domingo, 18 de septiembre de 2016

PROSA PROFANA: escatologías, selvas y otros.



A las cinco de la mañana, Edelmiro Gutiérrez Rendueles, que padecía de insomnio, tuvo un retortijón. Se levantó de la cama, hizo de cuerpo abundantemente y acabó limpiándose el culo con las obras completas de Jorge Luis Borges y Camilo José Cela, ambos premios Nobeles, ensañándose especialmente con este último. Luego pudo dormir como un lirón hasta bien entrada la mañana.


A las cinco de la mañana Antonio Peláez y Peláez tuvo un sueño y se creyó en medio de la selva, donde recordó a su amor perdido, de nombre Jane. Incapaz de soportar el dolor de la ausencia, se levantó de inmediato, salió a la terraza y gritó desaforadamente “Aaaaaaaaah…”, el grito de Tarzán. Nadie le respondió y solo en casa de sus vecinos del quinto piso letra B pudo oírse un comentario muy significativo: “Ya está el hijoputa de Antón haciendo de las suyas…”


Aquejado de estreñimiento crónico, Ulpiano Velásquez Besteiro, tuvo una urgencia en plena noche, que le hizo levantarse y proceder como venía haciendo desde su más tierna infancia. Una vez realizada la operación, se dio cuenta de que un zurullo de proporciones equiparables a la catedral de Burgos, se le había atorado en el recto con el consiguiente padecimiento. Tuvo una idea desesperada y procedió con el desatascador, logrando finalmente una victoria laboriosa,  que hizo que a partir de ese momento, mantuviera con el mencionado utensilio un prolongado romance.


Valerio Gómez Mandargas se despertó en plena noche y pudo observar para su sorpresa que a su lado en la cama dormía a pierna suelta una señora mayor y entrada en carnes, a la que no conocía en absoluto. No la despertó, sabedor de los problemas que tal hecho podía acarrear al sistema cardiorrespiratorio de la interesada. Así que se durmió de nuevo en tal compañía, pero antes tuvo tiempo de recordar que Cesarían su mujer muy pronto cumpliría los ochenta y que, más que gorda, era obesa. Tuvo después un descanso reparador solo salpicado en ocasiones por extraños sueños en los que se veía vestido de carnicero con todo un arsenal de cuchillos de cocina y armas blancas a su disposición.

A las cinco de la maña a la señora Evelina Perez Rubiroso le dio por levantarse de la cama y encerar el parquet de su apartamento, a pesar de no ser de su propiedad. Una vez terminada la faena, que le llevó más de dos horas, decidió que debía limpiar la bandeja de plata y en general todos los metales de su casa, incluida la cubertería, para lo que se empleó a fondo a base de Sidol y Fairy. Luego, con la idea de meterse nuevamente en la cama, tuvo un repente y consideró que estaba harta de todas las figuras, adornos y en general cacharrería de cualquier material de las estanterías, por lo con un martillo de buenas proporciones, redujo todos a polvo y los tiró al cubo de la basura. Al terminar, decidió no acostarse y enseguida salió a la calle cargada de una energía nueva como resultado del reacondicianamiento de su domicilio. Fue consciente, no obstante, de la dificultad de hallar otros trabajos similares las noches venideras, lo que introdujo en su espíritu un punto de inquietud.


