lunes, 8 de abril de 2019

MARXISMO


No provoques al azar. Un determinista debe atenerse al principio de causalidad si quiere que todo salga como tiene que salir por los cojones.


La desubicación de los supervivientes fue debida a la violencia del impacto. De qué impacto se trata ya es harina de otro costal, que los técnicos examinan caso por caso. El ocaso, sin embargo, es otra cosa, dicen.


Queridos alumnos, a partir del día de hoy queda inaugurado un nuevo año mariano. Qué alegría contemplar ante nosotros la virtual indefinición de la tabla periódica de los elementos. Puestos a decir algo, claro está.


Nada es eterno excepto lo que no soy capaz de nombrar pero que está donde ustedes pueden suponer. Y que conste que no voy a mencionar la palabra bragueta por mucho que insistan.


¡El cielo está despejado, el cielo está despejado! ¿Y a mí qué coño me importa que el cielo esté como esté? ¿Qué jurisdicción tengo yo sobre la atmósfera terrestre para pregonar sus excelencias sin su autorización?


¡No tengo manos! Exclamó en un rapto de idiosincrasia autolítica. No hay problema, contesto el otro. Las prótesis hoy en día son superiores a los órganos en sí. Pies incluidos.


El final de la historia fue suficientemente triste para que los deprimidos y los ludópatas insistieran en sus tristezas y adicciones, por lo que hubo que cambiarlo por unos chascarrillos de los hermanos Marx absolutamente marxianos. O marxistas, que ahora no me acuerdo.

miércoles, 3 de abril de 2019

BERILIO/MISCELÁNEA


Hola, soy Edelmiro Gómez Rubiroso. Carpintero, fontanero y especialista en máquinas a vapor, pero en absoluto de Murcia. Construyo fresadoras a granel e isótopos de berilio si ha lugar. Hete pues aquí mi presentación somera, quedando a su disposición para las labores que le sean pertinentes y colaboran a su felicidad, tomada esta como una aspiración discreta. No más. Y llegando aquí solo me quede despedirme y darle los buenos días. O revuar, que dicen los franceses.

Buenos días, soy una señorita de provincias, pero que pude ir a un instituto de enseñanza media en la época de la dictadura, época durante la cual eché unas tetas de aquí te espero. Luego en la universidad de Valladolid con tales atributos todo fue coser y cantar y me licencié en Filosofía y Letras. Creo que los presocráticos no andaban muy bien de las meninges, sin embargo tiempo después un tal da Vinci, que era un hombre muy listo, diseñó unos aeroplanos primorosos capaces de competir con las afamadas alas delta de la actualidad, aunque no con los Boeing 747. Además pintó a una señora muy rara que al parecer hoy está expuesta en no se qué museo muy famoso de Paris. Unos dicen que sonríe, otros que está muy seria y otros que no vale nada. Todo gracias al sfumato. Lo que hay que ver. Y dicho esto me despido. Adiós muy buenas.

Hoy he conocido al hombre más alto del mundo y posiblemente del sistema solar. Bueno, no a él personalmente, que es incognoscible, sino a sus tobillos que están aproximadamente a 1,70 metros de altura, la mía aproximada con alzas, sobre el nivel del mar en Alicante. Lleva calcetines y en su proximidad su olor se aproxima al de la lavanda, lo que no deja de ser una novedad, dada la proximidad de sus pinreles. Su cabeza creo que se encuentra más allá de las nubes, y si está despejado se la puede intuir prácticamente en la estratosfera con los aparatos adecuados. Usa una mascarilla de oxígeno, por cierto, lo cual pudiendo ser una banalidad, puede en su caso ser definitivo para tenerle entre nosotros. Fin.

Elpidio Sánchez Ferragut fue un marino insigne, que zarpó con su buque y una tripulación de trescientos marineros del puerto de Palos de la Frontera. Intentaba descubrir América y se llevó una gran sorpresa cuando a la altura de las Azores fue informado que tiempo atrás un tal Colón ya la había descubierto y que también lo hizo otro señor llamado Américo Vespuccio. Todo ello sin contar que los vikingos tampoco les anduvieron a la zaga, y qué decir de los mongoles cuando atravesaron a pie el estrecho de Bering muchos siglos atrás. Elpidio no pudo superar su decepción y se tiró al mar donde fue engullido ipso facto por una manada de tiburones y otra de ballenas asesinas, dejando a su barco con toda la tripulación al pairo. Tenérselo o no en cuenta es algo subjetivo.

