Hola, soy Edelmiro Gómez Rubiroso.
Carpintero, fontanero y especialista en máquinas a vapor, pero en absoluto de
Murcia. Construyo fresadoras a granel e isótopos de berilio si ha lugar. Hete
pues aquí mi presentación somera, quedando a su disposición para las labores
que le sean pertinentes y colaboran a su felicidad, tomada esta como una
aspiración discreta. No más. Y llegando aquí solo me quede despedirme y darle
los buenos días. O revuar, que dicen los franceses.
Buenos días, soy una
señorita de provincias, pero que pude ir a un instituto de enseñanza media en
la época de la dictadura, época durante la cual eché unas tetas de aquí
te espero. Luego en la universidad de Valladolid con tales atributos todo fue
coser y cantar y me licencié en Filosofía y Letras. Creo que los presocráticos
no andaban muy bien de las meninges, sin embargo tiempo después un tal da
Vinci, que era un hombre muy listo, diseñó unos aeroplanos primorosos capaces
de competir con las afamadas alas delta de la actualidad, aunque no con los
Boeing 747. Además pintó a una señora muy rara que al parecer hoy está expuesta
en no se qué museo muy famoso de Paris. Unos dicen que sonríe, otros que está
muy seria y otros que no vale nada. Todo gracias al sfumato. Lo que hay
que ver. Y dicho esto me despido. Adiós muy buenas.
Hoy he conocido al hombre
más alto del mundo y posiblemente del sistema solar. Bueno, no a él personalmente,
que es incognoscible, sino a sus tobillos que están aproximadamente a
1,70 metros de altura, la mía aproximada con alzas, sobre el nivel del mar en
Alicante. Lleva calcetines y en su proximidad su olor se aproxima al de la
lavanda, lo que no deja de ser una novedad, dada la proximidad de sus pinreles.
Su cabeza creo que se encuentra más allá de las nubes, y si está despejado se
la puede intuir prácticamente en la estratosfera con los aparatos adecuados.
Usa una mascarilla de oxígeno, por cierto, lo cual pudiendo ser una banalidad,
puede en su caso ser definitivo para tenerle entre nosotros. Fin.
Elpidio Sánchez Ferragut
fue un marino insigne, que zarpó con su buque y una tripulación de trescientos
marineros del puerto de Palos de la Frontera. Intentaba descubrir América y se
llevó una gran sorpresa cuando a la altura de las Azores fue informado que tiempo
atrás un tal Colón ya la había descubierto y que también lo hizo otro señor
llamado Américo Vespuccio. Todo ello sin contar que los vikingos tampoco les
anduvieron a la zaga, y qué decir de los mongoles cuando atravesaron a pie el
estrecho de Bering muchos siglos atrás. Elpidio no pudo superar su decepción y
se tiró al mar donde fue engullido ipso facto por una manada de tiburones y
otra de ballenas asesinas, dejando a su barco con toda la tripulación al
pairo. Tenérselo o no en cuenta es algo subjetivo.
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