jueves, 8 de septiembre de 2016

TABIQUES



Aunque nunca lo dije, tenía la certeza de lo que les preocupaba. Siempre les parecí un niño tímido al que más valía espabilar pronto, si no se quería que con el tiempo llegara a ser un joven raro y un adulto definitivamente desquiciado. Con frecuencia les oía hablar sobre mí desde la habitación de al lado después de comer. Ellos no podían imaginar que pudiera hacerlo porque hablaban intencionadamente en voz baja, pero ya por entonces yo había aprendido una técnica infalible para escuchar las conversaciones a través de los tabiques. Bastaba con poner un vaso con los bordes contra la pared y la oreja bien pegada a su base. No era sencillo y llevaba cierto aprendizaje, pero con el tiempo acabé encontrando un lugar en el tabique donde podía oírles como si hablaran por un altavoz. Normalmente era papá el que solía empezar la conversación, aludiendo a algo que había sucedido durante la comida y de lo que, como no, yo era el desafortunado protagonista. Lo que parecía molestarle más era que hablase poco o que, como mucho, solo comentara algo cuando se me preguntaba directamente, pero el hecho de que jamás tomara la iniciativa le desquiciaba, y a través de la pared podía intuir la cara de mal genio con la que se dirigía a mamá, como si la pobre tuviera la culpa. Ella trataba siempre de echarme una mano, e intentaba hacerle ver que el que yo fuera de pocas palabras no era un síntoma negativo, sino solo una forma de ser. “Es un niño introvertido, eso es todo, Luis”, era su expresión favorita, con la que pretendía calmar a papá, cuyo enfado parecía aumentar según pasaban los minutos, hasta que finalmente daba un puñetazo en la mesa y se levantaba airadamente, momento en el que yo salía por la puerta opuesta, no fuera a ser que me sorprendiera espiándoles.
En algunas ocasiones, para capear el temporal, mamá se ponía de su lado y confirmaba lo que decía mi padre con afirmaciones breves y poco significativas, tipo “sí, claro”, “puede ser”, “eso parece” y otras por el estilo, con las que intentaba desinflarle y que se tranquilizara. Mis otros hermanos no querían saber nada, y normalmente ya se habían ido, aunque era evidente que estaban al corriente y que también ellos me consideraban un bicho raro, pero tenían otras cosas más importantes en las que pensar. En algunas ocasiones,  al cruzarse conmigo me daban pescozones, o hacían una mueca significativa burlándose y queriéndome transmitir que no andaba muy bien de la cabeza (bizqueaban, sacaban la lengua y cosas por el estilo), aunque para no tomármelo demasiado a mal, prefería acabar pensando que eran muestras de afecto que no sabían como demostrarme de otra manera, a una edad en las que todos deberían andar con las hormonas revueltas. Yo era el pequeño y tenía once años, los otros cuatro, todos chicos, andaban entre los catorce y los veinte. La situación con el tiempo se me hizo verdaderamente desagradable, y empecé a urdir estrategias para tranquilizar a todo el mundo, pero sobre todo a mi padre, del que temía que de seguir así, acabaría llevándome a un reformatorio o un colegio para niños retrasados o algo parecido. Pero lo cierto es que no se me ocurría nada, y que, a pesar de todo, yo me sentía bien en aquella familia de seres malhumorados o excesivamente hormonados (excluyo de ambas acepciones a mi madre, naturalmente). Para mí era suficiente escucharles y estar atento a las majaderías que contaban, aunque algunas, todo hay que decirlo, me resultaban muy divertidas. Mi padre era otra cosa, pero también me gustaba oírle contando los acontecimientos de la fábrica donde trabajaba, a los que solía aludir como si se tratara de una tragedia griega, independientemente de que el asunto versara sobre una caída súbita en la tensión eléctrica, que había parado la producción durante media hora, o simplemente de lo difícil que le resultaba hablar con el subdirector por la tremenda halitosis que padecía. Según pasaban los días, sentía que me iba poniendo más nervioso, pues no se me ocurría nada para ser más participativo y que mamá no tuviera que escuchar, día tras día, las diatribas de papá contándole lo preocupado que estaba por mi actitud. Además, de tanto pegar las orejas al culo del vaso, empecé a darme cuenta de que se estaban empezando a poner moradas, lo que pronto iba a levantar sospechas y se acabaría descubriendo mi costumbre, lo que debo confesar que me espantaba, no solo por lo que podían decir de mí, sino porque en algunas ocasiones les oía hablar de otros temas, que sin saber exactamente a qué se referían, intuía que era algo no apto para menores. Por ejemplo, un día mamá muy irritada le dijo a mi padre “¿qué quieres que te diga, Luis? No me apetece, y ya está”. Finalmente se me ocurrió una idea que en principio me pareció genial, impropia de un crío como yo, que no destacaba en absoluto en su clase de los primeros años del bachillerato. Al menos de esta manera, estaba seguro de llenar el hueco que mi oprobioso silencio durante la comida hacía que mi padre se saliera de sus casillas. Así que un día me decidí a tomar la palabra entre el primer y segundo plato, cuando papá empezaba a dar síntomas de agitación ante mi mutismo. Ante el asombro de todos, me levanté y dije elevando la voz: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga en antigua, rocín flaco y galgo corredor…”. Y así durante dos minutos durante los cuales todos me miraron con cara de perplejidad, que en mi padre era simplemente de estupor, de tal manera que al terminar mis hermanos me aplaudieron, mi madre me miró con emoción y mi padre se levantó de la mesa temblando y no volvió a aparecer. La verdad es que no supe como interpretar correctamente sus reacciones, y solo cuando el jolgorio de mis hermanos rompió el silencio que se había establecido, supe que algo no encajaba en la situación, lo que a su vez me dejó tan preocupado que me limité a encerrarme en la habitación sin emplear ese día el vaso ni el tabique, después de que mamá me pasara una mano por el pelo y me llamara “mi amor”, como hacía algunas veces.
Quizás el fracaso había consistido en que no había elegido el libro adecuado, aunque es verdad de que no tenía demasiadas opciones, pues en casa tampoco había demasiados. Días después, sin embargo, me atreví a reiniciar mi táctica, y a los postres, después de anunciarlo, les recité algo que había encontrado en un librito casi escondido detrás de los otros y que decía así: “Fabio, las esperanzas cortesanas, prisiones son do el ambicioso muere y donde al más astuto nacen canas. El que no las limare o las rompiere, ni el nombre de varón ha merecido, ni subir al honor que pretendiere…”. No pude terminar, mamá se echó a llorar y papá permanecía demudado en su silla sin pestañear. Mis hermanos esta vez se mantuvieron en silencio, porque cuando uno de ellos intentó reírse, papá le echo una mirada fulminante que le hizo cerrar la boca de inmediato. Permanecimos así un buen rato en el que nadie dijo ni una sola palabra, hasta que papá se dirigió a mí con una cara que me emocionó, porque nunca le había visto llorar, y dijo “Ya, dulce amigo, huyo y me retiro de cuanto simple amé; rompí los lazos. Ven y verás al alto fin que aspiro, antes que el tiempo muera en nuestros brazos”. Todos lloramos durante un buen rato, aunque si debo decir la verdad, yo no entendía nada.