lunes, 1 de abril de 2019

BÚHOS


Estoy muy interesado por el problema de la empatía, esa cualidad, casi virtud, consistente en la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Creo que si verdaderamente fuéramos capaces de ello, la inmensa mayoría de los problemas que nos asaltan desaparecerían con relativa facilidad. E incluso con una facilidad absoluta, casi mágicamente. Porque si lo aceptamos de verdad, si aceptamos que solo somos nosotros mismos accidentalmente, de tal forma que muy pudiéramos ser ese otro que nos preocupa cuando nos cuenta sus dificultades (o sus alegrías, ojo), habríamos avanzado mucho. Un suponer, imaginemos que en plena noche me despierto aquejado de un fuerte dolor de cabeza y aunque enseguida me tomo una aspirina, al cabo de un rato me doy cuenta de que nada, de que el dolor sigue ahí. Y claro, la cosa se complica cuando poco después al echarme agua por la cara e incluso en la cabeza, no hay cambios. El dolor sigue ahí como si tuviera la cabeza aprisionada por una prensa (por decir la primera cosa que se me ocurre). Sin embargo, qué alivio si al poco rato soy capaz de vencer el exceso de prudencia que me contiene, y me atrevo a llamar por teléfono a unas horas tan intempestivas a una amiga, que independientemente del susto que se lleva al principio, me calma poco a poco haciéndome ver que tal hecho suele ser banal, y que casi seguro es debido a una variación de la presión atmosférica (el tiempo está cambiando), o al vasito de vino que indebidamente me tomé con la cena pocas horas antes. Y además se dirige a mí con una voz muy agradable y una tranquilidad que para nada transmite nerviosismo o prisa, que a esas horas serían bastante naturales. Se ha tomado tan en serio mi dolor de cabeza que a los pocos minutos ya me siento mucho mejor y completamente despejado, algo que le agradezco profundamente. Me dice que se alegra de mi mejoría, y que los que nos pasa en general con cualquier problema que tenemos, es que nos ponemos nerviosos y tratamos de solucionarlo de inmediato sin ir a las raíces del mismo o tomárnoslo más al aligera. Luego durante un buen rato casi me da una conferencia sobre la etiología de las cefaleas y las migrañas, que según ella en su origen suelen tener dos desencadenantes: vascular o nervioso. Y que la solución consiste sobre todo en identificarlo. Sigue con los detalles de ambos casos durante un buen rato, y yo, si digo la verdad, me doy cuenta de que empiezo a dormirme. La oigo  como si se tratara de una radio lejana a la que por mucho que me esfuerce no puedo prestar demasiada atención, hasta que finalmente me acuerdo del asunto de la empatía y reacciono vigorosamente. Me digo que no puede ser dejar a tu buena amiga con la palabra en la boca, y reacciono. Así que a las cinco de la mañana, casi una hora después del acontecimiento, me pongo en su lugar y experimento su posible decepción por no sentirse escuchada después de la impagable ayuda que me ha prestado. Me vuelvo a levantar y de nuevo me echo agua por la cara y cabeza para reaccionar  y prestarle la atención que se merece. Hasta que de repente ella sin ninguna transición me dice: “Bueno, cariño, me alegro de que estés mejor. Me duermo. Buenas noches” Y cuelga sin más preámbulos. Yo me siento totalmente despejada, como si estuviera en la cima de una montaña, qué se yo, en el Tirol, o los Pirineos o las cordillera Penibética. Vaya usted a saber, pero el hecho es el hecho Lo cierto es que al cabo de unos minutos me doy cuenta de que padezco un insomnio de campeonato, y tengo otra vez la tentación de llamar a mi amiga y contarle mi nueva situación. Si verdaderamente fuera tan empática conmigo como pareció serlo cuando lo del dolor de cabeza, no tendría que molestarse, aunque al mismo tiempo soy consciente de que eso sería también un abuso de confianza bastante evidente. Son ya las seis de la mañana y me siento incapaz de volverme a dormir. Me he tomado un valium y medio y sigo despierto como un búho. Me voy a repensar esto de la empatía, sobre todo lo de sus efectos secundarios, como en los folletos de los medicamentos, esos que si verdaderamente queremos tomárnoslos, lo mejor es no leerlos en absoluto. Por la ventana empieza a entrar la luz del día. Está amaneciendo. Esto de la empatía va a resultar más complicado de lo que yo suponía. Se lo tengo que decir a mi amiga, a ver que opina. Bueno, visto lo visto, mejor me callo.
     Claro que ahora que lo pienso, lo que acabo de contar eran puras suposiciones y no tienen nada que ver con algo que me haya sucedido realmente. O quizás sí. De noche todos los gatos son negros y nunca se sabe.