la disyuntiva:
uno de los dos sobra
en los espacios siderales.
(aunque, después de todo, se trata
de una decisión
irrelevante
dada la amplitud de lo enunciado).
Vayamos pues alternativamente
hacia los anillos de Saturno.
Otros criterios serán entonces necesarios
cuando la soledad
ya sea el paradigma de un autismo
entendido estrictamente como tal.
No cejemos, y llegados allí
persistamos en nuestra indagación.
Quien sabe: podemos conseguir
que nuestro solipsismo
acabe en bacanal y el anfitrión
Rouco Varela reparta hostias
a mansalva.
Dios existe. Cristo existe y
la Virgen María habita entre nosotros.
Posa en bikini y se llama
María Dolores de Cospedal.
Otros serán los irresponsables,
perdidos entre tarjetas e ipads de
nueva generación. Prosigamos
los que somos de Plutón
nuestra labor
más allá de la nube de Oort:
el evangelio no tiene
fronteras.
La única manera de convencer
a quien se deje
de que no por banal
nuestra misión desmerece:
de dos no sobra uno.
Hay sitio para todos.
No es fútil nuestro esfuerzo.
Nos vemos en Orión,
llegado el caso.
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