jueves, 1 de septiembre de 2016

CONDESPORAS SIN 4



VOLGA? NORA NORA BANDA YET

VOLGA VOLGA RUR VELOSKY

CARRASPE BANDA ARF PUMBA

UNDETO BUSCA ELOP PODERO

CRAS CROS UNDELA MANGA

ZETROSA UNDE MERA ALDAN

SEEIJA LAMO TRAS ESPONI

RULA HEMOTA GRUS KIKRAS

BORJA NUP ADENDI RESTA GLOP

MALESZA ZASLA NEPE TREPA

UNDELO ENEPE TRES PEROTENO

CATRA MIRGU ULMU REBLO

NELOTI BERGE AFISATE UNDA

AMPERA MANTACI HORMA ÑU

OSPANDO BRANDE BRANDERA FIS

ITARI  ELDEPU YES PRONO

ANDA HANDE SPOT PRONORA

QUOS CASQUE CULAN PIT

PATES CAVOS MERGULO CEBER

INDRA NOPE SARASATE BENGASTE

VELA MOTORA MOTORA MOTORA NOP

HERMINOSA ELPE ACUYÁS BONGE

BRASCA NOS ÑANA PEDLATEN.

CONDESPORAS SIN 3



KALERA VULGA RASCAYOP FOSCA VERA

BASTI FRONDO ER MONDO CENA

AMERA NAP ELADI VERUM LONGUE

BERGA VERGA VER SORPA TACTE

MOLENDO ASPE FRISCO ZISCO MURA

ELEPATEM MUSCA MER LETA PAL

FRANDE BES NIP NOREPI NOSTAN

RASCATI BOLENDI ES PERONO ESPATU

AQUA BELONDI DI PACÁ NIPALLA UR

TOLA VEGA BASTE BOSTE FORUM FILATIS

NISCO TORRENDO IP IP HATTORI

PILBA BOLANDE PRONO FALLENDE O

VALGA VILGA NOVELGA PSI ENSALLE

ERPE LABERA NAR PERONO TANTUMER

ULPANP BORENDI BIS FRAS FRES EPE

MECONDRE ISPAGÚ AN YUCA TANTAN

ÑERA ÑORO BELGA ZICA JATURA

CONGA ZIZZAS TOP MERCA VETRUSA

BELENDI ARASPO ER PRONO IR.



CONDESPORAS SIN 2



LAMBA NESCA TRUSKA VOLGA

FOSCA ES PAS EPARISI POR

ELA? MUSKA YOP NARPE ETURA

VISCA MORENGA NO ZAS ZAS

IRNA VERONGA ELA YEPA OP

ETA ETA NOP ES KENO

YAGA ELOGUI VERILLA PORE

VOLGA EMERTA CESÁREA SPQER

BIRGO NOP VASINA BRAS VULPA

AIAI ECE STROPA LECHA POR

YUPO NORELO STRONCIO NURSE

PAPA VERA NOP NOP UPA

BERGI CIPOSKI GLO BARTIS VERA

BURGA BERGA ESMINLE CHORI TRAS

KISA ALER CARASCA TOPUS DOS

NIPA ACERA ALETE KRASKU PERO

DOBA FULMA: LALA GRENADAS LA

IGNA FRODO CASCO BORONGUI UPA

EQUA NILA TROPIS EQUA NOR

URBE RUSKA ZASKA BANDRA BOLENE

VARGA BILGA NERUNA ESPI ELE

MASQUE VENICE PONTE REMUS OLE.

CONDESPORAS SIN



LURA NO EMANTENA APRAC.

FRESCA SINMOTO PIRETAVO YA.

ELBAPURTEN NAVETI BOLGASKE YA

TRESNO PLEIS BUTSIT NOJOS.

LIMINE ANDRUVO KA TE MI DO.

UANSMO LAGOR COMERA NISPOR CHUR.

BRASCA BRESCA SINOR BELONIS RASMÓN.

SINAMBAR NABLA DOFONES RODASQUE YA.

SINUTI LIUS TOMBAES ECURIA MOL.

¿FRUCA? ¿TRASCA? ¿MRESCA?: PES.

BRANBALAMINO BEGOTE LAMINO LECHU ES.

NOJISTE SIPANDAN AN NEVADELES.

LORASMA NA ORGUNA LESCE ESATE NO PEROTE.

LATAN NOSÉ PATA TAMPÓN GREC.

EMOSCA TARITA ASIERU APÉN.

OSTRETA GUINATA WRUSCANO CANRE.

NIL NOL MÉ XAISTE RIUARRABE PRAFEN.

TACURTE LE GUEVANES SI ARAL ROTE.

CANDOPRO SROSHE NETUPE ISTOISA?

TOSI ABRÁ LLEEND PURSATE ALFÓN.

SENTA YESPARANO BARRESCA DALES.

KESAPE DUNAVES KEKE YAYERA OSE.

CONDESPORAS



SINOPIO PARETERO PALMATRACA.

LAPARTA NA AMARUSA NO RESPUNGA.

CRUZATE NECOMA NO PEROÑU.

ZRUSCA DIJOQUE LEGUERO JAMASTE.

LANFALE RISPORA SIN RESTALLO FIN.

LASCALLUSCA PUMPUM LUCO LAPARTE.

BROSCA DIJO PERALQUE CATAPULTA.

NONESCANE PORE QUISATE SÍ.

DIALOS FINSE EMBUCA MERETOX.

BOLGA BILGA LADEMUS RAENUS SILUZIO.

NAGALA BEGA CAMPRANA FINLA.

MAGANES LABEGA FROSCAYA DUCA.

MROSCAFORA FRISCA BASTO PROMINE.

PASERRA MIRA RESFLO ALCANKATROS.

SEQUETA LLATO FURTO LEGUEROCA.

ZIDIJONE SIMBAR LASCOCOFA TE.

BERGA OLLATIN YAQUE SONICA É.

¡GLAMBA APURSE PRT NINCA BROS!

GORRENA CAFRUTA LLATE PRAFÓN.

¿DESASDÍ FER A PATRUSNA DO DO?

LEJYOS SELEVA BURARESÍN ALÓ

DRUROFASUSTE PETRUVA SANPETERA.

FRONLEAFAN.